El millennial que escribió con Zygmunt Bauman y con el Papa Francisco

Thomas Leoncini
Thomas Leoncini
Silvina Premat
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2 de junio de 2018  • 17:26

Cumplió 33 años el jueves pasado; podría ser el nieto de las dos personalidades a las que entrevistó y con las que escribió dos libros, Zygmunt Bauman, que murió en 2017 a los 91 años, y el papa Francisco, de 81. Thomas Leoncini, periodista y sicólogo orientado a las ciencias sociales, es coautor con Bauman de Generación líquida, publicado en 2017 a pocos meses de la muerte del sociólogo que describió a la sociedad actual como "líquida" que da al individualismo el lugar que tenía la comunidad y en la que lo único permanente es el cambio y la única certeza es la incertidumbre. Con Francisco escribió Dios es joven, aparecido en marzo en Europa y en mayo en el país.

Generación líquida, cuyo título original es Nati liquidi (nacidos líquidos), ya se tradujo a doce idiomas y es el primer -y único- texto en el que Bauman reflexiona sobre los nacidos después de los primeros años "líquidos" de los ´80. En menos de 200 páginas aborda tres tipos de transformaciones: en la piel -tatuajes, cirugía plástica, hípsteres-; transformaciones de la agresividad -acoso escolar o bullyng- y cambios sexuales y amorosos. Bauman afirma que los seres humanos de este nuevo siglo habitan dos mundos con preceptos y reglas de comportamiento distintos, con vocabularios y códigos de conducta diferentes: el online y el offline y que "el arte de vivir en el siglo XXI exige la tarea de reconciliarlos y forzarlos a solaparse". Este es el punto de partida del diálogo entre Leoncini y Bergoglio, que desde hace tiempo admira las investigaciones de Bauman.

De la lectura de ambos libros se pueden completar razonamientos. Sobre las redes sociales, por ejemplo, se podría afirmar que hoy se usan sobre todo para escapar de la realidad (Bauman) y, una vez afuera, el usuario se siente en el aire, sin raíces (Francisco). O también que en el mundo online, "el que se nos induce e insta a construir con los recursos tecnológicos", "el control lo tengo yo" (Bauman) y en él se corre el riesgo de construirse una imagen de uno mismo que termine sustituyendo lo que realmente uno es (Francisco).

Bauman y el Papa coinciden en muchos puntos; el más relevante, para Leoncini, es "el paradigma del diálogo entre diversidades". El joven también arriesga, en una entrevista con LA NACION, una síntesis de lo que a su entender sería uno de los mensajes más importantes transmitido tanto por el Papa como por Bauman: "Los jóvenes ( millennials / nacidos líquidos) de todo el mundo debemos encontrarnos, como hermanos, en un mismo barco a la deriva, un barco que transporta residuos. Pero no podemos hacerlo solos, siempre hay necesidad de aliados, incluso si el individualismo nos engaña diciendo que no es tan necesario".

Leoncini se incluye en el colectivo que es la unidad de análisis de sus dos libros para ser leal a la historia, a la suya y a la de tantos de lo que nacieron también después de él.

Hacer conocer el mundo

A los 19 años, en 2004, en medio de una vida familiar que describe como "atormentada", buscaba en decenas de libros la respuesta a un interrogante que lo perseguía: "¿Se nace malvados o se vuelve uno malvado con el tiempo?". Hasta que leyó Modernidad y Holocausto, de Bauman. Allí vio el inicio de "la forma más efectiva de comprender y analizar la realidad". El estudio a fondo del pensamiento del filósofo y sociólogo polaco lo ayudaron, dice, a reconocerse a sí mismo. Y se convirtió en uno de sus discípulos.

Generación líquida es el resultado de un intercambio de correos electrónicos entre aprendiz y maestro. "Por desgracia, su condición física le impedía reuniones sentado en el living de su casa en Leeds", cuenta Leoncini. Y agrega: "Dedicó realmente los últimos días de su vida a este libro. Me escribió hasta el final y esto muestra cuánto creía no solo en el proyecto y en los jóvenes (de los que habló) sino también en su misión: hacernos conocer el mundo".

Una pregunta sin respuesta, ingresada al correo de Bauman pocas horas antes de su muerte, desnuda al final del libro la experiencia íntima de su interlocutor: abandono inesperado.

Luego de la publicación de Generación líquida concurrió al Vaticano para conversar con el Santo Padre sobre ese libro. La audiencia debía durar quince minutos, pero se prolongó cerca de una hora y media. "Nació una sintonía extraordinaria. Hablando de la generación de los millennials (los nacidos líquidos, precisamente) encontramos varias ideas en común, incluida la necesidad de una revancha de lo ´descartado´. Cuando me despidió me dijo que reflexionaría sobre nuestra reunión y me llamaría. Así fue y de las conversaciones telefónicas tomó forma la idea de escribir Dios es joven".

Con Francisco pudo mantener diálogos sentados uno frente al otro. Fueron seis largos encuentros en Santa Marta. "De vez en cuando él me servía agua en un vaso y me aconsejaba beber mucho agua", comenta el entrevistador sorprendido, pero no sólo por ese gesto. A los pocos días de enviar al Papa los borradores del libro recibió en su casa las únicas tres hojas en las que Francisco sugería correcciones, escritas a mano. "¿Sabes qué errores fueron? Palabras en español que yo había transcrito mal. Fue una gran emoción", comparte Leoncini.

La generación que hoy es joven sufre, según el investigador, "la imposibilidad de alcanzar los propios objetivos, a pesar de que parezcan cada vez más alcanzables. A los millennials se les ha contado un mundo bien distinto al real. Por ejemplo, les dicen que si estudian y se gradúan tendrán trabajo, éxito y prestigio, pero después de años de estudio y sacrificio se encuentran siendo descartados". ¿Es posible, para él, la convivencia entre generaciones? "No solo es posible, sino que es necesaria y urgente. Los millennials somos una generación abandonada a sí misma, donde la lógica que tanto éxito tuvo en generaciones anteriores aquí ha fracasado. Somos la primera generación nacida y criada a imagen y semejanza del mercado y su producto más efectivo económicamente: la web. Necesitamos aliados, personas que puedan entenderlo". Y continúa: "Hoy, cada vez más padres solo se sienten hijos y viven según una lógica que los satisface en el momento. El concepto mismo de juventud se está volviendo indefinible, todos la persiguen y parece que ya no hay límites de tiempo para sentirse joven. Esto termina creando y nutriendo una competencia cada vez más salvaje entre jóvenes y mayores. Las reuniones entre ellos deben tener lugar en todos los países, deben buscarse mutuamente para poder cambiar culturalmente la situación. Soy la prueba viviente de que este acuerdo generacional funciona".

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