"Estoy casada y me histeriqueo con un amigo hace 10 años: ¿debería hablar con él?"

Qué hacer cuando el coqueteo se sale de las manos y quiere convertirse en algo más
Qué hacer cuando el coqueteo se sale de las manos y quiere convertirse en algo más Crédito: Shutterstock
Consuelo
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4 de junio de 2018  • 16:58

Hola Consuelo,

Mi historia de amor histérico empieza hace más de 10 años. Yo trabajaba en una fundación política y él, joven economista, fue contratado para realizar una consultoría. Llegó desde otra provincia y yo fui designada como su anfitriona/compañera de proyecto.

Mi primera impresión no fue agradable. Era muy soberbio, pero absolutamente correcto y educado. Yo estaba acostumbrada a un trato un poco más informal y solía recibir piropos y chistes de mis compañeros de trabajo bastante a menudo. Estaba acostumbrada a que uno que otro se me enamorara, pero nada pasaba de la buena onda y camaradería. Yo estaba casada desde muy joven -lo sigo estando, con el mismo hombre- y tenía un hijo en preescolar.

A las dos semanas estaba total y completamente enamorada. Esperaba con ansias los días que él viajaba a mi ciudad y esas jornadas me quedaba todo el día con él en la oficina. Como el proyecto era bastante complejo, era habitual que nos quedáramos trabajando hasta tarde los dos solos. Compartíamos largas charlas en las cuales nos dábamos cuenta que éramos almas gemelas. Él había estado de novio con una chica, pero en ese momento estaba solo.

Nos reíamos al unísono, nos gustaban las mismas cosas, había magia en el aire cuando nuestras miradas se encontraban. Coqueteábamos de manera inocente, hasta que un día me decidí a exponer mis sentimientos. Se lo dije directamente, sin rodeos, como soy yo. Lo cité en un café lejos de la oficina y le conté que me gustaba mucho y que sentía que yo a él también. Él lo admitió y me dijo cosas lindas, pero que había decidido volver con su novia, ya que le habían dado un ultimátum de casamiento, y no quería perderla. y además, yo estaba casada. Esa fue la única conversación que tuvimos al respecto. Nunca nos dimos un beso, ni nos tomamos de la mano, ni nada.

La consultoría terminó, él volvió a su ciudad y yo quedé destrozada. Lloré a escondidas durante meses.

Me costó mucho volver a armar mi matrimonio, pero con voluntad, cariño y pasión lo logré. Durante 10 años lo borré de mi cabeza y de mi corazón. No le escribí, ni lo llamé, ni lo busqué en Google, a pesar de que en su ciudad tenía un trabajo bastante público y solía aparecer en las noticias. Nada de nada.

Hace dos años descubrí que tenía una cuenta en Twitter y lo empecé a seguir. Inmediatamente me envió un mensaje. Nada especial, un saludo de re encuentro amistoso. A finales de ese año se me presentó la oportunidad de viajar a su ciudad a un encuentro académico y me animé a escribirle un mail, preguntándole si iba a estar. Me contestó que no, que se había mudado a CABA. Me contó que seguía con la misma chica de hace años, pero que no se había casado ni habían tenido chicos.

Y así comenzaron los mensajes de WhatsApp. Primero uno cada semana, luego cada dos o tres días, hasta que se hizo algo cotidiano, como una conversación que se mantiene a lo largo de las horas. Nos hacemos chistes (bah, yo le hago chistes y él me los festeja), nos contamos anécdotas, nos pasamos papers y notas interesantes. Intentamos vernos más de una vez, pero por una cosa o por otra nuestras agendas no coinciden. Él tiene un apodo muy cariñoso para mi, y lo suele usar en nuestras conversaciones. También me envía audios, porque sabe que me derrite su tonada. Y en eso estamos, mandándonos mensajitos, varias veces al día, a 500km de distancia el uno del otro.

