Noviazgos violentos

Mientras las víctimas de femicidio aumentan, un estudio reveló que uno de cada cuatro jóvenes sufre algún tipo de violencia en sus relaciones de pareja
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26 de mayo de 2018  

Encolerizados vivimos, víctimas de una epidemia moderna que altera nuestro diario trajinar y cuyas manifestaciones se perciben en los más diversos ámbitos, incluido el de las relaciones humanas, lógicamente.

Esa negativa efervescencia se percibe en el tránsito, en la falta de amabilidad y buenos modales en el trato, en la displicencia de ignorar al otro por priorizar un celular, en la ausencia del mínimo respeto a las personas y a las normas, por solo mencionar algunos síntomas.

Otro lamentable ejemplo del impacto de esta peste moderna es el que brindan algunas relaciones de pareja. Las víctimas de femicidios aumentan y, muchas veces, lejos de anticiparnos en los diagnósticos, se llega tarde, cuando los hechos ya se han consumado, con luctuosos saldos en numerosas oportunidades.

Afortunadamente en los últimos años se dispone de líneas telefónicas de asesoramiento sobre casos de violencia doméstica (0800-222-5262), dependencias especiales a las que recurrir, herramientas jurídicas como cercos perimetrales de restricción para protección, no siempre respetados, etc.

El mayor nivel de concientización ha servido para advertir a las parejas jóvenes que han de estar atentas a los primeros síntomas de violencia verbal o psicológica, muchas veces desatendidos, que pueden poner en riesgo su vida o la de sus hijos a futuro.

Más de 14.000 jóvenes, mujeres en un 85%, respondieron una encuesta sobre señales de violencia en la pareja realizada por la Defensoría del Pueblo bonaerense vía web, en febrero pasado.

Un 26% confirmó haber sufrido situaciones de riesgo con sus parejas y otro tanto igual reconoció haber accedido a los deseos sexuales de sus parejas por temor o presiones, obligados más de un 15% y sufrido golpes en un 16%. Un abultado 63% reconoció que son pertinazmente controlados por sus parejas, ansiosas por saber con quién y dónde están, un 48% a veces y casi un 16%, siempre. Prácticamente un 49% admitió haber perdido contacto con amigos o familiares a partir de su vínculo de pareja, mientras que un 43% asegura que a sus parejas les molesta que salgan con amigos.

Otro preocupante indicador es el menosprecio y la crítica encarnados por el compañero o compañera debido a la apariencia o a la su simple opinión, reconocida por más de un 35% de los participantes en el relevamiento.

Un femicidio cada 32 horas es una cifra aterradora que se complementa con el dato de que en el 75% de los casos quien lo comete es familiar, pareja o expareja de la víctima. Las campañas de concientización han de poner el acento también en la necesidad de alertar y detectar tempranamente comportamientos que pueden conducir a trágicos finales entre los más jóvenes, evitando justificar o minimizar señales previas que incluso pueden pasar desapercibidas para muchos.

Las cifras son elocuentes. Las vidas truncadas nos conmueven y las noticias nos recuerdan con indeseada frecuencia que la violencia doméstica debe ser combatida desde sus primeras manifestaciones.

Educar a los jóvenes en estas dolorosas realidades, escucharlos, aconsejarlos, advertirlos, es un imperativo y un compromiso de todos para construir juntos una sociedad libre de violencia.

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