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Denis Shapovalov, el fiel reflejo de que a los más jóvenes les cuesta despegar en el circuito

Shapovalov, de 19 años, una de las grandes promesas, quedó eliminado; “Tener éxito ahora no importa”, se ataja
Shapovalov, de 19 años, una de las grandes promesas, quedó eliminado; “Tener éxito ahora no importa”, se ataja Fuente: Reuters
Ariel Ruya
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31 de mayo de 2018  • 18:42

PARÍS.– Denis Shapovalov tiene mundo. Nació en Tel Aviv, vive en Bahamas y representa a Canadá. Tiene 19 años, está 25º en el ranking mundial, es zurdo, alto (1,83m), un poco desfachatado y despreocupado. Es un pibe que, si no fuera tenista, sería uno de los tantos que andan dando vueltas por el predio de la mejor tierra del mundo. Ni debe saber, por ejemplo, que su cuenta bancaria ya lleva juntados 1.556.560 euros y la tesorería hay que agrandarla. No tiene títulos, no parece un crack, pero los especialistas –colegas, estudiosos–, advierten un detalle: es el futuro del tenis profesional. El presente, por ahora, le queda enorme: acaba de quedar eliminado en la segunda rueda de Roland Garros ante el 70º del ranking, el joven alemán Maximilian Marterer (22 años), por 5-7, 7-6 (7-4), 7-5 y 6-4. La eliminación precoz despeja un poco más el camino del gran favorito, Rafael Nadal, con el que podría haberse enfrentado en unos eventuales octavos de final.

Tal vez, ese es el problema mayor: Nadal, Roger Federer y…, Novak Djokovic siguen en la cúspide porque los de abajo, las jóvenes promesas, siguen de promesa en promesa. "Algunos lo han demostrado más que otros, pero a la hora de mantener una regularidad y de ganar mucho, dependerá de la capacidad mental que tengan para asumir todos los retos. Van a ocupar nuestro lugar o porque nos lleven por delante o porque se nos pase el tiempo…", reflexiona el español. Por ahora, parece ser la última opción.

Alexander Zverev, de 21 años, amaga. Es el mejor de la gira sobre arcilla –el mallorquín parece jugar en otra liga–, pero le costó casi 3 horas y media superar al serbio Dusan Lajovic por 2-6, 7-5, 4-6, 6-1 y 6-2. Eso sí: el talentoso alemán no se hace ningún drama. Se apoya en un consejo del Gran Roger: "Me dijo que él no había pasado de cuartos (en un Grand Slam) hasta que no tuvo unos 23 años, así que aún tengo tiempo".

Zverev se sostiene sobre el resto, pero no avanza con la prepotencia de un felino. Ataca y se frena. "No creo que repitan a nuestra camada. Hay que ser realistas. Estamos en una generación en la que Federer ha ganado 20 torneos de Grand Slams, yo tengo 16. Y Djokovic tiene 12. Y prácticamente es una generación de la misma edad, aunque Federer (en agosto cumplirá 37) tenga algunos años más que nosotros. Unir todos esos triunfos en una misma generación es complicado. Va a ser difícil que suceda, pero hay un gran talento por delante. Kyrgios, Zverev, Shapovalov, Tiafoe…, tienen mucho talento", exclama Nadal. Les sobra clase, les falta mentalidad. Creérsela, llevarse el mundo por delante.

Denis no siempre corre; a veces, trota sobre la pista. En el encuentro con los medios, se ríe, disfruta el circo en el que se sostiene, con la madurez de… un pibe. Que eso es. "Intento mantenerme concentrado. Sólo tengo 19 años y tengo mucho por mejorar y aprender. Esta temporada va a ser muy larga para mí. Roger y Rafa continúan mejorando y tienen 36 y 32 años. Yo sólo tengo 19. Tengo un largo camino por delante para llegar a acercarme a lo que ellos han conseguido. Tener éxito ahora no importa. Lo importante es seguir motivado para mejorar", entiende.

Como sus camaradas de aventuras, todavía tienen el poster en sus habitaciones de los más grandes. Deberían quitarlos, arrojarlos al vacío. Por ahora, les siguen rindiendo tributo. Tienen talento, les sobra inocencia. "Lo que Roger y Rafa han conseguido, probablemente no lo volvamos a ver otra vez o pasará mucho tiempo para ello. Rafa y Roger, con mi edad, ya estaban ganando Grand Slams. Ver que ellos a su edad siguen mejorando es algo que me tranquiliza, ya que me hace pensar que si no tengo resultados este año, o el que viene, el camino es muy largo y hay mucho en lo que mejorar. No siento mucha presión. Con 19 años juego de forma libre. Es divertido", acepta.

El futuro, todavía, no llegó.

Por: Ariel Ruya

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