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Entrevista exclusiva

Mirtha Legrand: "A mí no me jubila nadie. Soy una señora grande, no vieja"

Pablo Mascareño
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3 de junio de 2018  • 00:48

Almorzando con Mirtha Legrand celebra hoy 50 años en el aire desde que se emitió, por primera vez, por la pantalla de Canal 9 bajo el mote de Almorzando con las estrellas, por iniciativa de Alejandro Romay, en aquel entonces propietario de la emisora. Y si esas cinco décadas sorprenden. Asombra aún más que su alma mater haya cumplido, el 23 de febrero último, unas envidiables 91 primaveras que su vitalidad y lucidez tratan de desmentir.

El 3 de junio de 1968 lloviznaba. Igual que en el momento de entablar esta charla con LA NACIÓN. "Me parece un milagro que el programa cumpla este tiempo en el aire. Llegué sin darme cuenta. Es algo fuera de lo común. Cuando Romay me lo propuso me pareció extraño. ¿Comer frente a las cámaras? Pensé que era imposible, muy difícil, y lo es, por cierto. En un momento de aquel primer programa, el mozo sirvió pollo. Daniel Tinayre, que era uno de los invitados, le dijo: ´Sírvale la pechuga, a ella le gusta esa parte´. Ahí me relajé, pensé que era como estar en casa", rememora una Mirtha asombrada por su propia travesía. Y vaya si es como estar en casa. La Legrand se mueve en el set de los almuerzos como si estuviese en su propio living.

MLDT, las iniciales en el felpudo del palier privado del piso de Avenida Del Libertador ya nos sitúan cartográficamente. Es acá. Un primer indicio de lo que veremos cuando se abra la puerta y veamos el exquisito diseño del departamento de la diva. Sin ostentaciones. Con buen gusto. Si no se mirase el cielo raso, carente de los focos televisivos, bien podría ser este lugar la perfecta escenografía de sus programas. A lo Tinayre y a lo Legrand. Tonos pasteles aquí y allá. La moquette impoluta. Una vela encendida. Se destaca el retrato de su hijo Daniel. Imágenes de toda la familia. Una gran pintura plasma a la actriz nacida en Villa Cañás. Flores. Y más flores. En un ambiente contiguo, el escritorio enmarcado por una tupida biblioteca. Objetos traídos desde diversas partes del mundo definen el eclecticismo. Cortinas descorridas desnudan ventanales que dan a la ancha avenida atestada en la hora pico del regreso a casa. Aquí arriba el ritmo es otro. Pausado. Casi pueblerino. El silencio convida. Elvira, la eterna asistente de la señora, nos pide que aguardemos. Nuestra entrevistada tardará los minutos protocolares necesarios, los justos para no ser descortés. Aparece sola en escena. Simpatiquísima. Pareciera que comienza el programa. Falta la reconocible melodía de Luis María Serra y la voz de la locutora Nelly Trenti anunciando a la anfitriona. Llega desde el amplio pasillo que da a las habitaciones. Impecable. La producción de fotos que enmarcará esta charla se hará en otro momento. Este es el espacio para el diálogo íntimo. Confesional. Sin embargo, tailleur, zapatos al tono, y una pashmina, hablan de un vestuario estudiado. Sorprende la distinción "de entrecasa" y se lo hacemos notar. "Hace mucho tiempo que no recibo a un periodista en casa. Me vestí así para usted". Touché. Legrand en estado puro.

