Una diplomacia que rara vez transita por los carriles habituales

Catherine Lucey
Zeke Millero
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8 de junio de 2018  

WASHINGTON.- Intimidó a su par mexicano por el financiamiento de un muro fronterizo. Le tiró estadísticas al líder canadiense sin verificar los datos. Engatusó a la premier británica para reprimir a manifestantes. Tuvo un tête-a-tête con el jefe del Kremlin por capricho. Intimó con el presidente francés por un tema de desfiles militares.

Cuando interactúa con los líderes mundiales, la diplomacia del presidente estadounidense, Donald Trump, rara vez transita por carriles normales.

Ante la inminente cumbre con el líder norcoreano Kim Jong-un, el historial de Trump en la escena internacional permite suponer que tratará de cautivar al dictador en pos de un acuerdo que pueda presentar como una victoria, aunque sea más de apariencia que de políticas concretas. Y lo que nunca se puede descartar del todo es que simplemente a último momento se retire.

El impredecible estilo de negociación de Trump puede verse en todo su esplendor en los preparativos para la histórica cumbre que se realizará el martes en Singapur.

Tras ridiculizar durante meses a Kim como "el hombre cohete" y alardear sobre el tamaño de su botón nuclear, en los últimos meses Trump cambió el tono, lo que abrió la puerta a una posible amistad y a una reunión sin precedente.

Incluso cuando Trump dio un paso atrás en las conversaciones habló de la construcción de un "diálogo maravilloso" entre los dos líderes.

Y ahora que se reanudaron las negociaciones está dejando a un lado la frase "máxima presión" que acuñó para describir sus sanciones contra el norte.

Mientras se prepara para las negociaciones con Kim, la actitud declarada de Trump de "Estados Unidos primero" cada vez más se parece a "Estados Unidos solo".

Su entusiasmo por un acuerdo desconcertó a Japón y Corea del Sur. Y en todos lados su ruptura de acuerdos comerciales y su imposición de aranceles para proteger las industrias de acero y aluminio estadounidenses enfurecieron a sus socios históricos.

Un tema predominante del presidente Trump en política exterior durante sus primeros 18 meses es su voluntad de hacer todo para cumplir con sus promesas nacionalistas de campaña, aunque eso decepcione a sus aliados.

"Simplemente no le importa demasiado", dice Ian Bremmer, columnista de asuntos exteriores y presidente del Grupo Eurasia. "En la historia de la posguerra norteamericana, nadie ha causado tanto daño a las alianzas estadounidenses como Trump. Basta con hablar con los aliados norteamericanos", agrega Bremmer.

Los críticos catalogaron a Trump como una fuerza sin consistencia con tendencia a hostigar públicamente a sus socios, a recibir con los brazos abiertos a los enemigos y a rechazar sugerencias y consejos.

Sus partidarios leales ven todo eso como un signo de la voluntad de Trump de mantenerse firme con las políticas prometidas, incluso cuando las conversaciones se ponen álgidas.

Después de dos años intentando comprender al novato político, muchos líderes todavía encuentran enormes dificultades a la hora de reunirse con Trump, aunque comprendieron que no es fácil hacer que no concrete las políticas que estuvo prometiendo a sus votantes más fieles durante la campaña.

Los diplomáticos extranjeros en Estados Unidos y los líderes en el exterior pusieron todo su empeño en cautivar a Trump, un presidente sin experiencia que aprendió a negociar en el ambiente de los negocios de Nueva York y que prometió un cambio sustancial en la política exterior estadounidense.

En Francia, el presidente Emmanuel Macron lo invitó a ver un espectacular desfile militar el día nacional de Francia, que a Trump lo inspiró para organizar su propio desfile en Washington. En Japón, el primer ministro Shinzo Abe agasajó a Trump con golf y hamburguesas al estilo estadounidense.

Pero esos gestos no siempre dieron resultados políticos.

Macron intentó infructuosamente mantener a Trump dentro del acuerdo climático de París 2015 y del acuerdo nuclear con Irán. Abe quiso que Trump no abandonase el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y le pidió tener una posición más escéptica respecto de la apertura de Kim.

En privado, los funcionarios de la Casa Blanca estiman que los líderes mundiales más solícitos con Trump rara vez son los más efectivos.

La alemana Angela Merkel y la británica Theresa May, por ejemplo, no se dejaron enroscar por el boato de Trump y se mostraron inquebrantables en sus diferencias con el presidente norteamericano.

Traducción de Jaime Arrambide

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