Julián Jato: el discípulo de Federico Molinari, la promesa de la gimnasia artística

Discípulo de Federico Molinari, a los 18 años Julián Jato tiene objetivos concretos: crecer en la categoría de mayores es el mejor camino para llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020
Discípulo de Federico Molinari, a los 18 años Julián Jato tiene objetivos concretos: crecer en la categoría de mayores es el mejor camino para llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Olivia Díaz Ugalde
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3 de junio de 2018  • 23:10

Sus manos delatan trabajo. La fuerza en ellas acusa incesantes jornadas de entrenamientos. La piel que recubre las grietas que se forman entre los diferentes pliegues entre sus dedos, muestran una invencible corteza. Están pálidas, por las horas de magnesio que tienen encima. Y su esfuerzo se realza en forma de callos. Las manos son las herramientas del alma, se curten, sudan, se adaptan. Buscan, al igual que el alma, alcanzar un sueño.

Julián Jato tiene un sueño y un plan para alcanzarlo. A sus 18 años es la promesa de la gimnasia argentina. Este año comenzó a participar en la categoría mayores y así encaminar rumbo a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, su gran aspiración. Pero lejos de las presiones y con el disfrute a flor de piel, se apoya en Federico Molinari , su entrenador, y se levanta cada día para luchar por ese objetivo.

Su actuación en los Juegos Odesur permite soñar con un futuro auspicioso. Ganó una medalla de bronce en la categoría All Around por equipos, junto a Molinari, Nicolás Córdoba, Osvaldo Martínez, Daniel Villafañe y Santiago Mayol. Además, fue octavo en all around individual, séptimo en la final de suelo y 11° en arzones.

"Ahora viene el torneo nacional de clubes, después el Pre Panamericano (un torneo bastante importante porque sirve como clasificación para el preolímpico) y a fin de año, el Mundial de Qatar", detalla entusiasmado a LA NACION el atleta, quien todos los días se entrena en doble turno, menos los fines de semana que asiste sólo el sábado por la mañana.

El mundo de la gimnasia artística es estructurado, y Jato lleva una vida así. Sabe qué comer, cuándo y cómo entrenarse. Tiene un tiempo para todo. Sabe que no puede salir hasta altas horas de la madrugada, por eso organiza juntadas con sus amigos de toda la vida por la tarde, los sábados. Conoce a la perfección su cuerpo y sabe hasta qué punto exigirlo. Terminó el colegio con la modalidad a distancia para no llegar cansado a sus entrenamientos y poder estar enfocado. Desde los siete años que su pasión está dentro del gimnasio. Por eso, evita las improvisaciones, confía en su plan y avanza.

"Este año empezó la parte seria. La exigencia siempre es la misma, porque por más que sean competencias en juveniles o en mayores entrenamos al máximo, lo más fuerte posible y damos todo cada día para llegar de la mejor manera a competir. Pero creo que ahora estoy ganando mucha más experiencia, porque los torneos son mucho más importantes y hay muchísimo más nivel", explica el gimnasta con la mirada puesta en el horizonte.

"En estos torneos son chicos mucho más grandes que yo, de todo el mundo, con mucho más nivel y ya no depende todo de uno. Es mucho más complicado, pero esto me ayuda a seguir mejorando y a alcanzar tal resultado u objetivo. Esto es lo principal en estos primeros años en la categoría de mayores: ir ganando experiencia y confianza a la hora de competir. Porque no es poca cosa, son estadios mucho más grandes, con mucho más público, mayor nivel", detalla.

Los Juegos Odesur fueron mi primera competencia en mayores y me dieron una motivación muy grande. Molinari es casi como un segundo padre. Desde chico paso mucho tiempo con él"
Julián Jato

Pero para afrontar este nuevo desafío no está solo. Tiene a su lado a Federico Molinari, diploma olímpico en anillas en Londres 2012, y su entrenador desde hace once años. Junto a él dividen sus entrenamientos entre el gimnasio del Cenard y uno propio en Don Torcuato. Han tenido infinidad de viajes, y desde 2014 organizan concentraciones en los Estados Unidos donde también afianzan su relación. Conviven y ensayan en gimnasios rodeados de otros atletas donde comparten entrenamientos y experiencias. Jato en Buenos Aires se entrena prácticamente solo, en cambio allí tiene la oportunidad de superar sus rendimientos, e intercambiar ideas o conceptos, además de sumar experiencia y roce con la elite de la gimnasia.

"Es casi como un segundo padre, desde muy chico que paso mucho tiempo con él. Tenemos una muy buena relación, creo que es un gran exponente de la gimnasia argentina y es un orgullo que sea mi entrenador. Aprendo todos los días algo nuevo. Es una parte muy importante tanto en la parte deportiva como en la personal. Es alguien que ha tenido muchísimas competencias, y eso está buenisimo", describe. Y añade: "Somos de sentarnos a charlar, de preguntarnos cómo estamos. A la hora de la competencia siempre una palabra suya me ayuda, me tranquiliza."

De aquel chico que almorzaba en el auto, mientras se cambiaba e intentaba cumplir con las obligaciones del colegio, sin desaprovechar cada uno de sus entrenamientos, al joven profesional que es hoy. Con miras al futuro, no sólo dentro del gimnasio, sino también como nutricionista (carrera que comenzará con la modalidad a distancia a partir de mitad de año), han pasado largos buenos años. Jato agradece sus oportunidades y vive cada día en busca de su sueño.

"Si bien se siente como una responsabilidad, intento no tomarlo así. Trato de llevarlo más como una motivación para decir 'bueno están confiando todos en mí, me ven un gran futuro hay que aprovecharlo'. Y tomar toda esa energía para rendir. Por suerte me conozco y me siento cómodo y competitivo en todos los aparatos. No soy ni muy malo en uno ni excelente en otro. Esto me permite competir en 'all arounds' y sacar mejores puntajes. Pero también sé que me falta fuerza, por eso compenso con la parte técnica. Pero vamos paso a paso, ganando experiencia, yendo de a poco con los torneos, ganando confianza, y sabiendo que este es el camino."

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En 2012 alcanzó su primer logro internacional en categoría infantil, al coronarse campeón sudamericano, título que repitió al año siguiente en 'all arounds'. En el Panamericano de Sucre 2016 ya en la categoría juvenil, fue medalla de oro en paralelas. Ese mismo año en Cochabamba volvió a coronarse campeón sudamericano 'all arounds' por la misma categoría. Y en la edición de Mar del Plata 2017 alcanzó el título de campeón por su mérito individual en 'all arounds' y por equipos. Además de cosechar en las finales por aparatos dos medallas de oro, una de plata y una de bronce.

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