Proyectos en stand by: cómo sobrellevar la incertidumbre económica

Ansiedad y angustia es lo que experimentan los que desisten de compras de inmuebles o emprendimientos
Ansiedad y angustia es lo que experimentan los que desisten de compras de inmuebles o emprendimientos Fuente: LA NACION
Sebastián A. Ríos
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9 de junio de 2018  

El jueves pasado, con el dólar asomándose ya con comodidad por encima de los 25,50 pesos, Ariel Peña decidió dar marcha atrás a un proyecto de años: dejar de ser inquilino y comprar su propia casa. El crédito hipotecario ya estaba aprobado, faltaban apenas algunos temas administrativos, pero el salto que pegó la divisa estadounidense a lo largo de mayo lo obligó a darlo de baja: "El monto del crédito se había depreciado tanto que me obligaba a que para cubrir el valor en dólares de la compra tenía que conseguir unos 30.000 dólares extras, algo completamente fuera de mi presupuesto", contó Ariel, de 38 años.

Su situación es hoy la de muchos que, a punto de concretar compras de inmuebles, viajes o emprendimientos, deciden poner en stand by sus proyectos. "La inestabilidad económica hace muy dificultoso armar proyectos racionales y coherentes integrados en un proyecto de vida", advierte el médico psiquiatra Juan Eduardo Tesone.

En esta situación, continúa Tesone, "la persona tiene la sensación de quedar flotando en una incertidumbre apabullante, siendo el dólar una variable más de todas las incertidumbres que confabulan para proyectarse en el futuro inmediato o a largo plazo".

La resultante sensación de estar boyando a la deriva en un mar del que se desconoce el sentido de la marea contrasta con la situación de seguridad, de estar emprendiendo un viaje hacia un puerto conocido, que alentó en los últimos meses a muchos a embarcarse en un proyecto que bien puede ser la compra de un inmueble -crédito hipotecario mediante-, la de un auto, un viaje al exterior o un emprendimiento. Con la necesidad de manejarse en estos casos con divisa extranjera como denominador común, el cambio de reglas del juego que supone la apreciación del dólar ocurrida durante mayo produce una sensación de inestabilidad que fácilmente se traduce en ansiedad y angustia. Y esto vale tanto para quienes dan marcha atrás a sus proyectos como para aquellos que aún hoy no saben qué decisión tomar.

Con la mirada fija en las pizarras de las casas de cambio -y en sus imágenes multiplicadas al hartazgo todo el tiempo en todos los medios-, muchos se preguntan si la jornada les dará una razón para seguir adelante o si habrá que poner el freno de mano. "Esta situación afecta a nivel emocional, ya que la incertidumbre por si se va a poder concretar o no la compra de la casa por el aumento del dólar genera un gran estado de ansiedad y de estrés, producto de que no alcanza el dinero del crédito y no se sabe cómo llegar al monto para concretar la operación", advierte el psicólogo Santiago Gómez, director del Centro de Psicología Cognitiva.

En muchos casos en los que la sensación de angustia y de ansiedad producto de la inestabilidad económica es alta es el cuerpo el que paga el precio, advierte Tesone: "La angustia, de por sí expresión de sufrimiento psíquico, puede traducirse en dificultades para dormir e impactar en el cuerpo. Es así como pueden presentarse síntomas psicosomáticos variables, que dependerán de cuál es el órgano de 'choque' preponderante en cada persona. Su expresión puede manifestarse ya sea en la piel, en el sistema cardiovascular, digestivo, etcétera".

Párate y mira

Incluso son muchos los que, aun contando con los recursos para dar el paso final que les permitirá concretar un proyecto, deciden ponerlo entre paréntesis por la incertidumbre de no saber qué pasará mañana con las diferentes variables económicas de las que dependen sus planes. Es el caso de Mariana Suárez, de 42 años, que a punto de cambiar de auto decidió aplazar la decisión: "Había juntado los dólares para cambiar el auto y pasar a otro ocho años más nuevo. Empecé a mirar y había algunos interesantes por esa plata, pero de golpe vino la corrida, el aumento del dólar y decidí esperar, guardar esos dólares por las dudas hasta ver cómo sigue el tema laboral, ver si se ve afectado", cuenta Mariana, que asegura que lo que siente es angustia: "Tengo angustia no por el auto en sí, porque el mío viejito anda bien, sino por no poder proyectar, por quedar como estancada".