Soñar no cuesta nada

MIrtha Legrand, en 1972, antes de empezar su programa
MIrtha Legrand, en 1972, antes de empezar su programa Fuente: Archivo - Crédito: LA NACION

Alberto Migré, Duilio Marzio, Leopoldo Torre Nilsson, Beatriz Guido y su marido, Daniel Tinayre, fueron los primeros invitados. "Tuve muchas críticas cuando comencé. Una actriz puesta a conductora, casi en un rol periodístico, era lógico que despertara recelos. En ese momento, fui muy censurada. Eran tan fuertes las críticas que estuve a punto de dejar". Siempre atenta a su agenda social, luego del debut, Chiquita se fue a tomar el té con sus amigas. En medio del convite, Romay la telefoneó y le comunicó el rating: "Supuse que me llamaba para decirme que me había ido mal. Debut y despedida, pensé. Pero no. Lo hizo para contarme que habíamos hecho unos 9 puntos de rating. Me pareció muy poco, no tenía idea de esas cuestiones. Alejandro me dijo que era un número fantástico. Ahí empezó la leyenda. Un sueño". Una fábula que hoy celebra los cincuenta años en el aire. En esta etapa, por la pantalla de El Trece. "Adrián Suar y Pablo Codevilla son encantadores conmigo. No me imponen nada y me dan libertad". El programa se emitió por todos los canales, menos por el viejo Teleonce y el actual Telefe. "Estoy muy emocionada por este aniversario, pero lamento tanto que no estén conmigo mi marido, mi hijo, mi madre. Es la vida".

Al poco tiempo de estar al aire, el ciclo ya tenía la estampa de su conductora. Será por eso que Daniel Tinayre propuso que comience a llevar el nombre de la diva en el título. No siempre fue igual. De las rosas rococó rosadas y de la vueltita quedó poco. Hoy el programa marca agenda y es referente del pulso nacional. Si se tiene ansias de ser alguien en la industria del espectáculo, llegar a la mesa de Mirtha, valida. Y si se es funcionario público, hay que ir preparado. Es muy probable que no se la pase bien ante las inquisitorias de la dueña de casa, sonrisita anestésica mediante.

-Mirtha, veinte años no es nada, pero cincuenta son un montón. ¿Cómo se hace?

-Este derrotero fue creciendo con alegrías, críticas, censuras, sinsabores. Con todo, jamás bajé la guardia. Hay que tener confianza en uno mismo y trabajar duro. Con los años, me fui perfeccionando. Cuando empecé no existía el Google, así que me sentaba a estudiar fichas. Lo que más me costaba era recordar los apellidos difíciles de la gente no famosa. El cuartito de producción era tan chiquito que solo entraba una mesa. Yo hacía la producción con mi equipo, igual que ahora.

-En todo este tiempo, no siempre permaneció en el aire.

-Estuve ausente unos años. Todos los gobiernos se metieron con mi programa porque es provocador y, a veces, molesto. Con los radicales no estuve prohibida, pero todos los canales eran del Estado y no me contrataban. Decían que no tenía que estar mi programa porque se comía en público cuando había tanta gente que pasaba necesidades. Pero que el pueblo viva bien es la obligación de un gobierno, justamente.

Susana Giménez, invitada al programa de Mirtha Legrand, en 1978 - Fuente: YouTube

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-A esta altura, ¿se considera periodista?

-No, soy conductora. Y eso es mucho. Es muy difícil conducir un programa con temas tan distintos; teniendo en cuenta que nadie le reste tiempo a otro para hablar; que todo sea armonioso; que sea entretenido para el público.

-¿Se siente querida por la gente?

-Muy querida. Lo que sucede en Mar del Plata cuando voy a los teatros o en la terraza donde hacemos el cierre del programa es maravilloso. Jamás pasé una situación incómoda. El público es muy amoroso conmigo.

La eficaz asistente, que ya es casi de la familia, llega con los individuales para servir el té. "Muy bien Elvira, hacen juego con mi ropa". Mirtha está en todas, celebra el detalle. Y Elvira sabe que esa pequeña decisión marcó una diferencia. "Si algún día Elvira regresa a su Catamarca, me voy con ella".

-¿Cómo toma que haya varios programas donde los invitados comen en cámara?

