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La frutilla de medio año de ineptitud diplomática

Nicholas D. Kristof
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25 de mayo de 2018  

Las relaciones de Estados Unidos con Corea del Norte ingresan ahora en una etapa aún más peligrosa. Al cancelar su reunión con Kim Jong-un, el presidente Donald Trump le puso la cereza a un período de particular ineptitud diplomática. La política previa, de máxima presión económica sobre el régimen de Pyongyang, tal vez ya no sea viable, así que el riesgo es que Trump termine usando su caja de herramientas militares.

Como tarde o temprano lo entendieron todos los presidentes norteamericanos desde Richard Nixon -salvo Donald Trump-, las opciones militares son demasiado costosas desde todo punto de vista. Y más aún hoy en día, cuando al parecer Corea del Norte tiene capacidad de usar armas nucleares, químicas y biológicas contra Seúl, Tokio, y tal vez Los Ángeles. Pero los oficiales del Pentágono parecen sumamente preocupados de que Trump no lo advierta y de que tenga un gusto por la política de riesgo controlado muy similar al de Kim, hasta el punto de generar el riesgo de un cataclismo.

Al parecer, Trump canceló el encuentro tanto por las recientes declaraciones beligerantes de Corea del Norte como porque iba quedando cada vez más claro que Kim no tenía intenciones de entregar sus armas nucleares en lo inmediato. Existía el riesgo político de que Trump quedara como un tonto si llegaba a un acuerdo general que fuese mucho menos significativo y costoso que el que acaba de romper con Irán.

La carta de Trump deja abierta la posibilidad de que el presidente surcoreano, Moon Jae-in, figura crucial en este proceso de paz, logre juntar los pedazos rotos para que la cumbre pueda realizarse más adelante este año. El riesgo es el de estar nuevamente en un plano de confrontación.

Esperemos que Corea del Norte responda la carta en los mismos términos mesurados y calmos. Pero nadie que haya apostado a la mesura norcoreana salió ganando. Corea del Norte podría decidir generar una nueva crisis, tal vez realizando una prueba misilística o una prueba nuclear en la atmósfera. Si esa prueba nuclear se realiza en el Pacífico Norte, la radiación podría llegar a Estados Unidos y ser tomado por Washington como una provocación.

Del mismo modo, Estados Unidos podría responder a las nuevas tensiones con el envío de bombarderos B-1 cerca de las costas norcoreanas. Si Corea del Norte desplegara aviones o disparara misiles antiaéreos, la escalada militar podría ser inmediata.

Así que cuidado. Puede ser una carrera mortal, con Trump y Kim al volante, y todos nosotros en el asiento trasero.

En cualquier caso, a Trump le será difícil retomar su política de estrangulamiento económico del régimen de Pyongyang. Calladamente, China ya relajó sus sanciones y Corea del Sur tal vez tampoco tenga estómago para endurecer las suyas. En los últimos meses, Kim se reunió tanto con el líder de China como con el de Corea del Sur, construyendo lazos y reduciendo el aislamiento de su país, y lo más probable es que continúe con su acercamiento a ambos países.

Algunos republicanos han elogiado la política diplomática de Trump hacia Corea del Norte, y mucho se ha hablado de hacerlo merecedor del Premio Nobel de la Paz. Eso fue siempre una ridiculez, y su política hacia Corea del Norte, de hecho, no es más que una confirmación de su ineptitud.

Lo que realmente pasó es lo siguiente. La retórica ultranacionalista de Trump no intimidó demasiado a los norcoreanos, pero dejó aterrada a Corea del Sur, que teme convertirse en el daño colateral de una nueva guerra de Corea. Así que el presidente Moon usó astutamente los Juegos de Invierno para llevar adelante una cuidadosa misión de paz para acercar a Estados Unidos y Corea del Norte, elogiando a ambos bandos para lograrlo. (Moon es una adulador de Trump de primera clase, y otros líderes del mundo han advertido su éxito.) Fue algo encomiable de parte de Moon: es él quien genuinamente debería tener chances de ganarse el Nobel.

Sin embargo, fue un error que Trump aceptara rápidamente la idea de una cumbre sin ningún preparativo cuidadoso. El riesgo de comenzar un proceso diplomático con una cumbre es que si las negociaciones fracasan en lo más alto, entonces es muy difícil recomponer las cosas en un nivel inferior. Eso es precisamente lo que terminó sucediendo, y esa dinámica crea un riesgo de conflicto militar como nunca.

A la hora de analizar los riesgos futuros, los comentaristas a veces señalan que Kim es sensato y no quiere suicidarse. Pero los actores sensatos suelen tomar espantosas decisiones. Saddam Hussein no era suicida, tampoco lo era George W. Bush, pero la actuación de ambos en Irak fue catastrófica.

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