Raphael sigue siendo aquél

Raphael, en el Luna Park
Raphael, en el Luna Park Crédito: Diego Spivacow / AFV
Cecilia Martínez
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1 de junio de 2018  • 03:38

Igual que ayer e igual de loco por cantar, como lo dicta la letra de uno de los nuevos temas de su último disco, Infinitos Bailes, con el que abrió la noche, Raphael desplegó su encanto de enérgico alarde interpretativo y vocal en un Luna Park lleno y en comunión con el legendario artista.

Los 5000 espectadores reunidos en este segundo show del músico en Argentina, tras su paso por Tucumán, lo aplaudieron de pie en las casi treinta canciones del repertorio que el español entregó a su público.

Una selección de composiciones de su nuevo álbum, en el que trabajó con artistas de generaciones más nuevas como Mikel Izal, Iván Ferreiro o Enrique Bunbury, fue el anteplato de una noche repleta de hits en la que este artista que no pasa de moda volvió a enamorar a sus seguidores.

A sus 75 años, Raphael sigue entonando con la frente; cantan sus cejas y comisuras; el sonido le brota de la pelvis, le recorre los hombros. Su distintivo dominio de la escena actoral sobre el escenario, intacto, sigue cautivando tras 60 años de carrera y mantiene a este hombre, vestido de negro y de ademanes flamencos, como el reconocido ícono que es de la interpretación en vivo.

El cantante español, un loco por cantar
El cantante español, un loco por cantar Crédito: Diego Spivacow / AFV

El precursor de la balada romántica en habla hispana conserva la impronta vocal y la presencia del joven que en los '60 irrumpía con éxitos que ayer abrazó el Luna Park como "Mi gran noche" o "Digan lo que digan". Raphael sigue siendo aquél, aquel cantante de voz profunda que algunos bautizaron como "el Sinatra español".

Tras interpretar "La noche" y "Volver a nacer", el artista recordó que desde muy joven lleva cantando canciones como éstas, melodías que lleva en su "alma", dijo, y agradeció los aplausos de su público con reverencias y enseñando su blanca sonrisa.

Acomodándose por momentos su vigorosa cabellera castaña que esconde canas, "El niño de Linares", de la Linares natal donde comenzó a cantar con solo tres años en el coro parroquial, lo dijo él mismo tras interpretar "Yo sigo siendo aquél". "Soy el Raphael de siempre", afirmó y se puso a bailar en "Maravilloso corazón".

En compañía del piano, interpretó "Por una tontería", tema que remató en descarga eléctrica con batería, bajo y guitarras en una explosión tras la cual el cantante reapareció en escena luego de hacer un acting yéndose con su campera de cuero al hombro, y se sentó para continuar con "No puedo arrancarte de mí".

"Se lo debo contar al público: acabo de romper un aparato, ¡qué energía! Son las cosas del directo. Si fuera playback -hoy todo el mundo hace playback- esto no pasaría", contó como anécdota en medio del show, que prosiguió con temas como "Estuve enamorado" (que el artista cerró girando su brazo hacia atrás entregándose a un molinillo rockandrolero) y "La quiero a morir", que cantó rodeado, cuerpo a cuerpo, del trío de cuerdas que lo acompañó en el escenario.

Raphael conserva la impronta vocal y la presencia del joven que en los 60 irrumpía con éxitos como "Mi gran noche" o "Digan lo que digan"
Raphael conserva la impronta vocal y la presencia del joven que en los 60 irrumpía con éxitos como "Mi gran noche" o "Digan lo que digan" Crédito: Diego Spivacow / AFV

La contundencia de la banda se hizo notar de nuevo en "Adoro", antes del "paseito" que el español quiso darse por la cultura musical "de esta maravillosa tierra que es Latinoamérica". Dio inicio así a uno de los momentos más emotivos del encuentro cuando entonó en acústico "Gracias a la vida" a golpe de chacarera.

Raphael cantó luego con Gardel. "Aquí tengo una radio que es de cuando las radios ponían buena música", dijo mientras movía el dial de un antiguo aparato, casi de museo, del cual se desprendía la voz del emblema del tango. "Habla Carlos Gardel", decía éste en una vieja grabación radiofónica, en la que a continuación sonaría "Volver", tema que Raphael comenzó a cantar en vivo a dúo, jugando con el sonido de la radio, intercalando al tanguero en medio de la letra.

El clima de rancheras se hizo hueco con "Fallaste corazón", y volvió al tango con "Malena" y el folklore con "Gavilán", canción en la que el artista improvisó elegantes pasos de bulería. Continuaron clásicos como "Estar enamorado" y "En carne viva", y llegó "Escándalo", canción convertida en himno desde el 92 y que ayer interpretó con final rapero.

Con el público en el bolsillo, el músico -que vendió millones de discos a lo largo de su carrera, que ofrece unos cien shows anuales y que hace unos días recibió la primera distinción que la Legislatura de la Ciudad otorga a un artista como Huésped de Honor de Buenos Aires- se despidió con "Yo soy aquél" y con "Como yo te amo".

"Argentina, los quiero tanto. Y así será hasta el final", dijo al culminar.

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