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Detrás de la música

Kanye West: creaciones, excentricidades y despistes del rapero renacentista

Sebastián Chaves
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8 de junio de 2018  • 00:23

Dice Kanye West que se quiere mucho. Ya lo decía en The Life of Pablo, su inasible disco editado en 2016, y también lo repite en ye, su inconsistente disco editado el viernes pasado. Pero amar a Kanye como Kanye ama a Kanye no es tarea sencilla. Mucho menos para él, que convive con su genialidad y su ego las 24 horas. Porque además de los ocho discos de estudio que ha lanzado desde su debut en 2004 con The College Dropout, el marido de Kim Kardashian se ha desarrollado como una figura de innumerables facetas, una hombre del renacimiento para la era 2.0.

Nacido un día como hoy, pero de 1977 en Atlanta, Kanye Omari West, además de ser uno de los raperos más relevantes del siglo XXI es un talento en constante ebullición capaz de lanzar su propia marca de ropa (Yeezy) y anunciar su candidatura a presidente sin solución de continuidad. En el medio ha apuntalado la carrera de artistas como John Legend y Common desde GOOD Music, su propio sello discográfico; publicó su "libro" de filosofía por Twitter (la única red social que utiliza) y es personaje circunstancial de Las Kardashian, el reality show desopilante que protagoniza su mujer junto a sus hermanas desde 2007.

Kanye West en polémica por decir que la esclavitud es "opción"

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También, claro, ha tenido momentos de menor vuelo. El mes pasado, al poco tiempo de sacarse una foto apoyando a Trump, dijo en una entrevista que la esclavitud era una "elección" y completó su hipótesis cuanto menos extraña: "Es como si estuviéramos prisioneros de nuestros pensamientos. Me gusta la palabra «prisioneros» porque la esclavitud se une demasiado con la idea de los negros, así que la prisión es algo que nos une como una sola raza. Los negros y los blancos somos una raza. Somos la raza humana". Más atrás en el tiempo, allá por 2009, interrumpió a Taylor Swift mientras recibía su premio en los Video Music Awards para decirle que quien merecía la estatuilla era Beyoncé. De ahí en adelante, su cruzada contra la estrella pop creadora de "Shake it off" fue en escalada hasta encontrar su pico máximo de algidez en "Famous", el tema en el que Kanye West le dedica los versos: "Yo hice famoso a esa perra".

Kanye, su esposa Kim Kardashian y sus hijos North y Saint; este año nació su tercer hijo, Chicago, concebido por un vientre de alquiler
Kanye, su esposa Kim Kardashian y sus hijos North y Saint; este año nació su tercer hijo, Chicago, concebido por un vientre de alquiler Crédito: new york times

Conforme su megalomanía se engrosaba, también lo hacía el nivel de su obra. En 2010, editó My Beautiful Dark Twisted Fantasy, hasta ahora su trabajo más logrado y una de las grandes joyas del hip hop en toda su historia. Allí, no solo sus rimas y sus collages sonoros logran una alquimia impecable, sino que desarrolla un costado cancionero de alta factura, sobre todo evidente en la balada "Blame Game", con un piano a cargo de Aphex Twin y la colaboración de John Legend. Tres años más tarde volcaría todo el ego a su obra en Yeezus, un ensayo de época de alta intensidad que cuenta con la participación de los miembros de Daft Punk en varios temas. Desde la desmaterialización del arte de tapa hasta la agresividad de su flow y el sonido de los sintetizadores, Kanye West propone un hip hop industrial y juega, literalmente, a ser Dios: en los créditos de "I am a God" ("Yo soy un Dios") se menciona la colaboración de Dios, que no es otro que él mismo. Pero el clima opresivo del álbum subraya más las preocupaciones que los beneficios de ser un todopoderoso, algo que desde entonces parece definir su propia vida. Sobre todo en el último tiempo, Kanye es una estrella apabullada por la fama, una mente brillante que se oscurece con los flashes.

Testeando el límite de su creatividad, en el ya mencionado The Life of Pablo desafió el concepto de disco tal y como lo conocemos desde la década del 50. Como si se tratara de un work in progress constante, Kanye aprovechó la maleabilidad de las plataformas de streaming y fue "corrigiendo" el disco incluso después de editado. Hasta tres meses más tarde, los temas entraban y salían de la lista a su propio antojo, en una dinámica que parecía no iba a tener fin, hasta que él mismo así lo deseara. Consumido por sus obsesiones, la gira presentación fue todo lo accidentada que se preveía: su psiquis no resistió más y tuvo que internarse tras un colapso mental del que todavía hoy se escuchan los ecos.