Yo no tengo otra relación parecida con ningún otro amigo, y me imagino que él tampoco la tiene con otra mujer. Pero creo que él no dimensiona lo que está generando en mí. O peor aún, lo sabe y -muchísimo peor aún- lo disfruta. Tengo miedo de enfrentarlo cara a cara, porque no sé cómo me voy a sentir, si voy a poder sostenerle la mirada. Cada vez que veo una foto suya en las redes mi corazón salta de alegría y puedo pasarme el día mirándola.

No sé dónde va a ir a parar todo esto. No se si alguna vez daremos otro paso, o si quedaremos así nomás, como buenos amigos que se gustan.

No le he contado a nadie de esto. Tengo sentimientos encontrados. Percibo que está histeriqueando conmigo, pero tampoco quiero cortarlo. Siempre le digo que nuestra relación es epistolar, muy del siglo XIX, y él se mata de risa.

¿Tengo que blanquear mis sentimientos con él?¿O le sigo el juego? ¿Y si se enoja y no quiere hablarme más? Es obvio que estoy en una situación de desventaja emocional... ¿se puede cambiar esto?

Agradeceré tus comentarios.

Cariños

La Amiga (38)

Estimada Amiga:

Con una historia de tan larga data es difícil (o más bien imposible) separar lo que de verdad hay en juego (lo que realmente sentís por este hombre) del peso simbólico que su figura ha adquirido en tu vida: ¿hasta qué punto es él lo que te motiva o representa, de alguna manera, el camino que no elegiste, lo que podría haber sido, la juventud, la libertad, una vida diferente que la que la elegiste como madre y esposa? Estas preguntas nunca tienen respuestas claras, pero al menos en mi experiencia vale la pena intentar hacérselas. También pienso en lo que el flirteo de este hombre puede representar hoy para vos: cuando una lleva mucho tiempo en una misma relación de pareja los comentarios juguetones de otro hombre nos vuelven a hacer sentir lindas, deseadas y sensuales. De ahí a confundirse eso con "un gran amor" hay solamente una tarde de lluvia medio romanticona. Así que yo primero intentaría desenredar un poco eso.

Si vos realmente querés que pase algo con él, vas a tener que avanzar: por supuesto, el riesgo es que se aleje y pierdas este jueguito que ya tenés. ¿Qué tan valioso es este jueguito para vos? Si realmente te divierte y lo valorás así como es, dejalo todo como está. Pero no parece ser el caso: creo que el asunto te divierte pero también te pone nerviosa. Así que si realmente te interesa, poné las cartas sobre la mesa. Me preguntás cómo revertir esta situación de "desventaja emocional": bueno, contarle lo que sentís no la revierte (más bien lo contrario: te deja super expuesta) pero al menos la modifica. No te quedás varada en la esperar y la incertidumbre, que a veces es lo más angustiante de todo. Si vos realmente fantaseás con tener algo con él, vas a tener que hablar claro.

Por otro lado, entiendo que seguís casada (ya sabrás que en esta columna no juzgamos a nadie, que para eso hay muchos espacios): creo que toda esta fantasía puede tener que ver con algo más amplio, con un deseo de explorar por fuera de tu matrimonio, dado que como me contás te casaste muy chica y quizás te perdiste esa "etapa de investigación" donde sí, flirteás con muchos tipos distintos y te sentís una diosa. Sos una adulta, y por lo que me contás tus hijos también son grandes ya. Esto es el siglo XXI: no necesitás una excusa ni un "salvavidas" para separarte y explorar. Animate a pensarlo y fijate qué sale.

Un cariño,

Consuelo

Consuelo estará disponible para resolver todos los conflictos digitales que lleguen a la casilla modalesdebolsillo@lanacion.com.ar , como comentario a esta nota o a la cuenta de Facebook de LA NACION. Si la consulta es comprometedora, cuidará el anonimato del remitente.

Por: Consuelo

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