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Cottarelli, un experto en recortes con el sello del FMI

Elisabetta Piqué
Elisabetta Piqué LA NACION
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29 de mayo de 2018  

ROMA.- "Es más fácil que me llame el Inter para reemplazar a Icardi". Ironías del destino, la frase fue dicha por Carlo Cottarelli hincha del Inter cuando, en los últimos dos meses y medio de delirio político, le preguntaban si podía llegar a ser primer ministro de Italia.

Nacido hace 64 años en Cremona, casado y con dos hijos que viven en Estados Unidos, Cottarelli es un prestigioso economista que pasó la mayor parte de su vida fuera de Italia. Conocido como "señor tijeras" por su habilidad para los recortes, licenciado en Economía en la Universidad de Siena y en la London School of Economics, trabajó primero en la Banca de Italia y en el grupo energético ENI. Luego, desde 1988, hizo carrera en el Fondo Monetario Internacional, en Washington. Allí llegó a ser director del Departamento de Asuntos Fiscales del organismo.

Pasó a ser conocido en Italia en 2013, cuando el expremier de centroizquierda Enrico Letta (entonces del Partido Democrático) lo nombró comisario extraordinario para la spending review, es decir, para la reducción del inmenso gasto público italiano. Duró solamente un año. Cottarelli tuvo una pelea con el expremier Matteo Renzi (que sucedió a Letta) cuando quiso reducir drásticamente el gasto en alumbrado público. "¿Para qué iluminar como si fuera de día la autopista Roma-Fiumicino o parques industriales desiertos?", preguntaba Cottarelli. Renzi lo acusó de querer dejarlos a oscuras.

Hoy el primer ministro encargado de un gobierno técnico que, todo indica, nunca llegará a nacer es director del nuevo Observatorio sobre Cuentas Públicas de la Universidad Católica de Milán. Desde esa ciudad tomó por la mañana un tren para llegar a Roma y recibir el encargo de manos del presidente Mattarella.

En su último libro, Los siete pecados capitales de Italia, identificó los grandes males de la península: evasión fiscal, excesiva burocracia, corrupción, la brecha entre el norte y el sur, baja natalidad, una Justicia lenta y "la dificultad para convivir con el euro". Allí habló de una eventual salida de Italia del euro, hipótesis que, de todos modos, descartó. En el libro también se mostró optimista y aseguró que esos siete pecados pueden "corregirse".

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