-Me molesta muchísimo. Se ve que da rating comer en televisión. Pero el nuestro es muy cuidado, no sólo desde los contenidos sino desde todos los detalles. Lo que sale al aire puede gustar o no, pero es impecable. Le rendimos pleitesía al televidente. Lo hacemos con respeto, cariño y educación. Me puedo equivocar, pero mi trabajo lo hago con profesionalismo. Mire, los viernes no salgo porque me quedo en casa estudiando el currículum de cada invitado; voy escribiendo mis preguntas; redactando mis comentarios.

-De alguna forma, usted ofrendó la vida a una profesión.

-Le voy a contar algo, tengo una tijera en la mesa de luz para recortar del diario los temas que me gustan. Y tengo la radio encendida toda la noche para estar informada, algo que debe ser malísimo. Vivo en función de mi trabajo.

Bajo un mismo rostro

"El público es muy amoroso conmigo"
"El público es muy amoroso conmigo"

Una Mirtha. Varias Mirtha. Se define como "un producto cinematográfico", pero domina la televisión como nadie. Se construyó a sí misma. Y fue mutando. De la conductora naif a la mujer incisiva que inquiere sin filtros. Tarea riesgosa. En tantos años de programas en vivo, muchos de ellos en forma diaria, es inevitable no cometer errores. El que esté libre que tire la primera piedra. Quizás a ella se le perdona menos. En la emisión del domingo 27 de mayo, se habló acerca de los rumores que catalogan de homosexual a Manuel Belgrano. "Es que tenía una voz finita. Le decían cotorrita. Pero yo sabía que era mujeriego. Eso fue todo".

-Pero usted dijo: "pobre"...

-Es que no me gusta que se manosee a un prócer, pero luego aclaré que no tengo nada en contra los homosexuales. El 99 % de mis amigos son homosexuales.

Otra de las metidas de pata recordadas sucedió cuando le dijo a la actriz Cecilia Rossetto que estaba "muy politizada" siendo una gran artista. "Desconocía que tenía un marido desaparecido. Un gran fotógrafo que incluso me había tomado fotografías a mí. La llamé el día del amigo para disculparme, pero no me respondió y nunca más la volví a ver".

Silvana Suárez, la invitada que se fue de la mesa de Mirtha - Fuente: Youtube

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-En los anales de la televisión quedará su diálogo con Silvana Suárez cuando se enojó y se levantó de su mesa. Le dijo que la invitó para tener audiencia.

-¡Y tenía razón! Estaba en América, durante la gestión de Eduardo Eurnekian y no me iba bien con el rating.

-Con Andrea del Boca también la pasó mal.

-Le pregunté al aire si estaba embarazada porque la noche anterior lo había escuchado por radio. ¡Me puso una cara tan rara! El tema era que su pareja no estaba al tanto. Luego la vi en un cementerio y la abracé. Me miró y se quedó sorprendida. Siempre le tuve cariño. Me decía tía.

El día que Mirtha Legrand descolocó a Andrea del Boca - Fuente: Youtube

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Otros momentos emblemáticos no salieron en vivo, pero se hicieron públicos. Como aquella vez que la cámara la tomó de perfil y paró todo enfurecida. Sus insultos se convirtieron en una frase de arraigo popular.

Los presidentes no se privaron de visitarla. Carlos Menem celebró su cumpleaños en su set y hasta bailó con una odalisca. Néstor y Cristina Kirchner la invitaron a El Calafate, desde donde se emitió el programa en vivo. "Conmigo, los Kirchner fueron muy generosos. Un verano, estaba en mi casa de Punta del Este y para mi cumpleaños me llamó Néstor para felicitarme. ¡Hasta me regalaron un cordero que no sabíamos cómo cocinar! Fueron, muy, muy, muy, cordiales. Más Néstor que Cristina. Pero después no me gustó el rumbo que tomó el gobierno".

-Invitar a Natacha Jaitt, ¿fue uno de los grandes errores de estos 50 años?

