Francotiradores virtuales: el primer rival de la selección ya tiene nombre

Román Iucht
Román Iucht MEDIO:
La caricatura de Sampaoli, realizada por el papá de Nahuel Guzmán
La caricatura de Sampaoli, realizada por el papá de Nahuel Guzmán Crédito: Jorge Guzmán
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25 de mayo de 2018  • 11:12

Certero como un pase de Modric, así de profundo fue el golpe del "Papu" Gómez a Biglia, que lo hizo retoceder mil casilleros en su proceso de recuperación de su lesión en la espalda. Sin embargo, el tibio y lejano pedido de disculpas vía Instagram chocó tanto o más que el rodillazo en concreto.

Doloroso como un gol de Iwobi, así de conmocionante resultó para el grupo la lesión de Sergio Romero y su traumática desafectación del plantel. Aún con esa angustia generalizada, lo que cayó como un mazazo fueron los comentarios en Twitter de su esposa agraviando a nadie en particular y por lo tanto a todos en general.

Chocante como una aparición de Sigurdsson, así de extraño fue para Nahuel Guzmán su alejamiento de "la lista", cuando luego de estar varios días en el país viendo que no era parte de los adelantados que trabajaban en Ezeiza, confirmó con la oficialización de los nombres lo que presumía sería una mala noticia. Así y todo, a pesar de la lógica tristeza, el protagonista fue su padre y la imagen que recorrió los medios fue la caricatura de Sampaoli con una chomba de la selección chilena y una careta en su rostro.

Ni Islandia, ni Croacia ni Nigeria. Antes de que la bola se ponga en movimiento, la selección descubrió un insospechado rival previo.

Cualquier personaje notorio, no notable, en estado de emoción violenta delante de un teclado y con una red social en sus manos, es un francotirador.

El dolor de Maradona en 1978 seguro no difiere mucho del que habita en Lautaro Martinez. La desilusión de Miguel Russo y Ricardo Gareca en 1986 probablemente haya sido parecida a la que hoy atraviesa los cuerpos de Enzo Pérez y Fabricio Bustos.

Es imposible dimensionar el dolor de cada sueño mundialista frustrado. Es atrevido caer en la expresión "si me tocara estar en ese lugar". No se puede. Hay que vivirlo y en todo caso sufrirlo. Hay historias de vida potentes en cada jugador y una ilusión que se extiende a todos los afectos que palpitan alrededor del protagonista. La bronca es lógica y proporcional al deseo. La decepción es entendible y la descarga una especie de catarsis. La tristeza por no alcanzar el sueño es imperecedera.

Sin embargo, un nuevo actor forma parte de la escena contemporánea. Las redes sociales emergen con inusitada vitalidad y se transforman en carne de cañón ideal para todos aquellos que eluden lo específico y elijen lo vulgar. La queja se vuelve noticia y actores periféricos asumen un lugar protagónico desplazando incluso a los verdaderos damnificados. Un comentario despechado, una pregunta en forma de sospecha o una acusación directa son el condimento perfecto para una sociedad entrenada para pensar mal y adicta a las teorías conspirativas.

En un grupo que busca fortalecerse a escasas tres semanas del comienzo del gran objetivo, cualquier bala perfora el blindaje. En horas en las que la búsqueda de armonía es esencial para el grupo, los misiles cercanos sacuden la calma más que cualquier otro.

Cualquier personaje notorio, no notable, en estado de emoción violenta delante de un teclado y con una red social en sus manos, es un francotirador.

Ya sería hora de empezar a saber que elementos pondrá en la balanza el entrenador para elegir entre Caballero y Armani. Ya es bueno poder imaginar de qué manera buscará quitarle la pelota a las potencias que pueden aparecer en el transcurso de la competencia. Resultaría saludable ir descubriendo como hará el equipo para disimular la evidente falta de recambio en un lugar sensible del campo como es el eje, a la hora de pensar en recuperadores, más allá de las capacidades que poseen Biglia y Mascherano.

Nada que sea prohibido será natural, pero moderar el uso de la tecnología puede ser una sabia decisión. Para los protagonistas y sobre todo para los voceros. Por ahora el ruido gana por goleada. Se habla más de redes que de juego. El idioma de los seguidores supera al de los hinchas.

Impensado, pero a tono con los tiempos modernos, el mundo virtual es, hasta aquí, el rival más peligroso para la selección.

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