Zidanes, Guardiolas y el arte de retirarse a tiempo

Román Iucht
Román Iucht MEDIO:
Zinedine Zidane anunció ayer el sorpresivo adiós en Real Madrid
Zinedine Zidane anunció ayer el sorpresivo adiós en Real Madrid Fuente: AFP
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1 de junio de 2018  • 08:08

Desde ayer a la mañana y al menos por algunas horas, el foco futbolero ha dejado de apuntar hacia la Copa del Mundo para mudarse a la ciudad de Madrid. El anuncio de Zinedine Zidane de su sorpresiva salida del tricampeón de Europa se transformó en un hecho novedoso y de alto impacto. Más allá de la danza de nombres que ya comenzaron a circular en torno a la sucesión y que ponen al argentino Mauricio Pochettino en la lista de de candidatos, resulta interesante analizar, o intentarlo al menos, cómo un líder puede abandonar el barco en el momento de mayor éxito y con un reconocimiento tan unánime como confortable.

Siempre se ha dicho, y así lo es, que el francés no es un entrenador especialmente "intervencionista". Sus planteos tácticos son clásicos y su influencia en el estilo de juego del equipo es la justa y necesaria. Pragmático y ganador, su equipo ya tiene ganado un lugar en la historia, más por la dictadura de los resultados que por la impronta de sus actuaciones. En cualquier caso, Zidane administró abundancia y eso implica tener un manejo de grupo tan preciso como el que exhibía al conducir el balón en sus tiempos de jugador. En la escasez se influye con determinación en aspectos del juego. En la acumulación de estrellas, es el equilibrio de fuerzas en la lucha de egos, lo que vuelve al entrenador un especie de balanza natural para que los egoísmos no descompensen al objetivo en común, que siempre debe ser el triunfo del equipo.

Los comentarios de Cristiano Ronaldo post partido, la imposibilidad de garantizarse el éxito eterno y el desgaste natural marcaron el fin de ciclo. En la cresta de la ola y con tres copas de Europa. Mejor, imposible. Lo que parecía eterno ya tiene escrito el final, porque el fútbol tiene sus propia lógica y sus tiempos específicos.

Guardiola y el Barcelona formaron una de las sociedades más fantásticas de la historia, pero desde un primer momento, Pep enfatizaba con absoluto recelo su idea de renovar los objetivos al final de cada temporada. Estuvo cuatro, pero jamás quiso estacionarse en la zona de confort que inconcientemente podía esmerilar su gen competitivo si el vínculo era más duradero. Su estadía en Alemania al frente del Bayern Munich se extendió durante tres años y aunque serán cinco los que permanezca en el City las razones para comprender la duración de ambos ciclos pasa por el desarrollo de su idea, su puesta en práctica y la búsqueda del título en Europa como obra cumbre. En Alemania los tres grandes del futbol español le frenaron el deseo, en Inglaterra dispondrá de más tiempo y más millones.

Cada entrenador maneja sus patrones de trabajo y desde allí surgen sus objetivos. Nadie puede objetar los siete años que Diego Simeone lleva al timón del barco del Atlético Madrid. Lejos del conformismo, cada temporada es un nuevo desafío y en la eliminación de la Champions y la obtención de la Europa League se aprecia el significado perfecto de la resiliencia aplicada al fútbol. Aquello de que "toda crisis es una nueva oportunidad" fue su frase de cabecera. El "Cholo" es feliz en el "colchonero" y la receta de un ciclo inoxidable parece ser su mejor conquista. ¿Hasta cuándo? Hasta que él lo decida. O en el mejor de los casos hasta que observe que las condiciones de trabajo y la atmósfera del vestuario se alejen del ideal.

Desgaste. Resultadismo. Presiones. Críticas. Todos términos que aplican al trabajo cotidiano del entrenador. En nuestro país resultan enemigos del largo plazo. En Europa los tiempos van de la mano de la apuesta y ésta se vincula directamente con la inversión de cada temporada.

El trabajo del técnico enciende la llama de la competencia desde el conocimiento y la sinceridad. Si el líder predice lo que ocurrirá y esto se vuelca al juego, los jugadores le creen. Si además no elude responsabilidades, toma decisiones y acude siempre a la sinceridad como procedimiento cotidiano, entonces además se gana el respeto. Ese combo garantiza un éxito y en su repetición llegarán los títulos.

Entonces el gran desafío será descubrir el momento exacto en donde todo se termina. Ese fue el último gran triunfo de Zidane.

Porque "ganar" es también saber retirarse a tiempo.

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