Claudio "Chiqui" Tapia: del sillón de la AFA a un atril de la ONU

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
Jorge Sampaoli y Claudio "Chiqui" Tapia
Jorge Sampaoli y Claudio "Chiqui" Tapia Fuente: Reuters
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6 de junio de 2018  • 23:59

Pasa solo en la Argentina, donde mandan las barras bravas y donde, por ejemplo, el público visitante no puede ir con regularidad a la cancha desde el año 2013. El presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia, casi como si estuviese en uno de los atriles de la ONU, se encolumnó detrás de la "paz mundial" para justificar la suspensión del amistoso entre el equipo dirigido por Jorge Sampaoli e Israel, en Jerusalén. Los dirigentes se dieron cuenta ahora de un conflicto al que cuesta encontrarle una fecha precisa de comienzo.

Hay que ser justos: también los jugadores, con Lionel Messi a la cabeza, son culpables. Parecen haber salido de su microclima de confort y haberse dado de nariz contra el mundo por las muestras del rechazo palestino al costado de un entrenamiento. Son los mismos que viven en Europa, que buena cuenta ya ha dado de cruentos atentados en los últimos años. Alcanzará con recorrer las principales ciudades. Barcelona, París, Londres. Sí, son los mismos. Seguramente, allí estaban. O cerca.

Varias horas transcurrieron desde que la AFA quedó mal con Israel, Palestina y el Vaticano. Y el reloj siguió corriendo hasta que Tapia llamó a una conferencia de prensa para... no contestar preguntas. Fue como aquel que quiere decir algo sin decir nada. O, lo que es lo mismo, como aquel que busca ocultar algo dando la cara. Nada que decir de las presiones políticas de un lado y del otro. Tampoco de los berrinches de un plantel que ya demostró que hace lo que quiere. A salvaguarda de las diferencias, claro, pero en correlato con eso de cambiar las sedes, va del Monumental al interior; se cansa de los viajes y vuelve a River; hasta que se da cuenta de que necesita el aliento de la Bombonera para clasificarse para el Mundial.

Aunque el plantel y el cuerpo técnico tengan gran influencia, la enumeración no exime de culpas a los grandes responsables del papelón: los dirigentes. De un lado a otro se destacan las buenas intenciones de "Chiqui" Tapia. Como también de su devoción por el seleccionado argentino (ver Pág. 3). Hoy parece no alcanzar. No alcanza. Viejos defectos de la antigua AFA salen a la superficie. Y otros nuevos aparecen flotando en aguas demasiados turbias. Siempre se identifica al fútbol como un deporte, como un juego en el que no hay que dramatizar ni asociarlo con cuestiones extremas. Y justo un dirigente del fútbol invoca a la "paz mundial" como un curioso justificativo.

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