Un día empezará el Mundial

5 de junio de 2018  • 23:59

"¿Y qué hacer cuando ya no hay tiempo?", pregunta el auditorio de Buenos Aires a James Kerr. El autor de Legado, gran libro sobre la construcción de los últimos All Blacks, responde que "si no hay tiempo hay que crear el tiempo". Y cuenta que un día, una fuerza de élite fue convocada a una misión urgente. Todo apremiaba. Sin embargo, antes que mostrarles por última vez el terreno, el jefe de la misión decide que sus hombres, profesionales curtidos, vayan al bar. Autoriza que tomen alcohol. Quiere que, simplemente, se relajen. Que se conozcan mejor entre sí. Que hablen de sus hijos, padres y parejas. Que profundicen vínculos, compromisos afectivos. Y que sepan entonces que, cuando defiendan al compañero, defenderán también a los hijos, padres y parejas de ese compañero, porque ya conocerán a cada uno de ellos por su nombre. Ante la imposibilidad de un entrenamiento más adecuado, el jefe apuntó al corazón colectivo.

Un documental mostraba años atrás cómo matizó su trabajo Alemania en el último Mundial de Brasil. Las imágenes mostraban tardes libres, golf, piscina, sol y hasta excursiones para conocer tribus del Amazonas. Fue la selección que terminó siendo campeona. Uno-cero a la Argentina de Alejandro Sabella. Si Argentina ganaba, esas mismas imágenes hubiesen sido utilizadas en sentido contrario. Como podrá suceder con la foto acaso inoportuna de Cristian Ansaldi en el jacuzzi con su mujer. "Si Ansaldi hace un buen Mundial van a decir que hizo bien y hasta podrían tomarlo como cábala", ironizó Jorge Burruchaga. Sabe de qué habla. En México 86, Carlos Bilardo, para disgusto del médico Raúl Madero, obligó a algunos jugadores a que volvieran a comer hamburguesas en Sanborn antes de cada partido en el DF. Lo habían hecho antes del debut. Y el triunfo obligó a repetir el rito. Bilardo, además, prohibía entrenamientos. Creía que era más importante descansar. Eso sí, su selección llegó a México casi un mes antes del debut. La Argentina de Sampaoli arribará a Rusia una semana antes de su partido contra Islandia.

No hay previas que garanticen triunfos. Aquella selección de Bilardo, sobrevivió en pleno Mundial a reuniones duras del plantel, sin la presencia del técnico, y con el propio Maradona reclamándole a sus compañeros que, si era necesario, "simplemente, no le tenemos que dar más pelota" a Bilardo. Ese asambleísmo constante terminó fortaleciendo al grupo. Y un momento que muchos consideran aliviador no fue en una práctica, sino en un cumpleaños, cuando Bilardo bailó desatado con Héctor Enrique y hasta Jorge Valdano, Daniel Passarella y Ricardo Bochini, los "bilardistas" del grupo, se unieron al canto de "boron bon bón, boron bon bón, es el equipo del Narigón", mientras el DT, desconocido, contorsionaba caderas a nivel del piso y todos estallaban de risa. La gran Holanda de los '70 llevó parejas de los jugadores a la concentración. Y Pep Guardiola, amigo de la no concentración y los días libres si huele desgaste, defendió su sistema cuando el Kun Agüero aprovechó y fue a Holanda a un recital de Maluma. El taxi que lo llevaba al aeropuerto chocó, el Kun se fracturó una costilla y estuvo dos meses parado. "Yo no soy la policía. Pienso que los días libres son para ser felices", dijo Guardiola en la conferencia de prensa siguiente.

Hoy se vive en las redes sociales. Sería entonces viral, y desataría un escándalo, la imagen de jugadores bromeando entre ellos y haciendo fila para pagar en un local al que habían concurrido en un día libre. Le sucedió a un gran equipo en tiempos pasados, cuando las fotos no eran selfies. Cuando también el dinero y la política influían, pero no arrasaban la opinión de los especialistas sobre cómo planificar la mejor preparación nada menos que antes de un Mundial, como sí sucedió en estos días. ¿Había sido necesario tensar la cuerda y jugar, a una semana del debut, en Jerusalén, justo en medio de las protestas porque Israel y Estados Unidos desafiaron resoluciones de la ONU que agravaron protestas en Palestina? Es cada vez más difícil cuestionar la política del gobierno israelí sin ser tachado de antisemita. Mejor acusar al otro de "politizar" el deporte. Ni siquiera darle voz. Y quejarse luego porque grita.

No es la de Argentina la mejor previa para un Mundial. Vaticano, Jerusalén, política, dinero, cambios de último momento, micrófonos enojados porque la competencia tiene derechos de exclusividad. Releo una hermosa carta que el DT alemán de Liverpool, Jurgen Klopp, le escribió semanas atrás a los periodistas ingleses. Les dice que no tienen por qué recordarle a su joven y promisoria selección que Inglaterra ganó su último Mundial en 1966. Que no tienen por qué actuar como "hinchas" ni esconder errores, pero les pide que comprendan que, seguramente, ayudarán al talento de sus jugadores si reducen la presión. No habla de Maradona ni de 1986, claro. Es Inglaterra. Klopp les dice que ayudarán a que el equipo "escriba su propia historia" si acaso quitan de sus teclados los números "1966".