Laberinto

Diana Fernández Irusta
Fuente: Reuters - Crédito: Leonhard Foeger / Edición fotográfica: Dante Cosenza|
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28 de mayo de 2018  

APPIANO, ITALIA.- Se diría que hay alguien a punto de ser engullido por una densa, compacta, masa verde. Ahí está: la imagen cubierta por un follaje sin fisuras. Y en contraste hundiéndose en la blandura de las hojas, la fragilidad del paragüitas de plástico, el resto blanco y azul de la silueta humana. Estamos en un recodo del benévolo paisaje del norte de Italia. Y quien en un primer atisbo parecía víctima de cierta voracidad vegetal no es objeto, sino sujeto. Nada lo devora, salvo la fiebre de junio, esa cuyos preliminares -por caso, la presencia en un hotel del equipo de fútbol alemán- transcurren del otro lado del paredón de plantas. Lejos de la antigua Roma y cerca del Olimpo contemporáneo, la fan brega con hojas, ramas, alguna llovizna; sus dioses respiran allí cerca. Y no hay valla que contenga el deseo de verlos, escucharlos, anticipar alguno de sus ansiados portentos.

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