Política contra la inflación: ¿algo para aprender?

Juan Carlos de Pablo
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27 de mayo de 2018  

Pese a los manifiestos deseos del Poder Ejecutivo, la tasa de inflación no está bajando en nuestro país. La Argentina padece inflación autóctona, separada de la mundial, desde 1948, y puso en práctica alrededor de una decena de programas antiinflacionarios. ¿Qué podemos aprender de nuestra propia experiencia que resulte útil para eliminar, o al menos morigerar, el aumento sistemático del nivel general de los precios?

Al respecto conversé con el norteamericano Earl Jefferson Hamilton (1899-1989), quien pasó tres años en España recabando información en el Archivo de Indias para su tesis doctoral titulada Historia de la moneda y de los precios en Andalucía, 1503-1660, en la que documentó la dependencia del nivel de precios, de la cantidad de metales preciosos.

-¿Qué surgió de su investigación?

-Que la causa principal del incremento en los precios en Europa durante los siglos XVI y XVII fue la llegada masiva de metales preciosos, en especial plata, procedentes de los dominios españoles en América. Gráficamente pude comprobar cómo la curva que muestra el aumento de los precios coincide totalmente con la que indica la llegada de nuevas remesas de plata a las arcas españolas.

-Notable validación de la teoría cuantitativa del dinero...

-Efectivamente, en este caso es claro que la relación causal fue de dinero a precios. A propósito, Oreste Popescu documentó el origen indiano de la referida teoría, claramente expuesta en los documentos escritos por integrantes de la denominada escuela de Chuquisaca.

-Sobre la intensidad del aumento de los precios, sus cálculos resultaron sorprendentes.

-Así es. Según mis estimaciones y las realizadas por Don Paarlberg, la inflación española que resultó del descubrimiento del Nuevo Mundo promedió el 1,4% anual durante el siglo XVI y nunca superó el 15% anual, por lo cual, como bien observaron Stanley Fischer, Ratna Sahay y Carlos Alberto Vegh, las hiperinflaciones son un fenómeno del siglo XX.

-Los argentinos tenemos vasta y frustrante experiencia en materia de lucha contra la inflación...

-Los principales programas antiinflacionarios fueron implementados a partir de 1952 (Alfredo Gómez Morales), 1959 (Álvaro Carlos Alsogaray), 1967 (Adalbert Krieger Vasena), 1973 (José Ber Gelbard), 1979 (José Alfredo Martínez de Hoz), 1985 (Juan Vital Sourrouille) y 1991 (Domingo Felipe Cavallo).

-¿Qué características tuvieron esos programas?

-Fueron todos de shock, al comienzo tuvieron éxito, ninguno fue eterno y -con excepción del de 1959- no solo no fueron recesivos, sino que reactivaron la economía. En la Argentina no hay ejemplos de exitosos programas antiinflacionarios gradualistas. Los implementados por Martínez de Hoz, en 1976, y por Bernardo Grinspun, en 1984, tuvieron que ser reemplazados por esquemas más contundentes.

-¿Cómo fue que casi todos los programas antiinflacionarios fueron reactivantes?

-Porque le devolvieron a la población la credibilidad en los gobiernos de turno. La tendencia al equilibrio fiscal reduce parte de la demanda agregada de bienes, pero la expectativa de que la realidad económica se encarrila hace que la población aumente sus gastos financiándolos con recursos propios y el crédito.

-¿Qué tenemos que aprender de todo esto para aplicar en 2018?

-Primero, que la decisión de llevar adelante un programa antiinflacionario eficaz la precipita un buen susto. Cuando se lanzó el Plan Austral la tasa de inflación era de 1% por día. Al comparar lo que los argentinos no pudieron hacer en 2001 con lo que terminaron haciendo en 2002, un exministro de Economía de su país declaró: "El pánico disciplina".

-¿Por qué los éxitos iniciales no se pudieron mantener a lo largo del tiempo?

-Porque la porción ortodoxa de los programas se aflojó en cuanto desapareció el susto que había llevado a su aceptación. A propósito: con diferencia de un par de semanas, a mediados de 1985 la Argentina e Israel lanzaron programas antiinflacionarios técnicamente muy parecidos. En Israel la inflación desapareció desde entonces, porque ellos cuidaron más que ustedes las políticas monetaria y fiscal.

-¿Sobre la base de qué causa de inflación se diseñaron los programas antiinflacionarios?

-Nadie que diseñe un programa antiinflacionario pregunta cuál es la causa de inflación que está operando, sino que ataca todas simultáneamente. Contra lo que sugieren los modelos económicos más simplificados, al responsable de la política económica nunca le sobran instrumentos; más bien le sobran objetivos.

-¿Alguna vez la Argentina volverá a luchar contra la inflación?

-Según la historia, sí, pero cuando la tasa resulte social y políticamente intolerable. John Maynard Keynes decía que no había nada peor que un mal aguantable, agregando que si las moscas fueran tan peligrosas como los leones hubieran desaparecido hace siglos. Ojalá no haya que esperar tanto, pero habrá que ver.

-¿Algo más?

-Sí, decididos a luchar contra la inflación, háganlo con un programa consistente y realista y aplíquenlo de manera permanente. No se trata solo de bajar algunos kilos, sino de mantenerse en el nuevo peso.

-Don Earl, muchas gracias.

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