El riesgo de devaluar la palabra

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
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26 de mayo de 2018  • 11:50

Los rumores que helaron con un sudor frío la espalda del campo acerca de la suspensión del cronograma de reducción de los derechos de exportación a la soja colocaron al Gobierno cerca de devaluar algo más preciado que la moneda: la palabra.

En octubre de 2016, cuando el presidente Macri anunció que no iba a cumplir la promesa de campaña por la cual iba a bajar cinco puntos porcentuales al año las retenciones a la oleaginosa prometió un esquema de baja parcial de 0,5 puntos que iba a regir a partir de este año. Un decreto posterior no hizo más que ratificar ese anuncio.

Tras la crisis cambiaria y la decisión del Gobierno de "acelerar el gradualismo", en algún despacho oficial -Jefatura de Gabinete o Ministerio de Hacienda- resurgió la propuesta de suspender ese cronograma. La propuesta estuvo sobre la mesa de las decisiones. Y aunque tras la reunión de los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere , se informó anteayer que no iba a haber modificaciones en la baja prevista, lo cierto es que la idea todavía no ha sido archivada por completo.

Lo sorprendente de esa intención es que se estuvo a punto de llevar adelante pocos días después de que el presidente Macri diera una definición precisa sobre lo que significan las retenciones: un pésimo impuesto que castiga a las exportaciones que es, justamente, lo que la economía necesita. Aunque utilizó un ejemplo de la minería, explicó que al bajarse los derechos de exportación aumenta la producción y el fisco termina recaudando lo mismo o más que antes.

La suspensión del cronograma ponía en jaque el vínculo que el propio Macri había establecido con el campo al definirlo como el "motor de la economía". Una de sus bases de sustentación en el triunfo de Cambiemos en las elecciones presidenciales de 2015 fue justamente la región pampeana. No por la influencia política de los productores -que claramente no la tienen- sino por su exhortación a vivir del trabajo, el esfuerzo, la creatividad y el espíritu de emprendimiento. Estos valores son los que predominan todavía en gran parte de los pueblos y pequeñas ciudades del interior.

Por supuesto, un nuevo relato del pragmatismo podría argumentar que es momento de poner el hombro al país, que "todos tienen que ceder un poco", que el Gobierno otorgó algunas medidas en favor del sector o que la devaluación del peso ya le trajo una mejora competitiva a la producción. Son todas explicaciones de corto plazo. En la raíz, en cambio, significa devaluar la palabra, que para el campo sigue siendo crucial.

Otra curiosidad de la intención de frenar la rebaja de las retenciones a la soja era que Dujovne, en su calidad de ministro coordinador, les solicitó a sus pares de gabinete propuestas para bajar el déficit fiscal. Lo que se lleva el Estado por retenciones es riqueza generada por los productores.

Como responsable de Agroindustria, Etchevehere integra esa mesa, pero debería ser el único que está en condiciones de decirles: "Señores, reduzcamos la presión fiscal, equilibremos la moneda y fomentemos el comercio que los dólares van a venir por mi lado".

El caldo de cultivo para impulsar la medida no se ha apagado. Entre la exhortación de la diputada Carrió al campo que debía vender la soja para que entraran divisas y la definición de un economista respecto que la "soja no da trabajo" voluntaria o involuntariamente ya se estaba preparando el terreno para meterle otro manotazo a la producción.

Con la torpeza que cometió el Gobierno en hacer trascender una medida que finalmente no adoptó se provocó un daño entre quienes tienen que tomar decisiones para producir en un momento crítico tras la dura sequía que significó la pérdida de 30 millones de toneladas de granos, entre soja y maíz. Según evaluó la Bolsa de Comercio de Rosario, eso significó una pérdida de ingresos para la producción de 7500 millones de dólares. La caída de las cotizaciones de la soja, el trigo y el maíz de anteayer no fue neutra. Quien se dispone a sembrar trigo ahora, también evalúa en su plan de producción el siguiente cultivo. Sin previsibilidad no hay negocio posible.

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