Una oportunidad detrás del conflicto de intereses

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
Los Jaguares regresan dentro de tres semanas a Vélez; la franquicia del Super Rugby mejoró notoriamente su concurrencia tras las últimas victorias
Los Jaguares regresan dentro de tres semanas a Vélez; la franquicia del Super Rugby mejoró notoriamente su concurrencia tras las últimas victorias Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
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6 de junio de 2018  • 23:59

Un nuevo conflicto de intereses asomó en el ámbito doméstico entre el rugby profesional y el amateur alrededor de la doble jornada que la Unión Argentina de Rugby (UAR) pautó para el sábado 30 de junio, con la disputa de dos partidos clave en frentes distintos pero en el mismo escenario: Jaguares-Stormers, por la puja para ingresar a los playoffs del Súper Rugby, y Newman-Hindú, por la final del Nacional de Clubes. Un programa que aparece muy atractivo, pero tiene sus cuestiones de fondo que fueron planteadas por todas las partes involucradas en una reunión que se celebró ayer en las oficinas de la UAR.

Desde Newman e Hindú se estima que jugar en el estadio de Vélez significa perder algunos de los valores que todavía conserva el rugby de clubes en la Argentina: el almuerzo previo de camaradería y el tercer tiempo. Pero que también hay otro inconveniente: dónde ubicar al numeroso público que irá a la final (Newman puede llevar unas 6 mil personas e Hindú, unas 3 mil), ya que al día de hoy, las mejores ubicaciones -una cifra cercana a las 20 mil- ya están vendidas para ver a Jaguares.

Desde la UAR también se esgrimen razones valederas: la final en Vélez está anunciada desde el 15 de febrero, y así se lo comunicaron a todos los clubes participantes en una reunión que se realizó en Hindú. Lo que pasó en el medio es que hubo algunos cambios de estadios. El principal -y es una gran noticia- resulta la gran actuación de Jaguares en los últimos partidos, lo que despertó también el entusiasmo del público que no es habitué al rugby.

Es cierto, además, que aunque nunca se estipuló el orden de los dos partidos, siempre se sospechó, al menos hasta hace unas semanas, que la final del Nacional de Clubes iba a jugarse como previa de Jaguares. Con razón también, Mario Ledesma quiere el césped impecable para un partido decisivo, el último en la Argentina antes de irse a jugar la clasificación a Sudáfrica.

Ante este intrincado escenario, la UAR buscó una salida que es la que se implementará finalmente si es que no sucede nada extraordinario en el camino: adelantar el partido de Jaguares para que la final del Nacional de Clubes se juegue a partir de las 17.20. En el horario se concentró otro de los incidentales: ocurre que otra de las quejas de los clubes era que no querían jugar a la noche -en un principio se hablaba de las 19- y menos en esta época del año, donde además del frío, anochece más temprano. Y hasta aludían algunas cuestiones relativas a la seguridad alrededor del estadio de Vélez, que en rigor de verdad, nunca se observaron en los encuentros de Jaguares, que suelen terminar cerca de las 22, con un grueso del público que se desconcentra a las 23. Sí existe la problemática que rodea y se presenta en todas las canchas de fútbol: los trapitos.

La irrupción del profesionalismo y, con ella, la de la alta competencia a nivel de clubes, siguen generando, especialmente, problemas de calendario y de superposiciones en el rugby argentino. Como no hay una decisión firme de dividir las aguas y de que algunas cuestiones dejen de pasar por el mismo sector de poder y por el mismo canal, estos cruces volveremos a verlos. Porque la realidad es que no está aún dado el contexto para encajar una competencia de clubes dentro de un negocio como es el Súper Rugby. La UAR, sin quererlo o queriéndolo, pretendió facilitar y duplicar el negocio. Y los clubes levantaron la voz tarde.

Es de esperar que todos estos cruces terminen aquí, que se piensen otras alternativas hacia el futuro, que no se mezcle más y que a cambio se empiece con el famoso y no realizado derrame (que no es éste, precisamente). Y que el sábado 30 de junio sea, finalmente, una gran fiesta del rugby argentino.

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