Reseña: Yeruldelgger. Tiempos salvajes, de Ian Manook

El detective de novela negra que faltaba
Felipe Fernández
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10 de junio de 2018  

Si algo le faltaba al género policial para confirmar su definitiva globalización era un detective mongol. Pues bien: Yeruldelgger, el comisario creado por Ian Manook (seudónimo del escritor francés Patrick Manoukian), ha venido a llenar ese hueco.

En Yeruldelgger. Tiempos salvajes -la segunda novela que lo tiene como protagonista- el autor construye una trama de lo más enmarañada que se inicia en la estepa mongola, con un jinete y un caballo aplastados por un yak caído del cielo. La investigación de esta y otras muertes es llevada a cabo por la inspectora Oyun y Yeruldelgger, que van reuniendo pistas y arriesgando sus vidas en toda clase de peligros.

Un nuevo giro argumental se produce con el descubrimiento de los cuerpos sin vida de unos niños en un contenedor del puerto de El Havre.

Manook condimenta su thriller con mucha acción y abundante color local. En los nutridos diálogos se conversa de todo: incluso el yak caído del cielo da pie para unos párrafos dedicados a Un cuento chino y otras películas argentinas.

La vida privada de los protagonistas ocupa un lugar importante. Se habla del vínculo amoroso entre Yeruldelgger y la forense Solongo y, por supuesto, de que el comisario es un monje del séptimo monasterio de Shaolin.

Con todos estos ingredientes el libro avanza, falto de sutilezas. Su marea caótica, interminable, favorece involuntarios efectos surrealistas, como si en algunos pasajes el inspector Maigret se hubiera disfrazado de Genghis Khan o viceversa.

Yeruldelgger. Tiempos salvajes

Por Ian Manook

Salamandra. Trad.: José Manual Fajardo466 págs./$535

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