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Bienestar

Empezó a correr para superar la muerte del amor de su vida y descubrió que era su gran pasión

Alejandro Gorenstein
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12 de junio de 2018  • 00:16

A mediados del año 1999, Mónica De Gregorio (56) venía atravesando un divorcio "bastante complicado" con un nene de 8 y una nena de 4. Una noche, su amiga Roxana la invitó a un cumpleaños, al que fue con sus hijos. Ahí conoció a Ricardo, que en ese momento estaba en pareja. "Cuando nos vimos fue como algo instantáneo, hubo mucha onda", recuerda. Esa noche él la llevó a la casa y no volvieron a cruzarse por muchos meses. A principios del 2000, "Mona" se postuló para hacer un taller de arte (es Profesora Nacional de Pintura) en un crucero, en el primer viaje con argentinos que se dirigía a las Islas Malvinas. Ganó el concurso y cuando regresó del viaje, en febrero de ese año, se volvieron a ver otra vez con Ricardo (que ya estaba solo) en el cumpleaños del hijo de su amiga. Pasaron todo el día juntos, otra vez él los llevó a su casa, sus hijos se quedaron "mágicamente" dormidos y a partir de ese momento "nos dimos cuenta que queríamos estar juntos, vivir juntos y no nos pudimos separar más".

Al año siguiente comenzaron a planificar sobre la posibilidad de convivir. Él se mudó a su departamento y empezaron a buscar una nueva vivienda. Encontraron una casa grande, destruida, con muchas posibilidades y empezaron a construirla con sus propias manos y, por sobre todas las cosas, con mucho sacrificio.

El peor momento de su vida

Ricardo era diseñador gráfico, pero su sueño era ser piloto de avión y empezó a hacer varios cursos (primero de piloto civil, luego de comercial y más adelante instructor de vuelo) mientras "Mona" lo ayudaba porque eran muy costosos. Así logró su propósito y comenzó a trabajar en el sector de vuelos. El 23 de marzo del 2006 le salió un vuelo de instrucción con un alumno con destino a Catamarca. Esa tarde, a eso de las 16hs, "Mona" estaba trabajando y, de golpe, sintió algo que ella no puede explicar con palabras, "fue una sensación tremenda, una sensación increíble de amor".

  • -Que enamorada que estoy!!! -les dijo "Mona" a sus compañeros de trabajo.
  • -¿De quién? -le preguntaron.
  • -¿Como de quién?, de Ricardo.

"Mona" sentía que algo estaba pasando. Lo percibía muy dentro de sí, aunque no sabía exactamente qué era eso que había sucedido. No bien llegó a su casa, la llamaron para comunicarle la peor noticia: primero le dijeron que se había perdido el avión que manejaba Ricardo y luego le confirmaron que él había fallecido.

"A partir de ahí fue algo determinante, creí que no iba a poder sobrevivir, más allá de mis hijos a los cuales les pido disculpas porque en ese momento sentía tanto dolor que ni siquiera podía pensar en que tenía dos hijos, mi primer impulso era ´me quiero morir con él´. El dolor era proporcional al amor y a la pasión que nos teníamos". Durante el primer mes del duelo, "Mona" no quiso dormir en su cuarto y lo hizo en la habitación de su hija. Prácticamente, estuvo un año como una persona autómata de ir a trabajar, llegar a su casa y meterse en su cama. "Ahí me di cuenta lo finita que es la línea entre la cordura y la locura. Fue muy difícil para mí, pensé en un momento que no iba a poder seguir viviendo. Era un dolor que incluso era físico, tratás de calmarlo con algo y en ese momento empecé a fumar hasta que un día me di cuenta que ya no me alcanzaban los cigarrillos y tenía el impulso de ir a cualquier hora de la madrugada a comprar más hasta que dije: ´esto no va, tengo que hacer algo´".

Empezar a correr por una meta

Atravesando el peor momento de su vida, "Mona" recordó que Ricardo la había impulsado a hacer karate (había hecho 2 años alcanzando a ser cinturón verde) y también le había recomendado que en algún momento empezar a correr. Evidentemente, esas palabras y ese legado le habían quedado grabados en su cabeza. O, mejor dicho, en su corazón.

Una mañana se puso unas zapatillas de lona y empezó a dar vueltas por un parque en Villa Adelina, muy cerca de su casa. Al verano siguiente se fue de vacaciones con sus hijos, corrió apenas 1K en la playa, pero de a poquito se fue sintiendo un poquito mejor. Tanto se entusiasmó que le empezaron a doler los tobillos y le dijeron que casi tenía una fractura por estrés por las zapatillas que usaba.

A partir de ese momento se empezó a asesorar y a buscar un grupo de entrenamiento. Se acercó a un amigo que corría, quien le explicó cómo era la dinámica de las carreras y le propuso anotarse para una de 5K de mujeres en el 2008. "Participé de ese evento y cuando vi la clasificación final me di cuenta que estuve dentro del primer tercio lo cual me hizo pensar que para eso servía", rememora "Mona", con una sonrisa.

