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Fluidez narrativa y hondura psicológica

LAS HIJAS DE HANNA Por Marianne Fredriksson (Emecé)-395 páginas-($ 19)
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14 de junio de 2000  

TRAS una larga trayectoria como periodista y autora de libros sobre psicoanálisis y filosofía, la sueca Marianne Fredriksson (1927) debutó como novelista en 1980. Pese al éxito comercial de sus novelas en Suecia, sólo la novena de ellas, Las hijas de Hanna (1994), atravesó las fronteras: best seller en Holanda y en Alemania (allí también premiada), se tradujo a numerosas lenguas, desde Occidente al lejano Oriente, y hay un film en camino.

Anna, Hanna y Johanna, tal la traducción literal del título de esta novela, cuenta la historia de las mujeres que responden a esos tres nombres. Para decirlo al modo bíblico, Hanna engendró a Johanna, que a su vez engendró a Anna. Ésta, ya en su madurez, se enfrenta con la inminente muerte de su madre (internada en un geriátrico e incapaz hasta de hablar). Emprende entonces una reconstrucción de la historia de su familia. Como Anna es escritora, su indagación del pasado se volcará en un libro. Las hijas... es en parte ese libro y en parte la historia de cómo va escribiéndose ese libro.

La novela está dividida en cinco secciones. La primera, la intermedia y la final narran el presente de Anna frente a la enfermedad y muerte de su madre, la escritura del libro resultante y algo de la historia de su matrimonio y de la relación con sus propias hijas. La segunda sección es la historia de Hanna, la abuela, y la cuarta es la historia de Johanna, la madre. A cada una le corresponde su propio estilo. La vida de Hanna (1871-1964), que transcurre mayormente en el campo y acaba en la ciudad, está contada como una magnífica novela decimonónica, centrada en la pura narración lineal. La vida de Johanna (1902-1987), que comienza en el campo pero transcurre mayormente en la ciudad, está contada a modo de memorias en primera persona. En las tres secciones de Anna, narradas en tercera persona, asoma sin embargo a menudo el fluir de sus pensamientos. Y es esto lo menos logrado, especialmente en la primera sección.

El hecho de que la autora sea mujer y el relato se centre en tres mujeres favoreció que se calificara al libro de feminista (si no de lectura para mujeres). Como si una novela escrita por un hombre acerca de un abuelo, un padre y un hijo fuera, por definición, machista. Aunque en el prólogo Fredriksson niega rotundamente todo autobiografismo (¿y qué importancia tiene al juzgar los resultados?), es obvio que escribe acerca de cosas que conoce bien. Y siendo mujer, no es extraño que le resulte más accesible conocer a algunas mujeres que a algunos hombres.

Con todo, aunque los personajes masculinos tengan menor coloratura, no son unidimensionales. Ni es unidimensional la presentación de los trazos de sometimiento por los que pasan sus mujeres. Hay narración, no declamación de principios. No hay simples víctimas y victimarios, sino un sistema heredado del que a menudo las propias mujeres no se salen cuando tienen la oportunidad.

Las reseñas en Suecia desmerecieron literariamente esta novela y habrá que dar algún crédito a quienes la leyeron en su idioma original. Empero, la fluidez narrativa, la casi siempre eficaz variación de estilos y elaboración estructural, los juegos de espejos, la inteligencia implícita en la variada hondura psicológica que resulta de simples detalles no parecen méritos menores.

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