Cecilia Alemani: "Buenos Aires tiene mucho potencial, es como Nueva York en los años 60"

Cecilia Alemani, curadora del High Line de Manhattan y del programa Art Basel Cities: Buenos Aires Crédito: Gentileza Art Basel Cities
25 de mayo de 2018  • 18:29

Es un secreto que promete revelar en agosto. Por ahora, para proteger el trabajo de los artistas, sólo accede a adelantar que hay espacios que nunca antes alojaron una obra de arte entre las locaciones que formarán el circuito de Art Basel Cities: Buenos Aires, del 6 al 12 de septiembre próximos. Y que permitirán redescubrir el entorno desde una nueva perspectiva.

"La ciudad es la misma, pero el arte te permite ver la realidad con otra lente, con otros ojos. Puede ser una lente política o estética, pero es un filtro que hace posible ver la realidad de una forma distinta", dijo a LA NACION Cecilia Alemani, curadora del High Line de Manhattan y del flamante programa impulsado por Art Basel. Debutará en la Argentina con el título Rayuela y artistas argentinos y de otros países, como Maurizio Cattelan.

"El título se refiere a la novela de Cortázar pero también al juego, que pertenece a muchas culturas diferentes desde tiempos muy antiguos", explicó la curadora italiana antes de dialogar en el auditorio de arteBA con Alejandra Aguado sobre cómo cambia nuestra experiencia del arte cuando se lo exhibe en espacios no convencionales. "La rayuela es una muy buena metáfora de cómo la audiencia va poder experimentar la ciudad, saltando de un barrio al otro -agregó-. A diferencia de cuando va a un museo, donde hay que ir de una sala a otra y hay una narrativa impuesta."

-Es algo que no podés hacer en el High Line, porque es lineal.

-Exactamente. El High Line es un ambiente muy limitado, aunque es al aire libre y vienen ocho millones de personas por año. Pero a diferencia de un museo, donde entrás y sabés que vas a ver arte, en el High Line no necesariamente sabés que es arte. Venís por la naturaleza, por las vistas, y cuando ves arte, usualmente te detenés y tenés un encuentro que puede ser inspirador, molesto o dejarte indiferente. Pero creo que ese diálogo cercano muestra la importancia del arte público. En Nueva York es muy difícil sorprender a la gente. No es que tengamos la intención de escandalizar, pero a veces pensamos que algo puede ser muy controvertido y no pasa nada. Están muy acostumbrados, y más con las redes sociales, la televisión, la publicidad.

-Además Nueva York es una de las principales capitales del arte del mundo.

-Sí, y ves arte contemporáneo público por todos lados. Acá es más tradicional: hay monumentos de bronce, próceres a caballo.

-En los últimos años hubo un boom de performance . ¿Eso cambió la relación del público con el arte?

-Creo que sí. En el High Line hacemos performances y ésa es la parte más gratificante, porque no tenemos un escenario y una audiencia sino que es más fluido. Veo cómo la gente reacciona, es muy refrescante. Cuando ven por ejemplo una performance de Marina Abramovic en un museo hay más distancia, porque saben que es una performance. No quieren participar, es intimidante, hay un poco de miedo. En el High Line, como es un espacio muy público, participan. Porque tienen un sentido de pertenencia y consideran que si está ahí, es para ellos.

-¿Querés que pase eso en Buenos Aires?

-Para mí es la ciudad es una tela asombrosa para trabajar. Encontré locaciones fantásticas que no habían sido usadas para el arte.

-¿Y no las podés revelar?

-No. Es un viaje por la ciudad que comienza en La Boca, pasa por la Costanera Sur, Puerto Madero y termina en Palermo y Recoleta. Aunque no tenés que experimentarlo de esa manera; es mucho para ver en un día. Pero me interesaba mucho seguir el río. Me sorprendió que, como dijo Le Corbusier, Buenos Aires le da la espalda al río, a diferencia de muchas ciudades europeas que se desarrollaron al mismo tiempo. Quise seguir ese cinturón en el que la ciudad se encuentra con el agua. Hay varios proyectos que tienen que ver con esa relación, como el de Eduardo Basualdo. En varias de las locaciones la gente no ha estado nunca, y hay algo de pérdida de esa distancia entre el agua y la tierra que es muy inspirador.

-¿Considerás que Buenos Aires necesita más arte contemporáneo en el espacio público?

-Buenos Aires tiene una escena artística asombrosa y desearía pasar más tiempo aquí para conocer más artistas. He trabajado con muchos argentinos; creo que hay mucho potencial en la atmósfera local. Es como Nueva York en los años 60, cuando podías hacer cualquier cosa en cualquier lado. Ahora está todo más controlado, más institucionalizado. Aquí hay un montón de oportunidades. Es más efervescente, podés captar la energía de la ciudad. En Nueva York hay tantos museos y galerías que nunca te vas a aburrir pero tal vez aquí, como el número es menor, después de un tiempo de exhibir en las mismas condiciones de cubo blanco o stand de feria es bueno darle al artista la oportunidad de hacer algo realmente diferente, inesperado. No es sólo hacer algo en un parque sino, sobre todo, contemplar la relación con el público que va a experimentar la obra. Porque en el museo la gente sabe cómo comportarse. Sabés que si es una escultura está en un pedestal, la rodeás. Cuando encontrás una obra en un escenario inusual, como un galpón, la relación con el objeto cambia mucho. Te hace preguntas, te estimula: "¿Qué vas a hacer conmigo?" Va a haber muchas de esas situaciones en septiembre.

-¿Qué opinás sobre la escena artística local?

-Creo que es asombrosa. Hay artistas maravillosos, museos increíbles y proyectos fantásticos sin fines de lucro, como Móvil. Uno de los objetivos de Art Basel Cities es crear sinergia entre esas instituciones. Capturar la efervescencia de la escena cultural local y llevarla a otro nivel, amplificarla, mostrarla al mundo.

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