Una isla paradisíaca para el evento geopolítico del año

Por seguridad, los dos mandatarios se reunirán en la diminuta Sentosa

11 de junio de 2018  

SINGAPUR. Kim Jong-un aterrizó anoche en Singapur para protagonizar el evento geopolítico del año. Los casi seis millones de habitantes de Singapur, que se aprietan en apenas 700 kilómetros cuadrados, se preparan para el aluvión de funcionarios, personal de seguridad, analistas y periodistas que alterará su ordenado ritmo de vida.

El ambiente es el de las citas con la historia: monedas conmemorativas con las efigies de los líderes estadounidense y norcoreano, helicópteros Apache y cazas F-16 patrullando los cielos día y noche, menús de restaurantes y cócteles diseñados para la ocasión... basta sumarle los imitadores de Kim y Trump en las calles y la llegada de personalidades tan excéntricas como el exjugador de básquet Denis Rodman.

Considerado una suerte de Suiza asiática, Singapur sonó con fuerza tan pronto Trump aceptó la reunión propuesta por Kim a través de emisarios surcoreanos. No abundan los países que mantienen relaciones diplomáticas fluidas con Corea del Norte , la única dinastía socialista hereditaria del mundo.

Las dos naciones asiáticas muestran unos intercambios comerciales razonablemente saludables para los estándares de Pyongyang, y Singapur acoge una embajada norcoreana. También existen razones de seguridad: el orden social aquí es prioritario y cualquier manifestación popular en contra del líder comunista estará prohibida.

También la seguridad explica la elección para la cumbre de Sentosa, una diminuta isla unida al continente solo por teleférico y una carretera de 700 metros que será cortada.

En ese paisaje paradisíaco destaca el Hotel Capella, que recibirá la primera reunión. El complejo, de aspecto colonial, rodeado de jardines tropicales, fue diseñado por el arquitecto británico sir Norman Foster.

Cuenta con suites que alcanzan los 7500 dólares por noche, cifra que parece excesiva para una economía como la norcoreana, estrangulada por las sanciones económicas. Washington despejó la semana pasada una duda: no correrá con la factura de Kim y su delegación, al contrario de lo que hace Seúl en sus cumbres con sus vecinos del norte.