La dimensión psicológica del ajuste

Martín Rodríguez Yebra
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2 de junio de 2018  

Mauricio Macri se resigna a meses críticos de recortes y sacrificio. Calcula cómo administrar una medicina amarga para que alguna mejora llegue a sentirse en el año electoral. Para eso bajó a su gabinete una orden perentoria: "Hay que demostrar que somos capaces de ajustarnos a nosotros mismos".

Se cansó de recibir un consejo: ¿por qué no achicar el organigrama récord de 20 ministerios? Sería una señal rápida de austeridad, que de paso permitiría concentrar funciones y lo expondría menos al karma de las decisiones contradictorias.

Macri se resiste con argumentos psicológicos más que contables o políticos. No es solo que les escape a los superministros. Se siente responsable de haber empujado a la función pública a ejecutivos y empresarios que debieron dejar altos cargos, vender acciones o meterse en complicadas ingenierías legales. "La chapa de ministro retribuye el esfuerzo", explica un hombre fuerte del Gobierno. Y resume el dilema moral del Presidente: "¡Cómo decirles ahora, después de todo lo pasado, que los degrada al título terrenal de secretario!"

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