Messi, un conquistador mundial: Bronnitsy, rendida al capitán de la selección argentina

Las dos camisetas de Messi, a la venta en Bronnitsy
Las dos camisetas de Messi, a la venta en Bronnitsy Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
Javier Saúl
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12 de junio de 2018  • 06:05

BRONNITSY, Rusia.- Elina, una de las responsables del único centro comercial de este pueblo, todavía espera que ocurra el milagro. "¿Va a venir Messi ?", se pregunta, mientras ordena diferentes variedades de té en el segundo piso de un complejo que tiene algo de feria, otro tanto de mercado de carnes y verduras y un puñado de locales de ropa. En ese sector es donde aparecen las camisetas del rosarino. Hay de la selección argentina y de Barcelona, de dudosa calidad, a un módico precio de dos euros. Pero también hay ilusión de poder cruzarse con el ídolo. Este vecindario, de aspecto soviético y edificios grises, se va vistiendo de gala. Quienes caminan por el mercado cuentan que cada uno de los vecinos hizo su aporte y que no sorprende que todavía se vean casas a medio pintar, en pleno trabajo de refacción. El control policial -con triple cordón de efectivos-, las calles cerradas y las familias que se acercaron al entrenamiento abierto que tuvo la selección ayer lo confirman: fue el acontecimiento más esperado. El suceso que movió los cimientos de Bronnitsy. Otro capítulo de la revolución Messi .

La práctica en la cancha principal del predio no sirvió para sacar demasiadas conclusiones -el trabajo táctico fue en el primer turno-, pero sí para dejarle un recuerdo a los cientos de niños que se acercaron para ver a los futbolistas argentinos. Tras el entrenamiento, muchos se retiraron felices con sus souvenirs.

Messi firmó pelotas, fotos y camisetas, y no le escapó a las selfies. En la puerta, quienes se quedaron con las ganas de entrar se tomaron fotos con los autógrafos que habían conseguido otros. Casi como si alcanzara con compartir ese premio para sentirse un poco más cerca.

Con Messi de comodín, la selección entrena a puertas abiertas en Bronnitsy

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"Nos encanta como jugador, pero nos impresiona más por su personalidad, por cómo se hizo leyenda. Con talento y mucho trabajo llegó a conquistar el mundo", dice Sergey Eropheev, el autor del mural de Messi que se viralizó en los últimos días, en diálogo con LA NACION. Artista callejero al igual que su hermano Mijail, cuenta que tardaron cuatro días en terminar el trabajo, pero que la idea ya estaba sobre la mesa desde el mismo momento en que la AFA confirmó a Bronnitsy como su búnker. Y sentencia: "¿Por qué otros no? Por que acá tenemos a Messi y este es el regalo de Rusia para su próximo cumpleaños".

Espionaje desde la torre

El río Moscú, a la derecha. El lago Belskoe, en el que los carteles avisan que está prohibido nadar, a la izquierda. Seguridad las 24 horas del día. Un control estricto que llevó a que la AFA difunda una recomendación para los medios acreditados: deben llegar dos horas antes para tener el tiempo suficiente para que la policía revise mochilas, computadoras y cámaras. Sin acreditación resulta imposible pasar el primer cordón policial. Y aunque ayer se abrieron las puertas a los hinchas para el entrenamiento vespertino respetando la disposición de FIFA de ofrecer una práctica con público, la Argentina se resguarda dentro del moderno complejo. Aunque en Bronnitsy apareció un resquicio que nadie tuvo en cuenta en la previa: la Torre del Reloj.

Así fue el entrenamiento abierto al público de la selección en Bronnitsy

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Ubicada en la misma cuadra de la Catedral del Arcángel Miguel -una iglesia construida en los últimos años del siglo XVII-, sobre la avenida Sovetskaya, la torre de 73 metros se lleva la etiqueta del edificio más alto del pueblo. Su campanario fue levantado en 1850 y, gracias a su estructura de ladrillo, es una de las pocas construcciones que quedaron en pie tras el incendio de 1861, que destruyó un centenar de casas. La mayoría de los hogares del pueblo son de madera, por lo que la torre y la catedral, ubicadas frente de la plaza principal, se mantuvieron a lo largo de los años gracias a sus materiales.

Subir los 73 metros hasta el campanario no tenía limitaciones hasta el sábado, pero en los últimos días aumentó el control. Se requiere de una autorización previa en el acceso a la catedral y de un trámite al que le sumaron el pedido de acreditaciones de prensa para el Mundial, fotocopias de los pasaportes y hasta un requerimiento formal. Algo está claro: ya no hay lugar para el turista que quiera disfrutar de la mejor vista panorámica de este pueblo de 22 mil habitantes. El sitio desde donde se pueden espiar las doce canchas que tiene el centro de entrenamiento, la casa de Messi y compañía.

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