La pipetuá lunática: tecnología y humor, un mix difícil de igualar

Una puesta que eleva el nivel del grupo
Una puesta que eleva el nivel del grupo Crédito: E. González Nobile
Juan Garff
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9 de junio de 2018  

La pipetuá lunática / Autores: La Pipetuá / Dirección: Daniel Casablanca / Intérpretes: Sebastián Amor, Maximiliano Miranda y Fernando Sellés / Música: Fernando Sellés / Voz en off: Pedro Saborido / Arte y coreografía: Teresa Duggan / Escenografía: Gabriel Díaz / Títeres de sombras: Camila Boggio y Julieta Estévez / Vestuario: Nam Tanoshii / Iluminación: Leonardo Muñoz / Audiovisuales: Maxi Amor y Mauro Parissenti / Sala: Pablo Neruda, La Plaza, Av. Corrientes 1660 / Funciones: sábados a las 16 y domingos a las 15 / Nuestra opinión: muy buena

¡A ponerse los bidones convertidos en escafandras, imprescindibles para sobrevivir en el espacio extraterrestre! Marito, Vittorio y Wilbur, los tres tripulantes de la nueva aventura del grupo clownesco-teatral La Pipetuá, emprenden en Lunática un viaje que los llevará a territorios inesperados. Los bidones en las cabezas de los improvisados astronautas son una señal en el sentido de "todos podemos hacerlo", todos podemos jugar y divertirnos. Pero a partir de ahí escalan los integrantes de La Pipetuá a niveles de sofisticación mayores.

No debe esperarse una gran historia: se trata de ir a la luna y volver. Pero cada incidencia se vuelve excusa para desplegar tecnología y humor en un mix difícil de igualar. Maestros en convertir lo cotidiano en algo sorprendente, incorporan en esta ocasión algunos recursos novedosos como la proyección de imágenes sobre las ventanas de sus escafandras.

Pero no se quedan en la exhibición del artilugio técnico, que podría resultar de efímero brillo escénico, sino que lo ponen en función de sus humoradas, lo ponen literalmente cabeza abajo, lo sacuden para sonsacarle hasta la última posibilidad de risa. Por momentos incluso un poco más allá, acercándose al límite de la reiteración.

El trío retoma sin embargo rápidamente el hilo conductor del viaje que los lleva a la siguiente escena. La secuencia de gags está armada de manera tal que, a pesar de su linealidad, se estructura como una trama, cuando el peso está puesto en verdad en las pequeñas explosiones de humor que jalonan constantemente el itinerario. Tienen el espíritu de clowns circenses en su búsqueda de la risa, pero sostienen la teatralidad sobre el escenario con la dinámica del ascenso hacia la Luna.

En superficie lunar cobra vida el conejo, cuya sombra se puede adivinar al mirar desde la Tierra al satélite natural. Y claro, es distinto a cómo se lo podría imaginar previamente el espectador. Es que La Pipetuá se especializa en indagar sobre el lado no visualizado de las cosas, que en su óptica no es oscuro, sino más risible que en la vida normal. Incluso la música puede surgir a ritmo de malabares en la mezcla de destrezas artísticas en clave de clown.

Lunática se genera sobre esta concepción dramatúrgica a partir de una importante alianza: la puesta en escena estuvo a cargo de Daniel Casablanca, uno de los fundadores del mítico grupo Los Macocos. De esta sinergia de humor abreva en este caso la eficacia escénica del grupo creador de Ópera prima, A la obra y 13 años, la edad del pavo.

Al salir, tal vez más de un espectador, grande o pequeño, observe en noches claras la luna con una sonrisa inexplicable para quien no pasó por la experiencia de Lunática. Desde lejos, el conejo le guiñará un ojo.

Por: Juan Garff

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