-Sí, pensé que era muy riesgoso, pero me insistieron y accedí. De todos modos, todos esos nombres que ella mencionó ya habían salido en portales. Me tomó de sorpresa en el aire, incluso toqué la campana en un momento para frenar la cosa. Y hasta golpee y dije que era la conductora. Pero luego vino el escándalo.

El descargo de Mirtha Legrand, tras los dichos de Natacha Jaitt

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La pícara soñadora

Años atrás, a la diva antes de salir al aire, le hacían los últimos retoques en su look
Años atrás, a la diva antes de salir al aire, le hacían los últimos retoques en su look Fuente: Archivo - Crédito: LA NACION

-Mirtha, ¿piensa en el retiro?

-Hace 20 años que digo que termino. En algún momento pensé que éste podría ser mi último año de carrera, pero no sé. Me cuesta tanto, tanto. Me siento fantástica. Estoy bien de salud, de mente, de memoria. El otro día estuve en la presentación de una marca y cuando terminó todo, le dije al público que después de haber caminado una pasarela muy extensa merecía una ovación. La gente se puso de pie y me aplaudió. Desde ya, caminé del brazo de alguien porque mi miedo es resbalarme. Todas mis amigas están operadas de cadera. A esta edad hay que cuidarse de eso.

-¿Pensar en el futuro es pensar en la vida?

-El futuro es la vida, pero yo estoy más cerca de la muerte que de la vida. Soy muy realista en ese sentido, aunque disfruto cada día y cada momento.

-¿Le angustia pensar en su propia muerte?

-Sí, un poquito sí. Dejar de ver a mis seres queridos no es grato. No me gusta hablar de esto.

El silencio se empodera y hasta la caravana de vehículos que surca Libertador parece hacerlo sigilosamente. Mirtha hurga en la taza de té, como queriendo encontrar la inexplicable explicación del final.

-Es la ley de la vida. Ya soy grande. Pero la verdad es que los tres hermanos somos un milagro de la naturaleza. Josecito es mayor que las gemelas y tiene un cerebro privilegiado. Y mi hermana, aunque está retirada, sabe todo. Ella es quien me marca los errores del programa.

-Más allá de cuestiones de calendario o ciclos biológicos. Se la ve espléndida. ¿Cómo hace, Mirtha? ¿No me pasa la fórmula?

-Hay que ser "gánico". Anoche me acosté a las dos de la mañana luego de ver Aída en el Teatro Colón y de invitar a cenar a mis amigos. Me gusta salir. Solo duermo un ratito de siesta para recuperarme. Pero hoy no dormí porque venía usted.

-Me hace sentir culpable...

-No se preocupe. Del sábado al domingo también duermo poco porque termino tarde el programa de la noche y al otro día tengo que hacer los almuerzos.

-Me imagino que la tarde del domingo es esperada para descansar.

-¡Para nada! Después del programa nos juntamos con Goldie, José y catorce o quince amigos a tomar el té acá mismo. Cada cual tiene su lugar. Eso sí, a las ocho y media les digo "taza, taza, cada cual a su casa". Me da mucho placer hacer todo eso.

-¿Cómo se cuida?

-Trato de mantenerme lo mejor posible. Hago kinesiología. ¿Sabe qué? Mi kinesiólogo me dice que lo mejor es caminar, pero yo no puedo caminar por la calle, entonces, doy varias vueltas por adentro de mi casa. Y cuento los pasos. Además, hago gimnasia con una pesa de un kilo en cada tobillo y levanto las piernas. Lo que más me preocupa es la movilidad. Cuando uno tiene muchos años, el problema es la movilidad. Y el cerebro. Por eso hay que tenerlo alerta.

-Está a la vista que usted se ocupa y preocupa por su interior y por su exterior.

-Soy coqueta por naturaleza. Me gusta estar bien arreglada. Como se imaginará, duermo sola. Pero todas las noches me perfumo, me cepillo el pelo, como si viviera mi marido y estuviera acompañada. Cuantos más años tengo, más coqueta soy. No hay que abandonarse, hay que quererse. A mis amigas las vuelvo loca, les estoy atrás para que no se abandonen.

