Los jugadores del club de sus amores le dieron fuerza para enfrentar un tumor maligno a los 10 años

Alejandro Gorenstein
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31 de mayo de 2018  • 19:12

Francisco Pradella tenía 10 años. Estaba en quinto grado. Una tarde, a la salida del colegio, tenía planeado ir a la casa de un compañero. Mientras iban corriendo sintió un tirón en su pierna derecha, una molestia, algo que le parecía normal. Si bien esa noche le dolía, no se preocupó en absoluto. A los pocos días, jugando al fútbol en la clase de gimnasia, se cayó y desde ese momento comenzó a renguear. Su maestra llamó a Silvia, la mamá, ya que no le parecía común que estuviera rengueando durante tanto tiempo. "Fueron pasando los días y yo no lo notaba, pero los demás se daban cuenta de que caminaba raro", recuerda Francisco.

Unos meses antes, a principio del invierno del año 2008, "Fran" había tenido una angina muy fuerte por lo que era probable que tuvieran que operarlo de las amígdalas. Sus padres, que ya estaban separados, decidieron llevarlo al Hospital Garrahan porque no querían que fuera intervenido en otro lugar. Y de paso, aprovecharon para comentarles lo de la pierna. El médico que lo examinó ordenó que le realizaran una radiografía que arrojó como resultado la aparición de una mancha que no era común e impedía que se le pudiera ver la cadera derecha. En el momento le realizaron estudios y la biopsia confirmo que tenía un tumor maligno.

"Esto es de muerte"

"Fran" había escuchado alguna vez la palabra cáncer, pero con apenas 10 años no tenía conciencia de lo que esas seis letras significaban. "Esto es de muerte", les dijo, en privado, el especialista a sus papás. " Era un cáncer muy agresivo. Los dos nos quisimos morir, jamás nos hubiéramos imaginado algo así", dice Silvia.

Sin perder tiempo, al día siguiente "Fran" comenzó con la quimioterapia, que en total duró tres meses. Se quedaba internado tres días, volvía a su casa otros siete días donde le bajaban las defensas y retornaba para la nueva sesión. "Fue un golpe terrible y muy rápido, fue un cambio brusco, prácticamente nosotros pasamos a vivir en el Garrahan y mi mamá se hacía cargo de mis nenas más chicas", agrega Silvia".

Obviamente, "Fran" debió abandonar por un tiempo el colegio. Las maestras fueron a visitarlo un par de veces a la casa, mientras que sus compañeritos desconocían la razón por la cual de un día para otro él había dejado de ir a la escuela.

La idea de los médicos era que con la quimioterapia se pudiera reducir lo más posible el tamaño del tumor para que no hubiera complicaciones a la hora de extraerlo. El tumor se encapsuló impidiendo que salieran células que se desparramaran por el cuerpo.

La importancia de creer en Dios

"Fran" comenzó a utilizar muletas porque no se podía caer, tenía que estar sentado o caminando con ese apoyo porque cualquier golpe podía ocasionar el quiebre de la cadera y eso complicaba más las cosas. Inquieto como era, tuvo que aprender a utilizarlas aunque al poco tiempo le agarró la mano.

"Los médicos fueron muy contendedores, me hacían bromas. Yo creo mucho en Dios, sacaba mucho las fuerzas de ahí, siempre me apoyé en Dios, en mi familia, en mis amigos y también en ese momento en la música ya que me empezó a gustar el rap, el heavy metal y el rock. Y trataba de tener una actitud desafiante, de no dejarme caer en ningún momento", cuenta "Fran".

"Nosotros tratábamos de qué el fuera feliz porque eso era lo que nos aconsejaban los médicos, por más que estábamos separados con el papá no teníamos que tener peleas ni discusiones, le dábamos mucho amor y cariño, nos unimos las dos familias para brindarle lo mejor", dice Silvia.

El inesperado apoyo de sus ídolos

Para los últimos días de abril del 2009, "Fran" estaba preparándose para la operación. Una mañana en la que tenían que hacer tiempo para retirar unos análisis que se había hecho en el Garrahan, su papá aprovechó y lo sorprendió llevándolo a "La Quemita", el campo de deportes donde entrenan los jugadores de Huracán, el club de sus amores. Cuando llegaron, Horacio Capobianco, el utilero en ese momento, comenzó a hablar con César y le dijo que cada vez que quisieran podían darse una vuelta por el predio. Eran días en que en todos los medios (no solo en los deportivos) se hablaba del Huracán de Ángel Cappa, del "Tiki Tiki", un equipo con un fútbol memorable que enamoraba a propios y extraños.

