Contaminación por plásticos: el desafío de reducir su uso y aumentar el reciclado

Leo Lima (der.), uno de los fundadores de EcoInclusión, junto a un colaborador
Leo Lima (der.), uno de los fundadores de EcoInclusión, junto a un colaborador Crédito: Diego Lima
Es uno de los residuos más nocivos; cada argentino consume 42 kilos por año y hay poca conciencia sobre su impacto; los océanos son el mayor ecosistema afectado
Tais Gadea Lara
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4 de junio de 2018  

La cifra es alarmante: si no hay un cambio profundo, para 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos. Así lo reveló un reciente estudio del Foro Económico Mundial y la Fundación Ellen MacArthur. De hecho, más de 8.000.000 de toneladas de este material se arrojan a los mares cada año. A nivel local, según el censo "Basura costera 2017" de Vida Silvestre y Surfrider, el 82% de los residuos que se recolectaron en la costa de la provincia de Buenos Aires durante el año pasado fueron plásticos (ver aparte).

El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medioambiente, y el lema elegido por las Naciones Unidas para este año es "Un planeta sin contaminación por plásticos". Globalmente, representan el 10% de los residuos que se generan. En el caso de nuestro país, se calcula que un argentino consume 42 kilos de este material por año, mientras que en Japón son 54 kilos por habitante, y en Brasil, un promedio de 11.

¿Cuál es el impacto de la contaminación por plástico? ¿Qué medidas o proyectos se busca impulsar para reducir su consumo?

A pesar de que es un producto reciclable (a través de determinados procesos puede adquirir una nueva forma y aplicarse a otros usos), la tasa en la Argentina es baja: 225.000 toneladas recicladas al año sobre un consumo total de 1.613.000 toneladas en 2017. "Estamos trabajando al 50%. La industria del reciclaje de plástico está preparada para recibir el doble del material que el actual", advierte Sergio Hitbrecht, gerente general de la Cámara Argentina de la Industria Plástica (CAIP).

Por otro lado, la reciente aprobación de la incineración de basura en la ciudad de Buenos Aires despertó preocupación en las organizaciones ambientalistas por sus implicancias para el reciclaje. "El cambio normativo no prohíbe la incineración de residuos que tengan como destino el reciclado", explica Andrés Nápoli, director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), quien subraya el esfuerzo realizado para incorporar una cláusula que lo prohibiera, una iniciativa que no tuvo éxito.

La industria plástica nacional está conformada por 2800 empresas que emplean a más de 54.000 trabajadores, con una inversión de US$1.100.000.000 en los últimos cinco años y una producción de 1.342.000 toneladas por año, según datos de la CAIP. Casi el 50% de lo que se produce es para packaging y embalaje.

Una economía circular

Ante la contaminación y un reciclaje insuficiente, Magalid Cutina, coordinadora de Residuos Sólidos Urbanos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, subraya la importancia de "la promoción de la economía circular", a través del apoyo a las jurisdicciones provinciales (responsables de la gestión de los residuos en sus territorios), el fortalecimiento de la industria del reciclaje, la inclusión de los trabajadores informales y la concientización de los ciudadanos.

Para garantizar esa circularidad, los expertos coinciden en la necesidad de contar con una ley de envases bajo el principio de "responsabilidad extendida al productor", es decir que los envasadores asuman los costos y la gestión de los residuos.

"No estamos de acuerdo con las prohibiciones. Es necesario que se hagan cargo del envase posconsumo para promover el reciclaje", opina Hitbrecht, y argumenta: "La culpa no es del material. Los plásticos son un recurso cuando terminó su vida útil. Hay múltiples responsabilidades entre el privado que colocó el envase en el mercado y el municipio responsable de la gestión".

Para Jaquelina Flores, recicladora urbana y referente del Movimiento de los Trabajadores Excluidos (MTE), una ley de envases favorecería el trabajo de los cartoneros: "Se deberían fijar pautas para que todo se recicle con trabajo social e inclusivo, y evitar así la existencia de basurales a cielo abierto".

Al respecto, Nápoli es contundente: "Las empresas hacen en los países lo que se les deja hacer. Si hay políticas estrictas, plantean responsabilidad extendida y lo llevan adelante". Para el representante de la FARN, "la gestión integral de residuos implica una gestión política y un cambio cultural", que requieren normativas y la concientización y acción de la ciudadanía.

Cutina manifiesta la importancia de "contar con un estudio global de los residuos para su gestión integral". Esa carencia motivó a un grupo de alumnos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires a estudiar la contaminación plástica en las playas desde Villa Gesell hasta Mar Azul. Su jefe de trabajos prácticos, Diego Wassner, reflexiona: "Es un disparador para analizar luego la gestión de residuos local. Si no hay datos, no se sabe si se está gestionando bien. El objetivo es sostener esta investigación". En los siguientes meses se darán a conocer los resultados completos.

Los mares, en peligro

Según el ranking de contaminación plástica del mar publicado en la revista Science en 2015 y realizado en 192 países costeros, la Argentina ocupó la posición 28. "Más del 80% de los residuos censados durante los dos últimos años en la costa bonaerense son plásticos", asegura Verónica García, responsable del Programa Marino de la Fundación Vida Silvestre.

Una anchoa de banco estrangulada por una arandela de una botella de plástico, en la Bahía de Samborombón.
Una anchoa de banco estrangulada por una arandela de una botella de plástico, en la Bahía de Samborombón. Crédito: Gentileza Roberto Ubieta.

La falta de sistema de filtrado de ciertos pluviales que desembocan en el mar, especialmente en Mar del Plata, es otro factor sobre el cual alertan las organizaciones. Botellas, bolsas, tapitas y sorbetes son la basura protagonista de las mismas playas donde veranean miles de argentinos. "Eso luego afecta a la fauna marina. Las tortugas, el delfín franciscana, los peces y las aves tienen plástico en su interior", cuenta García. Y explica: "Con la acción del mar y el clima, este material se va fraccionando en pedazos más chicos que, de acuerdo con su densidad, flotan o se hunden. Por su tamaño y el olor que adquieren, son confundidos por los animales con su alimento y los ingieren".

La referente de Vida Silvestre recuerda las imágenes tomadas el año pasado por pescadores en la Bahía de Samborombón de anchoas de banco estranguladas por las arandelas de botellas plásticas. ¿Impacta esto en la salud humana? "Aún se desconoce el daño, pero hay especies comerciales, como los mariscos, que ya tienen plástico en sus tejidos, por lo que estaríamos comiendo plástico", analiza.

Una anchoa de banco estrangulada por una arandela de una botella de plástico, en la Bahía de Samborombón.
Una anchoa de banco estrangulada por una arandela de una botella de plástico, en la Bahía de Samborombón. Crédito: Gentileza Roberto Ubieta.

Consejos para la vida cotidiana

1- No aceptar bolsas plásticas. A la hora de hacer las compras, llevar bolsas reutilizables propias

2- Usar envases recargables. En lo posible, no comprar bebidas embotelladas

3- Elegir productos con el menor packaging posible. Intentar no comprar frutas ni verduras envueltas en plásticos

4- Optar por productos sostenibles en el tiempo. Por ejemplo, usar pañuelos de tela y evitar los descartables como sorbetes y cubiertos

5- Comprar productos empaquetados en cartón o vidrio. Son más fáciles de reciclar y si se eliminan inapropiadamente son mucho menos dañinos para el medio ambiente

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