Arreglos en el tenis, entre la tentación del fraude y las decisiones personales

Claudio Cerviño
Claudio Cerviño LA NACION
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26 de mayo de 2018  

El tema de las apuestas en el tenis no es de hoy, preocupa desde hace mucho tiempo. Quince años atrás, una investigación le apuntó al ruso Yevgeny Kafelnikov. Ganador de Roland Garros 96 y del Australian Open 99, oro olímpico en Sydney 2000 y N° 1 del mundo en 1999, Kalashnikov, como lo apodaban, acababa de perder 6-2 y 6-3 en Lyon con el español Fernando Vicente (68°), que llevaba cuatro meses sin oler una victoria. Hubo lluvia de apuestas por un perdedor cantado. Fuera de las canchas, las ironías hacia Kafelnikov marcaban que tenía ingresos en el mundo de las apuestas que superaban el concepto de premios (US$ 23,8 millones) y de sponsors. Quedó en la anécdota.

El flagelo continúa. Las historias que relata Sebastián Torok sobre cómo funciona el agujero negro del tenis son espeluznantes. Es que las mafias no se inventaron en la Argentina, aunque a veces lo parezca.

El escándalo de abusos de futbolistas de inferiores descubrió un submundo doloroso: jóvenes desprotegidos que son tentados por plata fácil. En el tenis, un caso como el de Kafelnikov, si hubiese ocurrido, es aislado: las mafias les apuntan a los chicos que juegan por 200 o 300 dólares por semana, duermen en hosteles, llevan sus máquinas encordadoras y hasta pueden comer salteado. El "sí" no es una utopía en ese escenario.

Ahora bien, también están las decisiones y las denuncias. Un jugador que acepta el fraude debiera conocer los riesgos que corre, igual que el que ingiere sustancias no permitidas. Puede también rechazarlo y seguir como si nada. O dedicarse a otra cosa si la mugre es inmanejable. Del mismo modo, poner sobre la mesa las amenazas si, como lo señalan, existen. Hasta ante la Justicia.

Por último, ¿cuál es el rol de las organizaciones internacionales de tenis? Federico Coria no denunció el intento de soborno. Comete una infracción y es sancionado. Pero, ¿lo cuidan adecuadamente, a él o al que fuese, o solamente les exigen y les ponen reglas? La lucha contra el flagelo debiera ser pareja.

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