La semana siguiente volvieron a ir a "La Quemita" y el utilero le obsequió una bandera que decía "el sexto grande". Inmediatamente, los jugadores que ya conocían su historia se acercaron uno por uno para firmarles ese regalo que había llenado sus ojos de emociones y de alegrías. Con los que más habló esa mañana, recuerda, fue con "El Pato" Toranzo, con "Chiche" Arano y con Javier Pastore, además del propio Cappa. "Esas fueron las primeras salidas en un ambiente con gente desde que había terminado la quimio, fue un incentivo para mí, para lo que se me venía. También me invitaron a varios partidos de local y hasta tuve la posibilidad de pasar al vestuario con los jugadores", recuerda, orgulloso. Incluso, a los pocos días le acercaron al Garrahan una camiseta firmada por ellos. "Fran estaba re contento, no podía creer que estaba con el famoso ´Tiki Tiki´, los jugadores hablaron con él, lo motivaron muchísimo. Yo digo que gran parte de su recuperación fue por la inyección de adrenalina que le dio ese plantel y todos sus colaboradores", añade su papá.

Mientras tanto, el colegio le mandaba una profesora particular que iba a su casa una vez que "Fran" volvía de la quimioterapia. Le dejaba tarea que él debía realizar para no perder el año escolar.

La importancia de mantenerse bien de ánimo

La operación estaba planificada para el 7 de mayo, obviamente en el Garrahan. Los médicos le habían informado a sus padres que tenían que abrir y que no sabían con lo que se iban a encontrar porque el tumor estaba agarrado y salía hacia afuera. Hasta ese momento no tenían la certeza de si había o no afectado a otros órganos. A las 8 de la mañana "Fran" entró al quirófano y recién salió a las 19.30. "Esas horas fueron terribles porque la doctora nos había dicho que ellos no iban a salir para nada, si salían era por si pasaba algo y en ese caso nosotros teníamos que tomar una decisión. Y cada vez que abrían la puerta y veíamos salir a los médicos se nos paralizaba el corazón. Cuando se nos acercó el médico nos dijo que lo estaban cociendo y que mi hijo iba a permanecer, por precaución, tres días en Terapia Intensiva", recuerda Silvia.

Luego, lo pasaron a una sala común donde permaneció aproximadamente durante un mes. La rehabilitación consistía en ir todos los días al gimnasio del Hospital donde le hacían practicar diversos ejercicios como levantar la pierna, caminar y hacer bicicleta. Al principio utilizaba silla de ruedas y después debió volver a las muletas. Al poco tiempo utilizó un bastón y más tarde comenzó a caminar. "Los médicos me habían dicho que mantuviera siempre el ánimo porque si me bajoneaba me iba a dejar estar", recuerda Fran. "Recibí el apoyo y el amor de mi familia y de los médicos".

Periodismo a la vista

Para el segundo cuatrimestre del 2009 Francisco retornó al colegio, en ese entonces a sexto grado. Cuenta que fue muy bien recibido por las nuevas maestras y que sus compañeros estaban sorprendidos porque hacía más de un año que no lo veían.

En el secundario se empezó a relacionar más con la gente y tuvo más amigos que siempre lo apoyaron en todo y lo contuvieron pese a que recién los conocía. Después de la operación continuó con controles que a medida que fue pasando el tiempo se hicieron más prolongados. Al principio eran cada 15 días, un mes, tres meses y en la actualidad una vez por año, siempre con excelentes resultados.

En el año 2016 había intentado hacer el ingreso para la carrera de Ingeniería Informática pero como no es muy bueno para las matemáticas le fue mal y decidió estudiar Comunicación Social en la universidad de La Matanza. Dice que le gusta mucho la carrera y que cuando se reciba en la Licenciatura piensa hacer un posgrado en Periodismo, ya que le interesa mucho la política y la actualidad.

"Para mí es mi orgullo, siempre mantuvo una actitud positiva, no vio nada negativo, pensando en el futuro y soñando con ser alguien en la vida", expresa su mamá, mirándolo fijo a los ojos. "Hoy tiene 20 años, hace su vida normal, y va a la facultad, para mí es un ejemplo de vida, él nunca bajó los brazos, pasó por muchas cosas: estudios, tratamientos invasivos y se la re bancó", dice su papá, super orgulloso.

Por último, "Fran" se anima a darles un consejo a aquellos chicos o adolescentes que se encuentran pasando por una situación similar por la que debió atravesar hace 10 años. "No piensen tanto en lo que puede llegar a pasar, no le tengan miedo a la enfermedad, que la enfrenten siempre porque a veces parece que no tenemos las fuerzas suficientes pero siempre están ahí, a veces pueden estar bloqueadas. Si uno quiere, por más que el mundo se le venga encima lo va a poder soportar".

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