La suspensión del amistoso con Israel es una victoria para el odio, el miedo y el terrorismo

Gabriel Chocron
Gabriel Chocron PARA LA NACION
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6 de junio de 2018  • 12:07

TEL AVIV.- El partido Israel - Argentina era una gran celebración deportiva, amén de la gran pasión que se siente en Israel por el fútbol, a pesar de estar lejos de clasificar nuevamente para un mundial. Una pasión que se vio expresada en el furor con el que miles de israelíes hicieron lo imposible por conseguir una entrada para el partido, que se agotaron en cuestión de minutos.

Sin embargo, un dirigente político sediento de protagonismo logró convertir esta fiesta deportiva en una victoria para el miedo, las amenazas y el terrorismo. Jibril Rajoub, actual presidente de la Federación Palestina de Fútbol, amenazó sin escrúpulos a los jugadores argentinos -y a Lionel Messi en particular- con que se convertirían en enemigos de los musulmanes en todo el mundo por participar en el amistoso contra Israel. Rajoub impulsó una triste campaña de intimidación y amenazas a los jugadores y sus familiares, hasta el punto de que sintieron miedo por su integridad física.

Es el mismo Jibril Rajoub que en el pasado ha dicho abiertamente que "si tuviera una bomba nuclear la usaría esta misma mañana" y que ha calificado los atentados terroristas palestinos como "actos de valentía". Este personaje es quien se ha adjudicado esta "victoria" e incluso apareció tras el anuncio argentino en una conferencia de prensa con un cartel agradeciendo a Lionel Messi.

Hay que recordar que el terrorismo palestino se ha cobrado miles de vidas a lo largo de los años. Entre ellas hoy vuelve a mi memoria la inocente imagen de Daniel Tragerman, un chico de origen argentino de apenas 4 años, que murió cuando un cohete disparado por terroristas palestinos impactó frente a su casa. Daniel, que idolatraba a Messi y no perdía la oportunidad de usar su camiseta con orgullo, hoy recibe -junto a las demás víctimas del terrorismo palestino - una bofetada a su memoria que debería servir como recordatorio de la importante lucha contra el odio.

Con el mismo "entusiasmo" que Rajoub reaccionaron los pro-palestinos que se encargaron de intimidar y amenazar a los jugadores argentinos desde Buenos Aires hasta Barcelona, hasta el punto de lograr que se sintieran inseguros de visitar Israel.

La cancelación de este partido es, además, una nueva muestra de una triste realidad que el mundo se empeña en no entender: los palestinos no creen en el derecho de Israel de existir como Estado y tampoco en la histórica y milenaria conexión del pueblo de Israel con su capital, Jerusalén.

Más allá de la opinión que cada uno pueda tener en el conflicto palestino-israelí, la cancelación de este partido es una victoria para el odio, el miedo y el terrorismo. El mundial todavía no empezó, pero la selección argentina ha perdido ya sus primeros puntos.

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