A mi hijo no lo he olvidado nunca. ¡Jamás! Su sonrisa me acompañará siempre. A veces veo muchachos parecidos y eso me hace llorar

-Hace un momento, hablábamos de la muerte. Quizás para alguien creyente como usted tiene otro significado más apacible. ¿Conversa con Dios?

-Soy muy creyente, cada tanto voy a misa a San Martín de Tours, que es la iglesia donde me casé, pero no lo hago todos los domingos.

-No me respondió si habla con Dios.

-Hablo con mi Dios. No le pido nada. Ha sido muy generoso conmigo. No hay que tirar mucho de la cuerda.

-Dios da y quita. Desde luego, le dio mucho. Pero usted también sabe lo que significa atravesar pérdidas inconcebibles como la de un hijo.

-Yo utilizo mucho una frase: "Es la vida". ¿Y qué te queda? Llorar. Y recordar. A mi hijo no lo he olvidado nunca. ¡Jamás! Su sonrisa me acompañará siempre. A veces voy en el auto y veo muchachos parecidos a Dani. Eso me hace llorar. Hace poco fui a una reunión en el Hotel Alvear y había un chico muy parecido a mi hijo. Tan, pero tan parecido, que me acerqué y le pedí su teléfono para llamarlo y conversar. Me dio una tarjeta. La tengo arriba de mi escritorio. Pero aún no lo hice. No me atrevo.

-Se pierde a los padres y se es huérfano. Se va la pareja, y se enviuda. Pero ante la ausencia de un hijo, no hay una palabra que defina ese duelo.

-Es anti natura.

-Sueña con estar con su hijo.

-Prefiero no hablar tanto de Dani. Lo extraño mucho. Y a mí marido también.

-¿Qué otras situaciones la hacen llorar?

-Va a parecer demagógico, pero una noche me asomé a mirar la calle. Eran las dos de la mañana. Llovía fuerte. De repente, veo pasar un carrito lleno de cartones con un señor que lo empujaba y un niño agarrado de su cintura. Me dio mucha tristeza. Eso me hace llorar. Es muy injusto que eso suceda en nuestro país. Deberíamos ser 44 millones de millonarios. Tenemos todo para serlo.

La vendedora de fantasías

Mirtha Legrand, en 1971, en los estudios de Canal 9
Mirtha Legrand, en 1971, en los estudios de Canal 9 Fuente: Archivo - Crédito: LA NACION

"A mí me gusta ser Mirtha Legrand. Nací para esto. De chica, tenía una niñera que se llamaba Bruna y le pedía que me hiciera el moño más grande para destacarme".

-¿Usted es consciente de quién es Mirtha Legrand?

-Sí.

Tan consciente es que cuando viaja extraña el reconocimiento. Como aquella vez que en los Estados Unidos, la vendedora la trató displicentemente hasta que la reconoció, luego de haber visto una película suya en un cine para la colonia latina. "Yo pensaba, si esta chica supiera lo famosa que soy en mi país. Cuando me conoció, la cosa cambió. Me trató mejor".

-¿Qué es lo malo de ser Mirtha Legrand?

-Últimamente me han atacado bastante. Se han ensañado. Hay colegas que dicen barbaridades y nadie dice nada. De todos modos, hay cosas de las que soy responsable. Lo siento y lo creo así. Y he pedido disculpas.

-¿Qué quedó de esa niña con el moño más grande que llegó al estreno de Los martes orquídeas en tranvía?

-Quedó la ilusión. Jamás la perdí. Tengo una vida fantástica, maravillosa, perdurable. Llegar a esta edad y estar trabajando es insólito. Le agradezco al Señor todos los días. Disfruto mucho de mi vida, de mi casa, de mi trabajo, de mi familia, de mis amigos, de la posición económica que me brindó mi carrera. Pero sobre todo, disfruto de tener a Mirtha Legrand siempre conmigo.

