Los Rolling Stones en Londres: el mito se agranda de local

Jagger, Richards, Wood y Watts hicieron doblete de shows en el London Stadium en las primeras fechas de la nueva etapa del No Filter Tour. Florence Welch fue la invitada del segundo concierto

26 de mayo de 2018  • 12:26

Una vez más, los Rolling Stones activaron su credencial de inmortalidad ante una multitud agradecida que volvió a comprobar en vivo la intensidad de una fórmula inoxidable. Ver a la banda jugar de local no se parece en nada a las últimas presentaciones argentinas, aquí la mayoría del público acredita la misma edad avanzada que los integrantes de la leyenda: en mayor número son jubilados más cercanos a la adorable figura de Charlie Watts que llegan al estadio olímpico de la mano de sus parejas, señoras que crecieron bajo el impulso sensual de Mick Jagger y su tremendo magnetismo. Los más jóvenes parece que se mudaron a All Points Eats, un festival londinense en donde a la misma hora el line-up prometía la presencia de LCD Soundsystem, Yeah Yeah Yeahs y Phoenix, entre otros. Poco importa la competencia para casi 60 mil personas que colman el London Stadium por segunda noche consecutiva, el mito viviente está a punto de adueñarse de otra noche histórica y esa es una verdad que sigue resistiendo el paso del tiempo.

El clima primaveral ayuda -una semana de sol y con ausencia de lluvias también parece otro milagro londinense- y la previa se vive en los puestos de cerveza y comida, pero la estrella para distraerse un rato es el espacio oficial de merchandising del No Filter Tour, más de 50 modelos de remeras, buzos y gorros que van desde las 15 libras hasta 35. El ritual de entrada es puro orden e incluye controles estrictos con detector de metales y la advertencia que las puertas de entrada cierran a las 20:30, luego no entra nadie más. Unos pocos minutos antes de ese horario aparece el primer agite real cuando aún con luz de día suenan los acordes de “Jumpin’ Jack Flash” y las pantallas verticales abren el espectáculo visual: funcionan como espejos gigantes que en conjunto permiten una panorámica de toda la banda dividida en cuatro recortes. Todo el movimiento escenográfico es conocido: Jagger eléctrico, flaquito y bailarín, Ron Wood dueño de los tiempos para resaltar las canciones y contener al viejo Keith Richards, que luce sonriente pero un poco más lento en sus movimientos. Atrás toda la clase de Watts para explicar la precisión de la bendita máquina del tiempo que esconde en el bombo de su batería. En un segundo plano, la banda de apoyo con el gigante Darryl Jones en el bajo y Chuck Leavell en teclados, piezas imprescindibles de un engranaje en donde también se destacan las voces de apoyo y lucimiento de Sasha Allen y Bernard Fowler.

La lista de temas es un eterno hándicap de hits, pasan de un tirón “Let’s Spend the Night”, It’s Only Rock ‘n’ Roll (but I Like It)”, “Tumbling Dice” y “Dead Flowers”, pero el corte más emocional y de adhesión instantánea es la versión de “Wild Horses” con la bellísima Florence Welch, que un rato antes ofició de telonera junto a su banda Florence and The Machine: un dueto cargado de gestos sensuales y la voz de Welch elevándose por encima de Jagger mientras mueve su vestido de color dorado cual musa hippie de los tempranos ’70. “You Can´t Always Get What You Want” no baja la intensidad y muchos de los que conocieron la canción en tiempo real lo toman como un himno compartido, desde Let It Bleed a la fecha son casi 50 años de reconocer en la canción deseos, frustraciones y algunos triunfos. La seguidilla imbatible continúa con los arpegios psicodélicos de “Paint it Black” y “Honky Tonk Women”, el tema que mejor utiliza el cencerro en la historia del rock, en esta oportunidad a cargo del canoso Leavell.

Luego del clásico espacio reservado a Richards, tal vez el momento más endeble del show, asomó la historia y los múltiples sentidos de “Sympathy For The Devil”, ubicada en un provocativo número 13 de la lista y con el clásico grito de guerra, y el piano que dio sentido a la escena de Madchester, una vez más la platea más añeja celebró ese instante de juventud eterna que venía del escenario y pegaba en la gente como una droga energizante. El resto fue pura cancha Stone para campear el tramo final del show: “Miss You” con Jones dando pruebas de por qué fue parte de la última banda de Miles Davis, una larga versión de “Midnight Rambler” y tremendas interpretaciones de “Start Me Up” y “Brown” Sugar” con Wood y Richards jugando el duelo más lindo. Jagger, en tanto, es el arengador nato, un trabajador para que nunca decaiga y que cubre con un admirable oficio esas notas que se vuelvan montañas a escalar cuando ya pasó más de una hora y media de concierto.

Mientras en el campo y la platea, la gente va y viene con vasos de cerveza, el cierre está al caer: los bises arrancan como tantas otras veces con la infinita “Gimme Shelter” y el dueto salvaje entre Mick y Sasha Allen. El final de la película es conocido pero no deja de conmover, escuchar en vivo ese manual de iniciación que representa “(I Can´t Get No) Satisfaction”. Pasaron casi dos horas de show, la gira continúa el próximo martes en Southampton y en las pantallas se lee “See You Soon”.

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