Fue ahí que averiguó para formar parte de un team en San Isidro, cerca de su casa, donde empezó a entrenar de manera progresiva hasta que se fue sintiendo cada vez más segura de sí misma y comenzó a colocarse nuevas metas y objetivos. Además, esta actividad le fue permitiendo conocer gente y establecer vínculos de amistad entre pares. Una de las terapeutas que la atendía le había recomendado que leyera "El hombre en busca de sentido", el célebre libro de Viktor Frankl. Y eso, cuenta, fue una de sus guías para empezar a encontrar esa luz al final del túnel: "Tengo que encontrar un sentido a la existencia, que la muerte de mi compañero se transforme para mí en algo que me haga mejor persona y empecé a ver que esa fuerza que él me había transmitido me impulsaba a llegar a las metas en las carreras".

Haciendo podios

Después de la primera experiencia de 5K, llegó la carrera de 10K y cuando se dio cuenta que pudo correr sin problemas y acceder a la meta, se planteó llegar a los 21K y más adelante se entusiasmó con los 42K y convertirse en maratonista. También le llamaba mucho ir a la montaña y hacer el Cruce de Los Andes, una carrera "mística" donde 10 años atrás mucha gente añoraba con vivenciar esa experiencia.

Su primera carrera en las sierras fue en Tandil en el 2008, le fue muy bien, aunque todavía estaba lejos de alcanzar un podio, pero cada vez iba ganando terreno entre las competidoras. Luego, realizó los 42K de Buenos Aires donde "fue tremendamente emotivo porque mis hijos me recibieron en la llegada con carteles diciendo: ´bravo mamá, lo hiciste´. Para mí, fue algo muy importante, yo sentía la fuerza y el espíritu de Ricardo que me alentaba para seguir adelante".

En 2009 se anotó para hacer el Cruce de Los Andes y como la compañera con la que se había anotado la abandonó un mes antes de la competencia, finalmente corrió junto a un muchacho que era amigo de su familia en la infancia. En esa carrera le fue muy bien y "Mona" sintió una gran emoción en el momento que logró llegar a la meta en una carrera de montaña tan exigente.

Luego de los dos primeros años de empezar a correr, en el team tuvo dos entrenadores: Carlos Ribulgo y Claudio Paccor que, dice "Mona", sin ellos no hubiera podido realizar las carreras porque la entrenaron a conciencia y con mucho cariño. De ahí en más, se dio cuenta que no tenía límites. Después de la maratón, se propuso hacer la ultra-maratón, luego descubrió la serie de Patagonia Run (63K, 70K y 84K).

A medida que iba creciendo, se iba sintiendo más segura y con mucho esfuerzo empezó a hacer muchos podios. Su primera vez fue en El Palmar (Entre Ríos) al finalizar en segundo lugar en la categoría de mayores de 45. En noviembre de ese año salió segunda en la categoría 40-49 enTMX-20K. San Miguel del Monte. En junio del 2010 salió primera en la categoría 46-49 en Northland-La Plata-10K.

Superarse en cada tramo de la vida

"En mayo del 2011 tuve en accidente, me caí de espaldas de una escalera, me rompí tres costillas y a los tres meses ya estaba corriendo de nuevo". Y en septiembre de ese mismo año terminó primera en MX Trail run /20 Km / Zarate y, además, recibió una distinción por haber finalizado cuarta en la tabla general y así siguió.

"Cada vez que alcanzaba un podio sentía una profunda emoción por el premio a semejante esfuerzo y un homenaje y agradecimiento a todos los que de alguna manera me ayudaron a llegar a ese lugar. Porque realmente es mucho esfuerzo y sacrificio llegar ahí para una persona común que no se dedica al deporte como profesión. Después de trabajar ocho horas dando clase, volvés destruida a tu casa y te pones las calzas, las zapatillas y vas a entrenar, todo el año, con todos los climas, haciendo cuestas en las barrancas para luego subir montañas".

El último podio que hizo fue en febrero de este año en una nueva edición de una carrera que se corre desde el año 2012 y en esta oportunidad unió la Argentina con Chile en la zona de Portillo.

"Se convirtió en parte de mi vida a punto que no puedo concebir la vida sin hacer esto, ahora entreno un promedio de 4 o 5 veces por semana, estoy detrás de un objetivo que es una carrera de 100K que se llama ´conquista tu cumbre´, en Córdoba, en junio. Tengo mucho entusiasmo de emprender siempre nuevos desafíos, esto es un motor que está guiando mi vida y correr es mi pasión. La vida me dio una lección importante: que una puede hasta trascender sus propios límites, básicamente yo creo que corro con el corazón porque estoy segura que él está dentro mío".

Palabra de especialista

La licenciada Valeria Schwalb, autora de los libros "Todos somos resilientes" y "Todos podemos ser felices", se refiere a la posibilidad de atravesar un duelo de manera resiliente y recomienda qué cosas podemos hacer para volver a conectarnos con la vida de la mejor manera posible.

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