Putin, el dueño de la pelota con una Copa a su medida

Hombres fuertes. El suizo Gianni Infantino, sucesor de Blatter en la conducción de la FIFA, junto al presidente ruso Vladimir Putin, mientras miran un partido en San Petersburgo, en junio de 2017
Hombres fuertes. El suizo Gianni Infantino, sucesor de Blatter en la conducción de la FIFA, junto al presidente ruso Vladimir Putin, mientras miran un partido en San Petersburgo, en junio de 2017 Fuente: Archivo
Javier Saúl
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3 de junio de 2018  

"¿Quién ganará el Mundial?", le preguntó el editor en jefe de Bloomberg. "En un Mundial ganan los organizadores", respondió, tajante, Vladimir Putin .

El ida y vuelta se dio hace nueve días, en San Petersburgo, durante una sesión plenaria del Foro Económico Internacional, un encuentro que reunió a los principales líderes mundiales. En menos de una semana, el líder ruso recibió las visitas de la canciller alemana Angela Merkel, del presidente francés Emmanuel Macron y del premier de Japón, Shinzo Abe. "Me gustaría que fuese una fiesta para todos los amantes de los deportes. Haremos nuestro mejor esfuerzo para que los fanáticos y los jugadores se sientan como en casa", concluyó Putin.

En su tercer mandato, su imagen es sinónimo de la federación. La cara del presidente ruso se multiplica en remeras, pósters, botellas de vodka y carteles callejeros. No es casualidad que sea la figura dominante para promocionar la Copa del Mundo, que empezará en 11 días, cuando Rusia enfrente a Arabia Saudita en Moscú. Ni que medios como The Economist se preocupen por conocer a los puteens, los adolescentes rusos que solo conocen la vida con Putin en el poder.

Con Moscú como centro de operaciones; con San Petersburgo, con sus noches blancas, y Sochi, el balneario preferido de los locales, como referencia; y con Kaliningrado y Ekaterimburgo como extremos territoriales, desde el centro de Europa hasta la puerta virtual con Asia, a los pies de los Montes Urales, el Mundial de Rusia será la excusa perfecta para que los anfitriones den muestra de su vastedad. Se sienten cómodos en la magnificencia.

Algo está claro: no será un torneo más. No pasará inadvertido. "Sería el Mundial más escandaloso de la historia si no fuera por el próximo", apuntó el politólogo Andrés Malamud, en una entrevista reciente con la nacion. La afirmación tiene sus fundamentos: el 2 de diciembre de 2010, la FIFA decidió elegir dos sedes en un mismo día, y ahí surgieron los Mundiales de Rusia y Qatar. Con Inglaterra y Estados Unidos fuera de combate, las sospechas se posaron sobre el organismo, con filtraciones de compras de voluntades y sobornos millonarios. Putin y los jeques qataríes no gozan del aprecio en Occidente, y tanto sus gobiernos como sus leyes siempre están bajo la lupa. Además, los últimos sponsors que sumaron a la carpeta de patrocinadores de la FIFA no ayudan a apaciguar la desconfianza.

"Salvo que seas de China o de un lugar así, donde el hecho de que la FIFA comparezca ante los tribunales en Nueva York y esté asociada a la corrupción no importa, ninguna corporación considerará involucrarse", explicó un especialista en patrocinio deportivo citado por The New York Times. Si a eso se añaden el doping como política de estado en el atletismo ruso y las denuncias de ONG laborales que recaen sobre Qatar y su "kafala" (el sistema obliga a los trabajadores inmigrantes a tener un responsable de su condición jurídica, a quien le entregan su documento), el cóctel potencia el recelo internacional.

En diciembre pasado, con la nieve cubriendo las calles de Moscú y el mundo del fútbol tomando por asalto el Kremlin, Putin fue mucho más que el presidente de la federación. Fue el anfitrión que organizó y controló el sorteo del Mundial. Se mostró junto a las estrellas -su fotografía tomando de la mano a Pelé y abrazado a Maradona dio la vuelta al mundo- y después le marcó los tiempos de la ceremonia a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA. "Nuestro país está esperando el Mundial y lo celebrará en un nivel altísimo. Estamos seguros de que el Mundial será impactante. No solo verán a las estrellas del fútbol mundial, sino que también conocerán la historia y la cultura rusa, y la hospitalidad de este pueblo", dijo, minutos antes que se conocieran los rivales de la Argentina en lo que será el torneo más vigilado de la historia. Una suerte de Gran Hermano ruso que todo lo verá y que obligó a tener un identificador de fanáticos (Fan ID) como si se tratara de una visa ad hoc. Y con un pedido expreso del gobierno a las fuerzas de seguridad: deberán proceder con "cuidado y sensibilidad" y con "proporcionalidad" en el accionar. Todo en un mundial donde estarán latentes la violencia hooligan y la amenaza terrorista, tanto interna como externa.

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