Los motores menos cool de la globalización comercial

Al igual que el contenedor, que agilizó e hizo más eficiente la logística global, blockchain se presenta ahora como una tecnología poco glamorosa, pero que puede cambiar la economía
Al igual que el contenedor, que agilizó e hizo más eficiente la logística global, blockchain se presenta ahora como una tecnología poco glamorosa, pero que puede cambiar la economía
Sebastián Campanario
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3 de junio de 2018  

A mediados de 1954, el carguero estadounidense Warrior dejó Brooklyn con destino a Alemania. Llevaba 194.582 ítems separados, que a su vez habían llegado al barco en 1156 envíos diferentes. Para entonces, dos tercios de los costos del comercio internacional correspondían a las tareas de carga y descarga de bultos, intensivas en mano de obra, con trabajos mal pagos y muy riesgosos. La tasa de robos y rotura de los objetos en tránsito era muy elevada.

En su libro The Box ("La Caja"), editado en 2006, el periodista de The New York Times Marc Levinson cuenta cómo esta ecuación cambió gracias a la iniciativa de Keith Tantlinger, un ingeniero nacido en 1913 en Orange, California, en una familia de granjeros. Tantlinger inventó los contenedores, con un sistema homogéneo de carga y descarga para trenes y camiones, lo que redujo en forma drástica el costo del transporte por mar y cambió el mapa económico global.

El libro de Levinson pertenece al género de la "microhistoria", que hace foco en algún elemento mundano, que tendemos a pasar por alto, pero con enormes efectos económicos. Para el autor, no fueron Internet ni el libre flujo de capitales financieros ni los contenidos de Hollywood los factores más influyentes en el proceso de globalización, sino esta ocurrencia mucho menos glamorosa y poco cool. Las "cajas grises" de metal de Tantlinger se masificaron en los 60 y 70, y a partir de allí la tasa de aumento del comercio mundial comenzó a crecer por encima de la del PBI planetario.

Como sucede con toda ruptura innovadora, los comienzos fueron arduos. Malcolm McLean, el emprendedor y magnate que contrató al ingeniero de Orange, debió pulsear con los sindicatos de los puertos, la corrupción de las aduanas y una amplia red de intereses económicos y políticos que vivían del anterior statu quo ineficiente y se oponían al cambio. Fue la urgencia por enviar material de guerra a Vietnam lo que terminó por coronar la eficacia del container.

La economía suele subestimar la importancia de las cuestiones de transporte y logística. Para Levinson, se trata de un pecado con raíces que vienen desde el origen: cuando David Ricardo escribió sus conclusiones clásicas a principios del siglo XlX, directamente consideró irrelevante el costo del transporte, y en lo sucesivo los economistas persistieron en la omisión.

El caso de la difusión del comercio en contenedores también se suele citar como típico del fenómeno de "dependencia del sendero": cuando un esquema ineficiente tiene su inicio en un mal diseño original, que luego se fue cimentando con externalidades de red o con incumbentes que sacan una tajada de esas ineficiencias, y por lo tanto también se vuelve difícil de desarmar. Una dinámica que también se conoce como "Qwertynomics", porque la historia del muy ineficiente teclado "Qwerty" con el que escribimos es paradigmática al respecto.

A medio siglo de la masificación del container, los costos de carga y descarga se redujeron, pero persiste en el medio todo un entramado de intermediarios, regulaciones y laberintos burocráticos que hacen que el comercio global sea menos fluido de lo que podría ser. Y mucho más costoso.

Un ejemplo concreto: en 2014, el gigante naviero Maersk, con operaciones en todo el mundo y oficinas centrales en Copenhague, Dinamarca, envió un container refrigerado de Kenia a Holanda lleno de rosas y de paltas. La compañía contabilizó a lo largo de la operación unos 30 intermediarios, entre personas y organizaciones, aduanas, bancos, etc. "Todo el papelerío y los procesos que son vitales para el comercio global también son sus principales obstáculos", sostuvo la firma en un reporte interno. La gran cantidad de idiomas y culturas que pueden estar involucradas en una operación es uno de los motivos por los cuáles la estandarización de este flujo se vuelve dificultosa.

Pero esto está a punto de cambiar. Lo interesante es que el nuevo meteorito tiene algunos aspectos comparables al anterior. Al igual que el container, blockchain es una tecnología poco glamorosa, que no todos miden en su justa dimensión, contra la cual luchan los intermediarios y que tarde o temprano necesitará una "señal" de algún jugador de peso para imponerse al statu quo. Así como en los 70 el gobierno de Estados Unidos inclinó la balanza a favor del contenedor, el uso de esta tecnología que promueve la descentralización por parte de grandes conglomerados incentivará, en algún momento, a otros jugadores de la cadena a involucrarse para no perder negocios. En una primera etapa, explican los expertos en el tema, al arranque es lento porque implica que se sienten en una misma mesa jugadores con incentivos opuestos y competidores. Pero una vez que se enciende el motor, el paso se acelera.

"Esta podrá ser la mayor innovación en la industria desde el container", sostuvo el mes pasado el analista Rahul Kapoor, de Bloomberg Intelligence en Singapur. Blockchain podrá validar en forma automática las distintas suboperaciones, con una combinación de contratos inteligentes y sensores (Internet de las cosas), que permitirán certificar con total precisión que la producción de un país llegue de manera inalterada al mercado demandante. A medida que se validan los pasos intermedios, se completan en forma automática los contratos inscriptos en ethereum u otro criptoactivo.

Para la Argentina, este fenómeno puede tener un impacto enorme. "Para un país que busca reinventarse como el supermercado del mundo, un elemento central en la estrategia de agregar valor a sus productos debe ser la perfecta trazabilidad de logística y abastecimiento; del campo a la góndola incluido su financiamiento. Puede verse como una suerte de denominación de origen controlada digital no falseable rigurosamente validada por los participantes en cada etapa", describe el economista Sebastián Resano, experto en blockchain, que trabaja en la empresa Kynetics.

En este sentido, la primera transacción de financiamiento para comercio exterior de la historia fue para una carga de soja de la Argentina a Malasia. Mediante la plataforma de blockchain Corda del consorcio R3, los bancos intervinientes lograron una reducción de 90% en el tiempo requerido para otorgar el crédito a su cliente. "Sumando tendencias y antecedentes, hay un creciente interés por contratos inteligentes respaldados por activos físicos almacenados en acopios regulados, lo que dará origen a una nueva especie de criptomoneda como la criptosoja", explica Resano.

Blockchain potencia el acceso a nuevos mercados para las economías regionales y disminuye el costo de financiamiento. "Por esto es crítico modernizar en la Argentina la ley de warrants que data de 1914. La regulación actual imposibilita a actores claves emitir certificados digitales, elementos de verificación fundamentales para nutrir a los participantes del ecosistema con información confiable y transparente en forma segura", remarca el economista.

Según un reporte del World Economic Forum de este año, blockchain tiene el potencial de agregar un billón de dólares ( trillion en inglés) al comercio internacional. Como decía la canción de Les Luthiers sobre un pueblo castigado del noroeste, "'Y al atardecer, llueven meteoritos".

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