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La seguridad nuclear de EE.UU., a merced de una red de adictos al LSD

Varios pilotos responsables de los misiles Minuteman III de la base Warren, en Wyoming, fueron sometidos a cortes marciales
Varios pilotos responsables de los misiles Minuteman III de la base Warren, en Wyoming, fueron sometidos a cortes marciales Fuente: AP
Robert Burns
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26 de mayo de 2018  

WASHINGTON.- Un aviador dice haber sentido paranoia. Otro veía los colores con una intensidad maravillosa. Y un tercero admitió: "Simplemente me encanta alterar mi mente".

Estos son los miembros en servicio activo a quienes se les confió la custodia de misiles nucleares que se cuentan entre las armas más poderosas del arsenal norteamericano. Los registros de la fuerza aérea muestran que compraron, distribuyeron y consumieron la sustancia alucinógena conocida como LSD y otras drogas ilegales de alteración de la conciencia, como parte de una red que operó durante meses en una base militar de alta seguridad en el estado de Wyoming. Cuando se vieron cercados por los investigadores, uno de ellos desertó a México.

Un desliz de uno de los soldados en las redes sociales hizo posible que en marzo de 2016 los investigadores rompieran con la red de drogas que funcionaba en la base Warren, y los detalles salen ahora por primera vez a la luz. Catorce soldados fueron sancionados, y seis fueron condenados por cortes marciales por haber consumido LSD.

Ninguno fue acusado de consumir las drogas estando de servicio. Sin embargo, esta es una nueva mancha en la reputación del cuerpo de misiles nucleares de la Fuerza Aérea norteamericana, que tiene la capacidad de desatar el infierno en la tierra, bajo la forma de los misiles balísticos intercontinentales Minuteman III.

Los efectivos acusados de formar parte de la red de LSD pertenecían a la 90a. Ala de Misiles, que maneja un tercio de los 400 misiles Minuteman III que permanecen "en estado de alerta" las 24 horas del día en silos subterráneos distribuidos por toda la región de las Grandes Planicies.

Los documentos ofrecen un sórdido relato del uso de LSD, cocaína y otras drogas, en 2015 y 2016, cuando no estaban de servicio, hombres que supuestamente deben cumplir con los más exigentes estándares de conducta, debido a su rol en la custodia de armas nucleares.

"Es otro ojo morado para toda la Fuerza Aérea en general, y para el cuerpo de misiles en particular", dice Stephen Schwartz, consultor independiente y experto nuclear.

Un vocero de la Fuerza Aérea, el teniente coronel Uriah L. Orland, recalcó que el consumo de esas drogas se produjo cuando los hombres no estaban de servicio. "Existen numerosos controles para garantizar que los aviadores que se presentan a trabajar no estén bajo la influencia del alcohol o las drogas, y que sean capaces de cumplir con su misión de manera segura y efectiva", dijo.

El cabo principal Tommy N. Ashworth fue uno de los que consumieron el LSD que le suministraron sus colegas con conexiones con los dealers civiles. Después de tomar ácido "sentí paranoia y pánico durante horas", dijo Ashworth ante la corte marcial.

Confesó haber consumido LSD en tres oportunidades, siempre fuera de servicio. La primera vez, en el verano boreal de 2015, quedó muy alterado: "Esa noche sentía que me iba a morir", dijo. Al recordar otro episodio con LSD, Ashworth dijo haber sentido "casi como si estuviese a punto de tener un ataque al corazón, un infarto".

El cabo Kyle S. Morrison reconoció durante su juicio que bajo la influencia del LSD no podría haber respondido si lo hubiesen convocado al servicio ante una emergencia de seguridad nuclear.

Durante las cortes marciales, la Fuerza Aérea aseveró que incluso una ínfima dosis de LSD tiene "profundos efectos" en quien lo consume, y agregó que los efectos psicológicos más comunes incluyen "paranoia, miedo, pánico, sentimientos indeseados o abrumadores, experiencias espirituales indeseadas de cambio de vida, y flashbacks".

En la década de 1960, el LSD, sigla en inglés de la dietilamida de ácido lisérgico, se popularizó con el nombre de "ácido".

Los investigadores descubrieron que los implicados tomaban LSD dentro de la base y fuera de ella, al menos en dos encuentros al aire libre. Algunos también habían aspirado cocaína y consumido éxtasis.

El cabo Nickolos A. Harris, el líder de la red, declaró que no tenía problemas para conseguir LSD y otras drogas. Se declaró culpable de consumir y distribuir LSD y de consumir éxtasis, cocaína y marihuana.

Harris admitió haber consumido LSD en ocho oportunidades y haber distribuido la sustancia en numerosas ocasiones a sus colegas, en fiestas en Denver entre la primavera boreal de 2015 y principios de 2016. "Simplemente me encantaba alterar mi mente", le dijo al juez militar, y atribuyó su decisión a su personalidad adictiva.

Otros aviadores declararon que era fácil conseguir LSD, que viene en pequeñas etiquetas de papel impregnadas con la sustancia. Harris fue sentenciado a 12 meses de prisión y otras penalidades, pero, gracias a un acuerdo previo al juicio, logró evitar una baja deshonrosa.

Traducción de Jaime Arrambide

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