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Payasas en el aire: la risa como vehículo para abrazar lo esencial

Fuente: LA NACION
Gabriel Isod
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25 de mayo de 2018  

Buena / Dramaturgia: Síndrome de Eureka / Intérpretes: Mirna Cabrera, Florencia Pineda, Julia Nardozza, Florencia Patiño, Florencia Orce / Música: Federico Patiño / Coreografías: Gabi Goldberg / Escenografía y vestuario: Gerardo Porión, Clara Hecker / Dirección: Rubén Segal, Gabi Goldberg / Funciones: viernes, a las 22.30 / Sala: Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543 / Duración: 60 minutos.

Toda obra de teatro propone un viaje, salirse momentáneamente de la realidad para habitar coordenadas espaciales y temporales distintas de las cotidianas. A esta altura, el colectivo Síndrome de Eureka hace literal esto: el arco narrativo se desenvuelve según los pequeños rituales de viajar en avión. Desde la inspección previa al ingreso hasta el particular aterrizaje, todo estará guiado por cinco azafatas que, con el correr de la obra, harán sospechar al público que algo más que un traslado está en juego ahí.

El espacio consta de cinco arquetípicas mesas de personal de a bordo. Rápidamente, la cuarta pared está rota y el código está establecido: el público hace las veces de pasajero, las azafatas lidian entre un déspota piloto inmóvil y la platea. Las coreografías de Gabi Goldberg aciertan en buscar más el registro actoral que el lucimiento técnico. Si el espacio aparece despojado, es tarea de las cinco intérpretes llenarlo. Para eso, apelan a un buen uso de la técnica del clown, juegan desde la exposición con sus propias falencias y saben compartir la risa que esto genera. El equívoco, la veta absurda, el lugar común revisitado, son algunos de los recursos que aseguran la diversión, aunque quizás haya una excesiva recurrencia al grito y a la desorganización circunstancial en los episodios de turbulencia. Esto no quita que haya momentos de belleza poética, como un avión de juguete que corre de lado a lado del escenario y que hace sentido con ese espacio idílico de la niñez, cuando se jugaba a que eso, en verdad, volaba. El hilo que organiza la serie de cuadros es la historia fatalista de los vuelos de la compañía Air Boom. Con el correr de los minutos, se establece que es muy probable que ese viaje sea el último y se busca un registro más intimista, se explora la zona interior del payaso a partir de un muestrario de sueños postergados y despedidas imaginadas.

La compañía Síndrome de Eureka reafirma aquí una ya extensa trayectoria que tiene siempre al humor como estandarte. Constituyen un grupo sólido de trabajo en el que lo coral se impone por sobre lo individual. El despliegue físico consigue ocultar ciertas debilidades del texto, aunque su metáfora es siempre clara y potente: el viaje propuesto es, en definitiva, el viaje de la propia vida, ese que en ocasiones parece ser manejado por piloto automático. La risa que se produce es, también, una invitación a abrazar con fuerza los momentos, a recordar con intensidad todo lo que implica estar vivo.

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