Los mitos que rodean a la catedral de San Basilio

Iván de Pineda
Iván de Pineda LA NACION
(0)
10 de junio de 2018  

Fuente: AFP

En mi último viaje a Rusia todos se sorprendían al escuchar mi nombre. Claro, un nombre tan eslavo portado por alguien que viene de tan lejos.

No hubo persona que no me preguntara si tenía algún tipo de ascendencia rusa o eslava y, ante mi negativa, me miraban asombrados como si se tratase de algo fuera de lo común ya que este nombre es parte de la historia del país: así se llamaban, por ejemplo, personas de la talla del famoso Iván El Terrible o en el famoso cuento de León Tolstói, Iván El Tonto.

Pero detengámonos en el primero de los personajes porque su historia es tan fascinante como la historia del país. Y si están por viajar a Moscú no se pueden perder algunos de los lugares conectados con el otrora zar de todas las Rusias.

Para eso vamos a comenzar por el famoso Kremlin, haciendo nuestro ingreso por la puerta y el puente que cruzan las puertas Kutafya y Trotskaya, seguiremos derecho pasando el Palacio de los Congresos, a nuestra derecha, y nos daremos de lleno con el gran cañón del Kremlin.

Desde ahí podremos ver la plaza rodeada por algunas de las iglesias ortodoxas más importantes del país. Una de ellas es la que estamos buscando hoy, por la simple razón de que ahí está enterrado este famoso monarca ruso. Se trata de la Catedral de San Basilio, que con sus famosas cúpulas en 1990 fue incluida, junto con el conjunto del Kremlin, en la lista de Patrimonio de la Humanidad de Unesco.

Amado, odiado, pero, sobre todo, temido fue uno de los precursores del estado ruso y conquistador de extensos territorios. Su lucha constante con los boyardos dejó algunos épicos episodios sangrientos, cambiando la política del país para siempre.

Aquí nos encontraremos con un ambiente imbuido de la primera etapa de la era zarista, con un impresionante altar lleno de los famosos iconos rusos, donde uno tiene que alzar completamente la vista para no perderse de nada. Además, el intenso olor del incienso impregna todo el ambiente de especial misticismo.

Ahora volvamos sobre nuestros pasos, como si estuviéramos rebobinando la película para dirigirnos hacia el centro de la Plaza Roja.

Caminamos hacia el centro absoluto de esta enorme plaza y observamos la famosa Catedral de San Basilio de frente.

Las torres y sus coloridas cúpulas "acebolladas" son una de las postales más conocidas de la ciudad y el país y, como saben, esconden algunas historias dos de las cuales tiene a Iván el Terrible como protagonista.

La más conocida es esas historias cuenta que al ver la belleza de la Iglesia, Iván automáticamente mandó a cegar al arquitecto que la había edificado para que nunca pudiese volver a construir algo semejante.

También se dice que la construcción de la catedral fue ordenada por Iván para conmemorar la conquista del Kanato de Kazán.

La segunda tiene que ver con el nombre original con el que fue nombrada: "Catedral de la Intercesión de la Virgen junto al foso", aunque luego fue conocida por el nombre de San Basilio.

Esto tiene que ver con la persona a la que más le temía el poderoso autócrata: Basilio, un hombre santo que vivía y dormía en las calles y plazas, y que era el único que tenía la "valentía" de hacerle frente a Iván.

Predicciones y hechos milagrosos lo convirtieron en santo y fue enterrado dentro del complejo en una pequeña capilla donde se ofrecía una misa diaria que tomó tal dimensión que luego toda la totalidad del lugar fue nombrada popularmente en su honor.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?