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Un alejamiento que se puede traducir como el fin de una etapa

Mariano De Vedia
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25 de mayo de 2018  

Polemista nato, de fuertes convicciones y exponente de una visión de la Iglesia más apegada al peso de la doctrina que a la renovación pastoral, el arzobispo Héctor Aguer es una de las voces del pensamiento cristiano que más ha participado de debates públicos en los últimos 25 años.

La presentación de su renuncia, motivada por las normas canónicas que lo impulsan a alejarse del ministerio episcopal activo al cumplir 75 años, representa un guiño y una oportunidad para el papa Francisco. Le abre la puerta para extender el soplo renovador que desde hace cinco años le imprime su pontificado a una arquidiócesis marcada tradicionalmente por su apego a posiciones más conservadoras en lo doctrinario.

Más allá de los nombres que se barajan para su sucesión -desde el arzobispo Víctor Fernández, el exrector de la UCA que interpreta como pocos el pensamiento de Francisco, hasta el mismo obispo de San Isidro y presidente del Episcopado, Oscar Ojea-, distintas fuentes eclesiásticas estiman que no sorprendería que el Papa renovara con aire fresco la impronta de la Arquidiócesis de La Plata.

Aguer condujo durante 18 años la sede episcopal, que conservó el estilo de los sucesivos arzobispos Antonio Plaza, Antonio Quarracino y Carlos Galán, que enhebraron una tradición apegada al cuidado de la doctrina, en tiempos en que el universo eclesiástico transitaba caminos que hoy muchos sectores de la propia Iglesia -con Francisco a la cabeza- aconsejan superar.

Por su formación, carácter y temperamento, Aguer se mostró muchas veces como la voz de la Iglesia en debates públicos sobre moral y salud sexual reproductiva, lo que lo enfrentó a sectores políticos y sociales en debates sobre el aborto, la homosexualidad y el matrimonio igualitario. En muchas ocasiones, incluso, no duda en hablar y escribir en términos extremadamente directos, como cuando hizo referencia a "la cultura fornicaria" y la masturbación.

En el Episcopado reconocen que Aguer "no se aparta de la doctrina social de la Iglesia en materia de sexualidad y moral", pero muchos no comparten su lenguaje y estilo confrontativo, que pone a la Iglesia en posturas a la defensiva.

Al margen de que se espera que siga en funciones unos meses más -en la propia sede platense estiman que continuará hasta agosto o septiembre-, nada indica que, una vez designado arzobispo emérito, pase a cuarteles de invierno.

Aguer y Bergoglio no solo coincidieron entre 1992 y 1998 como obispos auxiliares de Buenos Aires, antes de que el actual papa se convirtiera en el sucesor del cardenal Quarracino. En la década del 80 ambos fueron sacerdotes en la diócesis de San Miguel: Aguer era rector del seminario y Bergoglio, superior provincial de los jesuitas. Si bien los estilos y las concepciones son diferentes -uno expresa la distinción episcopal como la llegada a una cumbre y otro, como la profundización de un servicio-, el conocimiento entre ambos es profundo y eso explica que intercambien cartas manuscritas.

Esta semana, Francisco designó arzobispo de Mendoza a monseñor Marcelo Colombo, obispo de La Rioja e infatigable impulsor de la causa Angelelli, el mártir de los pobres. Un nombramiento que ratifica la línea que el Papa pretende consolidar en el Episcopado.

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