"Odio ser bipolar, es grandioso", dice la portada de ye, el reciente disco de estudio de Kanye West compuesto por apenas siete canciones y menos de 24 minutos de duración. La inscripción, un chiste bastante trillado, por cierto, se lee sobre una foto de las montañas de Idaho que él mismo sacó desde su celular cuando iba en camino a la fiesta-presentación del álbum en Wyoming. Además de mostrarse como diseñador DIY, el rapero criado en Chicago le ofreció a los nativos digitales una plantilla irresistible para nuevos memes. Y aunque la fragilidad de los temas, que por momentos parecen captar lo más profundo de la configuración mental del Kanye modelo 2018, no hace más que confirmar que, en los últimos años, el texto (su obra) es bastante menos congruentes que el paratexto (formatos, portadas, créditos, declaraciones, puestas en escena). Todavía hay lugar para momentos de lucidez y ego desmedidos. "Déjenme dejarles bien en claro / No acepto consejos de gente menos exitosa que yo", rapea con su flow robusto en "No Mistakes", mientras un aire gospel (uno de sus grandes fetiches) intenta aportar un color amigable.

En Wyoming, en la fiesta privada en la que Kanye West presentó ante amigos e invitados VIP su nuevo disco, ye
En Wyoming, en la fiesta privada en la que Kanye West presentó ante amigos e invitados VIP su nuevo disco, ye Crédito: new york times

Como si ye fuera su propio reality, Kanye muestra cómo su andar errático repercute en su familia. "Dije que la esclavitud era una elección (...) Ahora estoy en cincuenta blogs y recibiendo cincuenta llamadas / Tengo a mi mujer gritándome, diciendo que podemos perder todo / Tuve que calmarla porque no podía respirar / Le dije que podía dejarme si quisiera, pero no lo va a hacer", canta en "Wouldn't Leave". Pero si hay versos que dan cuenta de cómo intenta lidiar con su lado oscuro son los de "I Thought About Killing You", el track inicial que retoma el título de su disco de 2010: "Los pensamientos más hermosos siempre están al lado de los más oscuros / Hoy pensé seriamente en matarte (...) También pensé en matarme a mí mismo / Y me amo a mí mucho más de lo que te amo a vos, así que...".

La brevedad y el carácter irresuelto de ye puede explicarse porque, según declaraciones de su creador, forma parte de una proyecto más grande, que irá publicando durante los meses siguientes. Claro que es factible que eso quede en la nada y su próximo volantazo puede llevarlo por otros rumbos, porque, en sintonía con el proceder de Prince, mira siempre hacia adelante y muestra un compromiso sin igual con su obra. Kanye West y su universo creativo son modelos para armar, sólo que aquí las piezas que cambian de forma aleatoriamente y el rompecabezas traza su propia lógica minuto a minuto.

El rapero, en llamas
El rapero, en llamas Crédito: new york times

Kanye más allá de los discos

El tuitstar. En 2016, Kanye publicó una seguidilla de tuits cuyas letras iniciales dejaban leer, de arriba hacia abajo: "I'm Lord Voldemort" ("Yo soy Lord Voldemort", el villano de Harry Potter). Magia negra en 140 caracteres.

El diseñador. El interés de Kanye por la moda no es nada nuevo. Primero trazó distintas alianzas con Adidas, Nike y hasta Louis Vuitton para desarrollar sus modelos de zapatillas, después fundó Yeezy, su propia marca de ropa, que sigue siendo una de las que más atención acapara en el New York Fashion Week.

El descubridor. Así como cada disco de Kanye es también su nueva excusa para mostrar los jóvenes talentos que recluta para su sello, con su línea de ropa descubrió el talento de Virgil Abloh, un pasante que hoy es CEO de la marca Off-White y una de las cien personas más influyentes del mundo según la revista Time.

El empresario. Además de su propio sello GOOD Music, que trabaja en asociación con Sony, Kanye invirtió fugazmente en la industria gastronómica y actualmente es uno de los co-propietarios de Tidal, el servicio de streaming fundado por Jay-Z y que hoy es una de las principales competencias de Spotify.

El político. El chiste del músico que quiere ser presidente se renueva en Estados Unidos como un ciclo que no tiene fin. En 2015, Kanye se sumó a la moda y se posutló para 2020. Con el triunfo de Trump, postergó su candidatura para 2024 y desde entonces ha apoyado fervientemente la gestión del actual presidente republicano.

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