Mirtha y Rosa María Juana Martínez Suárez. Las dos son una. Una factoría que se yergue con el respaldo de los cimientos de una vida intensa. Una vida, vivida. "Voy a las casas donde he vivido, a los colegios donde estudié. Le pido a mi chofer que pare para poder mirar todo. Soy nostálgica. Me gusta recordar las vivencias. Antes, me iba hasta Munro para ver los estudios Lumiton donde filmaba y recordar donde tomaba el colectivo. Has recorrido un largo camino muchacha".

-En ese largo camino vivió de todo. Y más de una altercado. Sucede aún hoy. De hecho, en las últimas semanas se vio involucrada en una polémica en torno a que no participará en las ternas de los premios Martín Fierro que entrega Aptra. ¿Qué sucedió realmente?

-Fue un mal entendido. Un día me llama Luis Ventura, presidente de Aptra, y me dice: "Mirtha, usted ha sido tan pero tan premiada que ya está por encima de todo. No puede competir más. Entonces le vamos a entregar el Martín Fierro de brillantes a modo de cierre y no va a estar más en las ternas". A mí me pareció muy bien. ¿Hasta cuándo iba a estar ternada? Tengo muchos Martín Fierro. No siempre he ganado, pero tengo unos cuantos. Me pareció atendible la idea. Y así quedamos. Yo voy siempre a la fiesta, es una gran ceremonia donde nos encontramos todos.

-Es decir que no hubo una omisión arbitraria, sino una decisión.

-Creo que Luis Ventura no lo explicó bien y muchos miembros de Aptra no sabían que yo estaba fuera de concurso. Lo que me molestó es que se dijera: "La jubilaron a Mirtha". Eso es despectivo, muy feo. A mí no me jubila nadie. Hay palabras que hieren, y hacen daño sobre todo en el tono con el que se dicen. "Es mayor, es vieja", eso no se dice. Soy una señora grande, no soy vieja. A mí no me resbala, me hace daño. Merezco respeto. He llorado mucho este último tiempo. Me han atacado demasiado.

-No hablemos de jubilación, pero cuando usted decida retirarse, ¿desea que sigan los almuerzos con otra conductora?

-No.

-¿Marcela, Juana?

-Marcela no creo que quiera y Juana ya lo hizo y no quiere saber más nada.

El día que Juana Viale condujo Almorzando con Mirtha Legrand - Fuente: YouTube

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Hoy, Almorzando con Mirtha Legrand celebrará sus 50 años en el aire con una celebración austera. Torta y brindis. No más. Al coincidir con la entrega de los premios Martín Fierro , el nieto de Mirtha, Nacho Viale, al frente de la producción del ciclo, decidió postergar algunas semanas el gran homenaje que se emitirá el sábado 4 de agosto y que incluirá un corto protagonizado por Laurita Fernández, Angela Torres, Marcela Tinayre y Juana Viale, recreando el historial del programa. "Es un placer trabajar con Nacho. Es muy inteligente, y me anima a hacer cosas que yo no me hubiese animado. Aunque también discutimos porque no quiero que me cambie mi estilo ni la fórmula del programa", confiesa la orgullosa abuela que nunca rehusó a trabajar en familia.

50 años de Almorzando: el video que emocionó a Mirtha Legrand - Fuente: ElTrece

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Ya es noche sobre Palermo. Pero la agenda de Mirtha sigue. Se acerca el momento de probarse el vestido que lucirá en los Martín Fierro. Y, más tarde, la llegada de la cosmetóloga. Antes de la despedida, ya de pie, confiesa: "Me gusta ser Mirtha Legrand. No la cambio por nadie. A Mirtha Legrand la he cuidado, la he construido, la he amado y la acompaño. Pero la Chiquita Martínez Suárez de Villa Cañás está adentro mío, no se fue nunca".

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