Los Pumas continúan en la pendiente, como si los Jaguares no existieran

Superioridad en la marca galesa y una misión compleja para los Pumas: quebrar la defensa rival
Superioridad en la marca galesa y una misión compleja para los Pumas: quebrar la defensa rival Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Aguilar
Alejo Miranda
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9 de junio de 2018  • 23:26

SAN JUAN.- Desde la tribuna no se podía escuchar lo que decían pero el lenguaje corporal era evidente. Los Pumas destilaban bronca. No habían pasado cinco minutos de la finalización del partido y, mientras en el centro de la cancha Gales festejaba su triunfo con euforia, a un costado los jugadores argentinos se abrazaron en una ronda. Agustín Creevy llevó la voz cantante, pero otros también dijeron lo suyo. Qué dijeron, queda entre ellos, pero de seguro no fue nada agradable.

El inicio de año para el seleccionado argentino resultó una continuación de los dos anteriores y falló en capitalizar el envión anímico que arrastraba el mismo grupo de jugadores con la camiseta de Jaguares en el Super Rugby.

La derrota 23-10 ante Gales en San Juan dejó una sensación frustrante que llevó a algunos jugadores hasta las lágrimas. Por ser la 18ª caída en los últimos 21 Test Matches, pero más porque los Pumas fallaron en trasladar a la cancha el ímpetu que arrastraban y, según sus palabras, el plan de juego estipulado por el staff encabezado por Daniel Hourcade .

"Somos los primeros a los que nos da bronca lo que hicimos. Nos preparamos toda la semana y cuando las cosas no salen da mucha bronca", aceptó el pilar Santiago García, quien se refirió a la ronda post partido: "La autocrítica arrancó ahí, mirándonos a la cara y diciéndonos las cosas que nos teníamos que decir. Todo lo que pasó tenemos que usarlo para no repetirlo sabiendo que en siete días tenemos una revancha."

Cuando en la conferencia de prensa a Creevy le preguntaron por qué aspecto positivo rescataba, se limitó a mencionar el line-out y luego interrumpió la respuesta, todavía enojado. Ocurrió que mucho más no hubo. El juego de los Pumas fue apático y se vio superado por Gales, un equipo sólido como una roca pero sin demasiadas luces.

Warren Gatland, el entrenador del Dragón, preservó a sus principales figuras para esta gira. Pero ya le ganó a Sudáfrica y esta vez doblegó a los Pumas. El dominio de la situación de contacto fue su gran arma. Los argentinos nunca pudieron conseguir pelotas rápidas para darle dinámica al ataque producto de que fueron dominados en el uno contra uno, tanto el portador de la pelota como los encargados de limpiar el ruck. Además, la defensa de Gales fue implacable, como lo demuestra el 93% de efectividad en el tackle.

Otra gran diferencia estuvo en la eficacia. Los Pumas jugaron buena parte del primer tiempo dentro de los 22 metros del rival y una y otra vez se volvieron con las manos vacías, la mayoría por perder la pelota en el contacto, ya sea por penal por retención o porque los galeses la pescaban. En el segundo las oportunidades fueron más esporádicas, pero hubo al menos tres que tuvieron el mismo desenlace hasta que llegó el try de Tomás Lezana a dos minutos del final.

En cambio, los visitantes, que contaron con un nutrido y pintoresco apoyo de compatriotas que llegaron para alentarlos, fueron implacables. Apoyaron un gran try al inicio, de varias fases y una buena combinación por la punta, y otro al final del primer tiempo, en una jugada directa de line-out. Y cada vez que pudieron sumaron con el pie.

Falla la puesta en escena y también fallaron las individualidades. La pareja de medios cometió errores mentales que no acostumbran, los backs nunca desequilibraron (hubo un solo quiebre de la defensa rival en todo el partido, obra de Matías Orlando), los forwards fueron dominados físicamente.

Quedan dos partidos de esta ventana, el sábado nuevamente ante Gales en Santa Fe y siete días más tarde versus Escocia en Resistencia. Son dos oportunidades más para un cuerpo técnico que se está quedando sin argumentos. Si el plan de juego no se ejecutó como estaba pactado es, primeramente, responsabilidad de los jugadores. Ellos fueron los primeros en hacerse cargo. Admitieron que se confiaron por el envión que arrastraban de Jaguares como si eso alcanzara para salir victoriosos y no ejecutaron lo que habían practicado. Pero también le cabe parte de culpa al staff el no haber logrado enfocar al equipo adecuadamente para este partido, un desafío con exigencias y obligaciones distintas a las que demanda el Súper Rugby.

La revancha es inmediata, pero el crédito se estrecha con cada derrota.

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