Enojado, Mauricio Macri busca que el peronismo comparta el costo político por la suba de tarifas

Jaime Rosemberg
Jaime Rosemberg LA NACION
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28 de mayo de 2018  • 15:57

Nadie, o muy pocos, recuerdan cual fue el último discurso oficial en el que Mauricio Macri mencionó a Cristina Kirchner con nombre y apellido. Volvió a nombrarla en un momento clave, cuando el proyecto opositor sobre tarifas ingresa en la cuenta regresiva y las encuestas no dan al Gobierno motivo para el alivio.

No se trata sólo del regreso de la estrategia de polarización con su antecesora en el cargo, a la que nunca le perdonó no haber participado del acto de traspaso del mando. El Presidente no disimula su enojo con los gobernadores peronistas, a quienes acusa -cada vez en voz más alta- de no cumplir con lo que le dicen en privado. De ese enojo surgieron las ideas básicas de un discurso enérgico, destinado a pasarles la presión a los jefes provinciales.

"Vamos a repartir los costos. Así como nosotros los vamos a pagar con el veto, que ellos también los paguen para aprobar la ley", afirmó a LA NACION un vocero del Gobierno que participó de las charlas previas al mensaje grabado por el Presidente en la mañana del lunes, antes de la reunión de coordinación.

El jefe de gabinete, Marcos Peña , participó de la redacción del discurso antes de su viaje a Cuba. También el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis , y el ministro de Producción, Francisco Cabrera , que hoy presentaba la aplicación que permitirá a los usuarios controlar sus consumos de electricidad, formaron parte de las discusiones con Macri en la quinta presidencial de Olivos y el resto de manera presencial, vía teléfono y Whatsapp.

En la reunión se analizaron los distintos escenarios. A Macri le interesaron algunos datos duros, como el crecimiento del 8,6% de la generación de energía eléctrica y el 7% de aumento del consumo eléctrico en comparación con abril del año pasado, detallado por la Fundación para el Desarrollo Eléctrico (Fundelec). "La gente consume lo mismo de luz que durante el kirchnerismo. Hay aumentos, pero no son dramáticos", le dijeron al Presidente, que suele hablar de su presunción acerca de que el gobierno anterior trabaja para "generar caos" a partir de la "instalación" de un "tarifazo impagable" que no sería tal según las estimaciones oficiales.

Asociar a gobernadores "amigables" con Cristina Kirchner persigue un doble objetivo: el presente, en la discusión por tarifas, y a mediano plazo, con las elecciones de 2019 en el horizonte. "Repartimos con ellos el costo, pero también les recordamos a los que voten a favor (del proyecto opositor) que están votando con ella y con sus ideas", afirmaron cerca del jefe de Gabinete. Decían no entender el término "machirulo" con el que la expresidenta le contestó al Presidente.

En línea con su consultor estrella, Jaime Durán Barba, para quien "no es disparatado pensar que Cristina gane en el 2019 si por alguna razón fracasa el proyecto económico de Macri", el Presidente dejó de lado la diplomacia con los peronistas "previsibles" a quienes paseó por Estados Unidos y Europa para compartir las "bondades" del consenso y el diálogo. "Se enojó, y con razón", afirmó un ministro, aunque más que enojo haya puro pragmatismo político.

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