El mito de los mundiales y la política: ¿los partidos sirven para tapar medidas polémicas?

Macri despidió al seleccionado que participará en Rusia; durante el mes de la competencia, el Gobierno cerraría el acuerdo con el FMI e irá a la carga por la reforma laboral
Macri despidió al seleccionado que participará en Rusia; durante el mes de la competencia, el Gobierno cerraría el acuerdo con el FMI e irá a la carga por la reforma laboral Crédito: Instagram
Alan Soria Guadalupe
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5 de junio de 2018  • 11:27

En 2006, durante el Mundial de Alemania, el presidente Néstor Kirchner se duplicó el sueldo, acordó pagar más por la importación de gas de Bolivia e impulsó en el Congreso la creación de superpoderes permanentes para el jefe de Gabinete.

En 2010, mientras el mundo miraba lo que ocurría en las canchas de Sudáfrica, el gobierno de Cristina Kirchner ordenó la intervención a una Metrogas en crisis tras las críticas de la empresa por el congelamiento de tarifas que imponía el kirchnerismo. Esa misma semana, la mandataria dispuso por decreto la sorpresiva renovación de puestos directivos en el Indec, en una movida que consolidó la intervención política en el organismo.

Cuatro años después, en medio del mundial en Brasil, el Gobierno anunció fuertes aumentos en el transporte público y en las naftas y el vicepresidente Amado Boudou fue procesado por corrupción en el caso Ciccone .

En unos días, cuando los televisores estén sintonizados en Rusia, se volverá a hablar de los capítulos más resistidos de la reforma laboral, que esperan ser tratados en el Congresoy del acuerdo entre el gobierno del presidente Mauricio Macri y el Fondo Monetario Internacional ( FMI ). También se debatirá en Diputados la despenalización del aborto.

Hay un mito que lleva años arraigado en la política argentina y que ilusiona a los dirigentes sin importar su partido. No hay pruebas de que la creencia tenga su correlato en la realidad, pero cada cuatro años su efectividad vuelve a ponerse a prueba. Los mundiales son la oportunidad perfecta para impulsar proyectos impopulares, promover cambios en el gabinete, cerrar acuerdos de beneficio dudoso y tomar medidas de las que mejor nadie se entere. Y todo para no pagar el costo político o reducir el impacto al mínimo posible.

¿Qué hay de cierto en ese mito? Nadie descubrió la respuesta aún, pero es un hecho que cuando la terquedad de los políticos se suma a la aparente creencia de los argentinos de que siempre nos están ocultando algo se termina por naturalizar lo incomprobable.

"Es algo que todo el mundo da por sentado y muchos actúan en consecuencia. No hay evidencia empírica de un solo caso en la historia de la galaxia en el que haya relación de causalidad entre el éxito o fracaso futbolístico y el éxito o fracaso político", dice a LA NACION Pablo Alabarces, doctor en Sociología.

El encuentro de Macri con la Selección

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Pero no importa. Igual, cada cuatro años se volverá a hacer la prueba. Basta que se acerque la fecha del torneo para que lluevan especulaciones de las movidas políticas que tendrán lugar durante ese mes, como si no se hubieran aprobado leyes o debatido medidas históricas en otros años. La aprobación de la última reforma de la Constitución, la estatización de YPF y de Aerolíneas Argentinas, el pacto con Irán o el pago a los fondos buitre para salir del default fueron discutidos lejos de las canchas.

Y en la historia argentina el listado es largo, desde el aprovechamiento de la última dictadura militar para intentar lograr cohesión social tras la victoria futbolística de 1978 o la renuncia del ministro de Defensa Germán López un día después de comenzado el mundial de 1986 hasta los aumentos de tarifas a los servicios públicos y la Marcha Federal, que ocurrieron durante los tres mundiales a lo largo de los gobiernos de Carlos Menem que, casualmente, un día antes de la final del torneo en 1998 convocó a un referéndum para su frustrada re-reelección.

También hay un caso emblema que escapó del contexto político del momento, como el operativo de mudanza de unas 100 familias a la Villa 31 en 2006, justo cuando la Argentina jugaba contra Holanda, en Alemania.

"Es tanta la gente que cree que el fútbol es una cortina de humo que van a conseguir que sea cierto, pero no es cierto. Y eso incluye a todos: oficialistas, opositores, opinadores y redes sociales. Lo más divertido es que todos los que afirman eso no van a estar distraídos. Entonces, ¿quiénes son los que se van a distraer?", se pregunta Alabarces, que se define como uno de los que estará pendiente de lo que ocurra a partir del 14 de junio.

Como él, son miles los que ya tienen en su calendario reservadas las fechas y horarios de todos los partidos. Es sabido que durante esos 90 minutos estarán completamente obnubilados pero eso no quiere decir, según el sociólogo, que la distracción dure un mes completo.

"Los que afirman ese mito no entienden que la experiencia cotidiana se pausa por 90 minutos. No es que durante el mundial se le va a dar un 12% de aumento a los empleados estatales [como propuso el Gobierno] y nadie se va a molestar. Vos podes estar muy feliz después de un partido, pero a los cinco minutos tenés que ir a pagar el gas. Listo, se terminó", sentencia.

En ese sentido, es difícil pensar que los que militan por la despenalización del aborto miren para otro lado cuando arranque el Mundial, más aún cuando el proyecto se votará en diputados un día antes del primer partido. Seguramente tampoco pasará con el debate de la reforma laboral, que alcanzará a todos.

Hay algunos, sin embargo, que también ven a los mundiales no sólo como una especie de manto protector, sino como una posta que marca un antes y un después en la coyuntura política. Tanto en el Gobierno como en la oposición hay una suerte de pacto subrepticio de comenzar a hablar de la campaña de 2019 después del torneo. Desde el mes pasado que el equipo de Pro evalúa comenzar a instalar a posibles candidatos en el interior después del mundial.

Otros, prefieren postergar el debate de medidas relevantes para que no los acusen de querer ocultarlas detrás de la pelota. Ese es el caso de la creación de la universidad para formar docentes que promueve el gobierno porteño. En el gabinete de Horacio Rodríguez Larreta se tomó la decisión de tratar el cuestionado proyecto en la Legislatura después de mediados de julio.

En la víspera de otro mundial que alimentará el mito un poco más, sin embargo, aparecen en la memoria casos en los que el fútbol sí pudo haber incidido en el humor social, como en 2002, cuando la Argentina estaba aún midiendo los efectos de la crisis y lo que menos necesitaba la sociedad era más frustración. Había confianza en la selección, pero todo se terminó en la primera ronda. Ese mundial sí que no ayudó.

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