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El Papa pidió a los chilenos en una carta un "nunca más" a la cultura del abuso

El Papa aún no dio vuelta la página en la serie de escándalos por abusos sexuales y encubrimientos en la Iglesia Catóica de Chile
El Papa aún no dio vuelta la página en la serie de escándalos por abusos sexuales y encubrimientos en la Iglesia Catóica de Chile Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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31 de mayo de 2018  • 16:16

ROMA.- En otra vuelta de tuerca y en una nueva carta que le envió hoy a los chilenos, el Papa les pidió un "nunca más" a la cultura del abuso, así como "al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse", y agradeció "la valentía y perseverancia de las víctimas".

La epístola -de ocho carillas y redactada personalmente por él-, fue difundida al mediodía de Santiago por la Conferencia Episcopal Chilena, horas después de que el Vaticano anunció que el Papa decidió enviar otra vez al arzobispo maltés, Charles Scicluna -autor de un lapidario informe sobre el escándalo de abusos en la Iglesia chilena-, para una segunda misión a ese país. El objetivo de la misión esta vez será la diócesis de la ciudad de Osorno, sacudida en 2015 por la designación del cuestionado obispo Juan Barros.

La decisión de enviar por segunda vez a Scicluna -que viajará como la otra vez junto al sacerdote español Jordi Bertomeu-, confirmó la determinación de Francisco a ir a fondo con la limpieza iniciada en la "herida" Iglesia chilena, una "transformación", renovación y conversión que, como dejó en claro el Papa en la carta al pueblo chileno, no sólo tiene que involucrar a obispos, sacerdotes y religiosos, sino a toda la sociedad.

Papa reconoce respuesta tardía sobre abusos en Chile - Fuente: AFP

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"La renovación en la jerarquía eclesial por sí misma no genera la transformación a la que el Espíritu Santo nos impulsa. Se nos exige promover conjuntamente una transformación eclesial que nos involucre a todos", escribió Francisco.

El anuncio de la nueva misión de Scicluna -máximo experto del Vaticano en pedofilia, famoso por su investigación sobre los Legionarios de Cristo y de inmensa credibilidad entre las víctimas-, así como la carta "al pueblo de Dios que peregrina en Chile", llegó a menos de dos semanas de la renuncia en bloque de la cúpula del episcopado chileno, el 18 de mayo último. Una medida sin precedente en la historia de la Iglesia, que llegó al final de tres días de encuentros y un virtual retiro espiritual que los obispos chilenos tuvieron en el Vaticano junto al Papa, que los había convocado para enfrentar la emergencia. Si bien Francisco aún no aceptó, ni rechazó esas renuncias, se espera la salida de muchos obispos.

Después del informe Scicluna -realizado en febrero pasado en base al testimonio de 64 personas-, las cosas cambiaron dramáticamente. El Papa, que había designado en 2015 a Barros al frente de la diócesis de Osorno -evidentemente mal informado y aconsejado-, había respaldado en varias oportunidades a este cuestionado obispo, acusado de haber encubierto a Karadima. Durante el viaje a Chile, de enero último, marcado por el caso Barros, Francisco se dio cuenta de que había algo que no cerraba. Al regresar, decidió enviar en misión especial a Scicluna.

Leído su informe, el Papa pidió perdón por los graves errores de percepción de la situación cometidos también debido a información no equilibrada y veraz y adelantó acciones de "corto, mediano y largo plazo" para reparar el escándalo, en una carta que dio inicio a un verdadero tsunami.

Antes de convocar a los obispos a Roma, invitó a pasar unos días con él en Santa Marta a las tres víctimas más emblemáticas de Karadima: Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo. A todos ellos les pidió perdón y reconoció haber sido "parte del problema".

En la carta enviada hoy a los chilenos, el Papa agradeció especialmente a las víctimas. "Todo el proceso de revisión y purificación que estamos viviendo es posible gracias al esfuerzo y perseverancia de personas concretas que, incluso contra toda esperanza o teñidas de descrédito, no se cansaron de buscar la verdad", dijo. "Me refiero a las víctimas de los abusos sexuales, de poder, de autoridad y a aquellos que en su momento les creyeron y acompañaron. Víctimas cuyo clamor llegó al cielo. Quisiera, una vez más, agradecer públicamente la valentía y la perseverancia de todos ellos", agregó.

El Papa reconoció que una de "nuestras principales falta y omisión" fue "el no saber escuchar a las víctimas". "Con vergüenza debo decir que no supimos escuchar y reaccionar a tiempo. La visita de monseñor Scicluna y monseñor Bertomeu nace al constatar que existian situaciones que no sabiamos ver y escuchar. Como Iglesia no podíamos seguir caminando ignorando el dolor de nuestros hermanos", admitió.

"El "nunca más" a la cultura del abuso, así como al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse, exige trabajar entre todos para generar una cultura del cuidado que impregne nuestras formas de relacionarnos, de rezar, de pensar, de vivir la autoridad; nuestras costumbres y lenguajes y nuestra relación con el poder y el dinero", aseguró. E invitó a todos a comprometerse a una conversión personal, comunitaria y social que aprenda a escuchar y cuidar especialmente a los más vulnerables. "Urge, por tanto, generar espacios donde la cultura del abuso y del encubrimiento no sea el esquema dominante. Esto nos tiene que impulsar como Iglesia a buscar con humildad a todos los actores que configuran la realidad social y promover instancias de diálogo y constructiva confrontación para caminar hacia una cultura del cuidado y proteccion", indicó. "Pretender esta empresa solamente desde nosotros o con nuestras fuerzas y herramientas nos encerraria en peligrosas dinamicas voluntaristas que perecerian en el corto plazo. Dejémonos ayudar y ayudemos a generar una sociedad donde la cultura del abuso no encuentre espacio para perpetuarse", invitó.

Y exhortó a todos los cristianos y especialmente a los responsables de Centros de formación educativa terciaria, de educación formal y no formal, Centros sanitarios, Institutos de formacion y lJniversidades, a "mancomunar esfuerzos en las diócesis y con la sociedad civil toda para promover lucida y estratégicamente una cultura del cuidado y protección". Todo esto para promover "una nueva mentalidad".

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