Edición génica, llamas y quinoa en el G20

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
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9 de junio de 2018  • 05:00

En la coyuntura, las preocupaciones van desde la cotización del dólar hasta el último dato de las internas de la política. Sin embargo, en la diversidad que tiene el campo argentino hay pequeñas historias que, con el paso del tiempo, se transforman en grandes.

Una de ellas ocurrió hace poco más de una semana en Jujuy. Hasta allí llegó una delegación de 60 investigadores y funcionarios del Grupo de los 20, integrado por 19 países (Estados Unidos, China, Arabia Saudita, India, Sudáfrica, Brasil, Indonesia y Australia, entre otros) y la Unión Europea. Su objetivo fue celebrar un encuentro de líderes científicos de Agricultura del grupo (Macs-G20, en sus siglas en inglés) para elaborar conclusiones que serán presentadas a los ministros de Agroindustria en una reunión que mantendrán el mes próximo en Buenos Aires.

El G20 cobró relevancia a partir de la crisis financiera de 2008 y, cada vez más, abre sus discusiones a otros temas. Uno de los es la seguridad alimentaria. Antes de que suceda un desastre por conflictos bélicos, inestabilidad económica o catástrofes climáticas los gobiernos procuran fijar una agenda propositiva. Así, la producción de alimentos está en el centro de la preocupación mundial.

Según explicó el jefe de Gabinete del Ministerio de Agroindustria, Santiago del Solar, que tuvo a su cargo las deliberaciones al presidir la Argentina temporalmente el G20, fueron tres los ejes de la reunión de Jujuy: el manejo sostenible de los suelos, la edición génica y el impacto del cambio climático en los cultivos y en la ganadería.

Respecto de los suelos, ya se sabe que el objetivo de alimentar a 9000 millones de personas en 2050 no podrá lograrse con una expansión de la superficie cultivable mucho más elevada que la actual. El documento del Macs-G20 recomienda adoptar un manejo sustentable y apoyar las prácticas agrícolas que sigan esos criterios con el propósito incrementar la productividad a nivel global. En este capítulo, la Argentina puede exponer el sistema de siembra directa que dejó atrás la vieja agricultura del arado. Sin embargo, tiene que recorrer un largo camino porque la siembra directa, según explican los especialistas, incluye la rotación de cultivos y las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), entre otros aspectos.

El segundo eje fue la edición génica. "Hay una enorme ventana de oportunidades", señaló Del Solar. Básicamente consiste en el "cortar y pegar" de los genes de un determinado cultivo o especie animal para dotar de características deseadas a un alimento. "Lleva menos tiempo y menos gasto este desarrollo que la transgénesis", explicó Juan Balbín, presidente del INTA, que tuvo a cargo la vicepresidencia del G20.

Uno de los ejemplos recientes es el desarrollo de científicos del INTA Balcarce y del Conicet que, mediante la edición génica, lograron que las papas no se pongan negras una vez que se las pela. "Las universidades y los centros de investigación de varios países están embarcados con este desarrollo tecnológico que va a lograr resultados sorprendentes en los sistemas alimentarios", dijo el presidente del INTA.

Según Del Solar, en el G20 se insistió en que estas investigaciones se pongan rápidamente a disposición del público, los productores y las empresas. Después de los conflictos y controversias que despertó la transgénesis -la mayoría sin bases científicas- la edición génica abre una nueva oportunidad para avanzar en el desarrollo de los alimentos.

El tercer eje estuvo en las medidas comunes que pueden adoptar los países para mitigar el cambio climático. Uno de los acuerdos alcanzados fue el de compartir la información de los bancos genéticos de cada uno de los países que puedan utilizarse en caso de desastre en alguna región del globo.

Esta reunión de científicos en agricultura del G20 se realizó en San Salvador de Jujuy y en la Puna. En Posta de Hornillos, donde funciona el Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (Ipaf), del INTA, los visitantes pudieron ver desde el trabajo de los agricultores familiares con la llama, hasta los desarrollos en cultivos andinos como el amaranto o la quinoa. Es que la Argentina, cuando quiere, puede mostrar su riqueza y su diversidad.

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