Otro de los proyectos dependientes del dólar que se vieron afectados son los viajes al exterior. "Estaba planeando algún viaje, que es algo que me gusta mucho, quizás a Europa o a Centroamérica, y aunque todavía no lo di de baja del todo, la suba del dólar insiste en desalentarme. La verdad es que no tengo ganas de hipotecarme la vida con algo que no se cuánto me va a terminar saliendo", cuenta Laura Salerno, de 44 años.

Javier Fez, de 42, también está en trámite de recalcular el destino de sus vacaciones familiares: "Desde hace unos años veraneamos en Uruguay, porque nos gusta, pero también porque nos resultaba mucho más barato que la costa argentina, pero con este salto del dólar creo que vamos a tener que replantear el destino", dice. Incluso antes de la escalonada pero imparable suba de mayo, Javier enfrentó los efectos de un dólar en busca de su techo cuando debió pagar en marzo los gastos en dólares de sus vacaciones de febrero a un valor más elevado que el previsto. "Lo más inquietante era rehacer la cuenta de los gastos cada vez que el dólar subía y la tarjeta seguía sin estar cerrada", recuerda.

Mariano Sabino, de 52 años, pateó para más adelante la edición de uno de uno de los libros de estudio que tenía en carpeta para publicar. "Edito libros en forma independiente y después de la corrida de mayo ni quiero preguntar a cuánto se fue el costo del papel, porque además sé que quizás me digan que ellos tampoco lo saben...", se lamenta.

"La suspensión del proyecto o sueño de la casa propia o del viaje soñado genera un estado de frustración y angustia, por no saber si se va a poder concretar y, si es así, cuándo va hacer", resume Gómez. Claro que no todos los casos tienen el mismo peso para quien ha debido desistir de sus planes: "Una dimensión especial alcanza cuando se ve truncado un proyecto de compra de una primera vivienda, fuente de ilusiones y proyecto de vida bajo un techo que no deje a la persona y su familia con la sensación de quedar a la intemperie -advierte Tesone-. En particular cuando la persona en función del monto de un crédito se había comprometido a un cierto valor y al momento de la compra la nueva cotización del dólar complica la compra o incluso lo obliga a suspenderla".

Traumas del pasado

"Sacá la plata del banco", recuerda que le dijo a su mamá Valentina Bauman, de 42 años, en uno de esos días del último mayo en los que el dólar alcanzaba "un nuevo récord". Valentina se encontraba fuera del país por un viaje de trabajo, y la noticia del alza de la divisa estadounidense le trajo a la memoria aquellos días de fines de 2001, principios de 2002, que en su familia dejaron secuelas de todo tipo.

"El ciudadano de cierta edad reactiva lo padecido en situaciones previas de inestabilidad, potenciándose la angustia actual, que se nutre no solo de la crisis actual, sino también de todas las crisis anteriores -explica Tesone-. Un temor difuso se propaga en el psiquismo de la persona. Este temor puede paralizarlo en su capacidad de reacción y hacerlo sentir impotente. Se requiere una gran capacidad de elaborar el efecto disruptivo, capacidad que puede ser variable. Pero se debe tener en cuenta que dicha capacidad tiene un umbral por encima del cual lo disruptivo se convierte en traumático, con serias repercusiones tanto en la psiquis como en el cuerpo de la persona".

Con la reciente escalada del dólar, afirma por su parte el médico psicoanalista Ricardo Rubinstein, "hay mucha gente que vuelve a sentir temor, desconfianza y desprotección. Esto reaviva viejos fantasmas ya vividos en ese terreno, y lo de 2001 es un ejemplo posible. Algunos buscan establecer diferencias, pero la realidad de la devaluación, el encarecimiento de productos y servicios, y el correlato del menor poder adquisitivo y la recesión alimentan un clima de tormenta en ciernes. Ante este panorama algunos sienten gran desilusión, otros se deprimen, otros tantos buscan proteger su capital, retirarlo del circuito bancario y esconderlo bajo el colchón, comprar dólares hasta que amaine..."

"La falta de salud económica va de la mano de la falta de salud emocional, y es difícil y artificioso separarlos porque la economía es, entre tantas cosas, un camino para concretar proyectos, alcanzar metas y aspirar a lograr con el trabajo una buena calidad de vida", concluye la psicoterapeuta Adriana Guraieb, quien aporta un consejo: "Ante estas adversidades es recomendable no sumar más problemas. Compartir con nuestros vínculos queridos -amigos, pareja, hijos, padres- ayudará a atravesar la penosa situación. Una buena comunicación que apunte a pensar estratégicamente en la solución del conflicto, si se puede compartir, funcionará como elemento protector frente a la desesperación y la incertidumbre".

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