Moldavsky sigue suelto!: humor de stand up, en un atractivo show

Roberto Moldavsky, desde los comercios del Once a hacer reir en los escenarios de la calle Corrientes, en un viaje sin inconvenientes Crédito: Alejandro Guyot
9 de junio de 2018  • 00:02
Moldavsky sigue suelto! . Actuación: Roberto Moldavsky. Guion: Roberto Moldavsky, Julio Feld, Gerardo Lipszyc, Mariana Jusid y Eial Moldavsky. Músicos: Chelo K (guitarra y voz), Lucas Ramirez (teclado), Matías Scheines (violín) y Martín Rur (saxo y clarinete). Dirección: Roberto Moldavsky. Teatro Apolo, Corrientes 1372. Funciones: jueves, 20.30; viernes 21 y sábados 20 y 22. Duración: 100 minutos. Nuestra opinión: muy buena.

El espectáculo de Roberto Moldavsky tiene lo esencial del stand up y un plus que lo engalana y mejora sus estándares de calidad. La parte de lo esencial del stand up viene dada por la capacidad que tiene el protagonista de captar la atención del público en segundos, hacerlo reír mediante un humor basado en situaciones con las que resulta imposible no sentirse identificado y mantener ese estado de empatía hasta el final del espectáculo. El plus está dado por una puesta en escena que convierte al espectáculo en un show entretenido y estéticamente agradable. Una milanesa a caballo en un restaurante al paso es muy rica. Pero un plato de huevos cocinados en zumo de olivas hirviente sobre un colchón de carne empanada, en un restó de Palemo, suena más atractivo.

El show que se ofrece en el Apolo tiene una muy buena puesta de luces y un diseño de vestuario apropiado. A esto se suman, por supuesto, el trabajo humorístico de Moldavski que resulta impecable, los cuadros en que interacciona con sus músicos y el fragmento en que propone un paso de comedia con su hijo. Todos momentos muy entretenidos. Las situaciones de interacción con los músicos, además de ser divertidas, les permiten a estos hacer gala del virtuosismo con el que ejecutan sus instrumentos. De estos fragmentos del espectáculo destacan las reescrituras que hacen de algunas letras de canciones y el momento culmine es el del popurrí durante la búsqueda de un tango optimista, que obviamente se hace desear.

El conjunto de temas que toca Modavsky en sus monólogos recorre prácticamente todos los tópicos de la actualidad. El primero es el de la política, con el cual se recupera de una manera muy plausible una tradición del teatro de revistas: la crítica en clave de humor de lo que hace el gobierno y la oposición. El discurso que se desarrolla en el escenario no perdona a nadie, ni al gobierno de la ciudad, ni al nacional, ni a quienes gobernaron antes, ni a quienes dirigen los sindicatos. El contenido de lo que dice surge de una observación muy atenta de las acciones que realizan o realizaron en los últimos tiempos las figuras más relevantes de esos ámbitos y los chistes que propone son absolutamente eficaces. Otro punto a destacar es la frescura de lo que se enuncia, con una atención admirable de lo que ocurre en el día en que se brinda el espectáculo.

Luego aparecen las relaciones conyugales, nuevamente enfocadas con una lupa de observador despabilado, capaz de notar una serie de costumbres generadoras de cataratas de risa por lo absurdo y la manera en la que todos protagonizamos a diario situaciones similares. Después vienen las anécdotas de lo que pasa en los viajes, la manera en que seguimos las modas para cuidar el cuerpo, los intentos para adelgazar, los encuentros amorosos en la madurez, la relación con los hijos. Tampoco falta el chiste del humorista que se ríe de sí mismo. Esto está dado por los segmentos en que el protagonista describe con gracia la manera en que actúan clientes y comerciantes, además de los empleados que atienden las tiendas del Once. Una actividad que el autor e intérprete conoce al dedillo, por haberla ejercido durante años. Lo que también demuestra con este espectáculo es un conocimiento acabado de los resortes para divertir al público y que sabe manejarlos a la perfección.

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