El saludo a Messi, una idea delirante y los llamados de Netanyahu: la táctica israelí para no perder todo con la selección argentina

Crédito: Aníbal Greco
Andrés Eliceche
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7 de junio de 2018  • 11:23

BARCELONA.- Las dos dimensiones de la vida de la selección argentina laten a diario. De un lado se potencia el costado deportivo, al fin de cuentas el motivo central de todo este asunto llamado Mundial. Por el otro, una trama que nació como una oportunidad de negocios y se convirtió en un dislate geopolítico que arroja elementos sin parar. Llueve con ganas en la mañana catalana del jueves, tanto que Claudio "Chiqui" Tapia se levanta de la tribuna de la cancha 7 de la Ciudad Deportiva de Barcelona para guarecerse debajo del techo de un banco de suplentes. Los que se mojan son los que protagonizarán la historia desde el sábado 16, cuando debuten ante Islandia. Pero el tiempo de las luces, por ahora, los jugadores lo comparten con las sombras en las que se negocia lo que quedó del fallido amistoso ante Israel, que debía jugarse el sábado.

La selección se entrenó en Barcelona bajo la lluvia - Fuente: Télam

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Fuera de la vista de la prensa, en un sector reservado del campo de entrenamiento, un argentino espera para saludar a Lionel Messi. No se trata de cualquiera de los hinchas que montan guardia cada tarde en la entrada del hotel Sofía, donde reside la selección: es Ariel Raber, socio de Comtec Group, la empresa israelí que iba a organizar el partido en Jerusalén. No está allí por una selfie ni un autógrafo: busca hacer empatía con el capitán, factor clave en la disolución de la visita a Medio Oriente por el temor que todo el asunto le produjo. Quién sabe, tal vez más adelante... Al empresario lo acompañan tres personas que, como él, llegaron desde Israel el lunes a la noche para reflotar el partido. No solo no lo lograron, sino que tampoco acordaron con Tapia cómo resolver el tema. El miércoles, después de que el presidente de la AFA anunciara en conferencia lo que ya todos sabían, las negociaciones siguieron hasta tarde. Raber se comunicaba en todo momento con Danny Benaim, fundador y socio de la empresa.

El israelí, que había gestionado el contrato con la AFA cuando acordaron jugar el partido, mandaba desde Tel Aviv señales tácticas: su carta de negociación era que si no había acuerdo apelarían a la Asociación de Fútbol de Israel (IFA, por sus siglas en inglés), para que ésta reclamara ante la FIFA. La línea entre presionar y quedar en ridículo era muy delgada: en el acaloramiento de las discusiones se llegó a mencionar la posibilidad de que la demanda incluyera un pedido para que la Argentina no pudiera jugar el Mundial, Un disparate que, a esta altura, no podría prosperar de ningún modo.

Netanyahu pasó de estar a punto de tener la foto de Messi en el Muro de los Lamentos a quedar pagando ante todo el mundo.

Comtec no quería aceptar las condiciones de renegociación que le ofrecía Tapia por una razón mucho más política que económica: jugar un amistoso en una sede que no fuera Jerusalén y después del Mundial les sonaba a un vuelto después del costo que estaban pagando en su país. Hasta Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, estaba al tanto de lo que ocurría en Barcelona, teléfono mediante. Él, más que nadie, era la cara derrotada de esta historia: pasó de estar a punto de tener la foto de Messi en el Muro de los Lamentos a quedar pagando ante todo el mundo.

Chiqui Tapia y parte de la delegación, se protegen de la lluvia, durante el entrenamiento de esta mañana
Chiqui Tapia y parte de la delegación, se protegen de la lluvia, durante el entrenamiento de esta mañana Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco / Enviado especial

La cuestión del dinero, justamente, es lo que debe resolverse. La AFA ya cobró su cachet, parte de un negocio de englobaba alrededor de dos millones de dólares. ¿Devolver el monto que le correspondía? Más que eso, Tapia pretende encontrar esa fecha alternativa para jugar ante Israel. Incluso se especuló con que los partidos fueran dos. Como sea, agitación del asunto en FIFA o no, algo es seguro: cuando el Mundial ya sea historia, este asunto continuará. Porque las dos dimensiones de la vida de la selección no siempre caminan en paralelo.

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