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De delincuente juvenil a icono inglés

Stephen Fry es hoy uno de los líderes de la vida cultural británica. Es actor y autor. Interpretó a Oscar Wilde, con el que se lo compara, en el film Wilde. Pero mientras que el esteta irlandés pasó de la celebridad a la cárcel, su émulo saltó de un reformatorio a la fama.
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12 de abril de 2000  

CIERTA desmesura caracteriza a Stephen Fry. Mide un metro noventa y dos. Habla rápido, acelerado, a la velocidad de Enrique Pinti en plena Salsa criolla . Más aún, mientras salta de un tema a otro (literatura, política, filología, cultura grecolatina, antropología, ópera, comedia inglesa), cita libros como quien lee la lista del supermercado.

Veinte años después de empezar su polifacética carrera, Fry goza entre otras cosas de una de las reputaciones actorales más sólidas de Inglaterra. Ha aparecido en in-contables series, piezas teatrales, películas y programas cómicos; ha recorrido Inglaterra, Europa y Australia con Footlights , la troupe de Cambridge; ha incursionado en la radio con su propio programa. Es uno de los pocos ingleses, además, que se mueven cómodamente en Hollywood. Allí ha interpretado, desde fines de los ochenta, papeles más o menos secundarios junto a estrellas como Meg Ryan o Tim Robbins. Bajo la dirección de Kenneth Brannagh lideró, en 1993, el sexteto de Peter´s Friends (como Peter), que le dio acceso a una audiencia global en un papel protagónico. Y alcanzó después un reconocimiento amplio y unánime con su interpretación de Oscar Wilde en Wilde (1997). Mientras tanto, como para no aburrirse, Fry se convirtió en un escritor de best sellers europeos.

A los cuarenta y dos años, su obra es más que considerable y sus ventas son considerables también. En aeropuertos, en Internet, en cualquier librería de Europa, se pueden conseguir sus tres novelas, su colección de ensayos, publicados inicialmente en el Daily Telegraph , dos compilaciones de guiones televisivos escritos en colaboración con su amigo Hugh Laurie, y una autobiografía muy interesante -garabateada al parecer en los ratos libres durante una filmación- que dedica cuatrocientas y pico de páginas sólo a los primeros veinte años de su vida. El catálogo, por cierto, sigue en aumento. Todavía faltan recopilar sus escritos para el teatro (que incluyen su primera y exitosa pieza: Latin! ) así como varios de los guiones creados con Hugh Laurie para la emisión televisiva que, allá por los ochenta, ambos protagonizaron en la BBC: A Bit of Fry and Laurie . ¿Cómo lo logra Fry? Un periodista de The Guardian sugirió alguna vez: "Hay más de uno. Creo que hay un ropero lleno de Stephen Frys, porque si no, no es posible que trabaje tanto. Un día van a descubrir el secreto y lo van a estampar en la primera página".

El hombre nació un 24 de agosto de 1957 (ocho años menos un día después que Martin Amis), en el acomodado barrio de Hampstead, Londres. Segundo hijo de una profesora de historia y de un ingeniero convertido en inventor profesional, su infancia, según parece, fue convencionalmente feliz, tanto que terminó por suscitar su melancolía de adulto. Cuenta Fry en su autobiografía, Moab is my Washpot (un título incomprensible tomado de los Salmos): "Ahí estoy yo, relumbrando en la calidez combinada de la estufa, mi madre con su panza enorme [su hermana Jo dentro] y su radio Ferguson... Todo se hizo cuesta arriba desde entonces". La familia se trasladó a Norfolk cuando él tenía seis años. Y a partir de entonces, su educación se desarrolló en varios colegios de pupilos. "De algunos de ellos no fue expulsado", afirma la solapa de The Hippopotamus , su segunda novela. La última de esas escuelas, antes de que Stephen tirara la toalla de pupilo, fue Uppinham. "Yo la pasaba bárbaro, pero los directivos de la escuela no. Me portaba terriblemente mal. Fumaba y tomaba y creía que todo era de lo más divertido. Me expulsaron porque falté a clases para ir a Londres a un encuentro de la Sherlock Holmes Society. Estaba muy orgulloso de ser, a los quince, el miembro más joven." Esto es Fry puro. Irreverencia, panache literario, precocidad, modestia cero. Paradójicamente, el hecho de que no se proponga disimular su derroche intelectual vuelve a Fry más fascinante. Hay incluso algo de enternecedor en su amor propio.

Mucho de lo vivido en Uppinham, una institución clasista y casi victoriana, se convertiría en la materia prima de su primera novela, The Liar ("El mentiroso"). Es sin duda un libro hilarante, voluntariamente verboso, que continúa la mejor tradición cómica inglesa. Varios pasajes son dignos del Evelyn Waugh de Decline and Fall o Vile Bodies ; muchos otros recuerdan al magnífico Saki. Pero es sobre todo P. G. Wodehouse, uno de los autores favoritos de Fry (junto con Forster y Wilde), la influencia más palpable en el timbre de la prosa y en el tono general de la novela, que está plagada de personajes excéntricos, cambios de fortuna y disecciones satíricas de las clases acomodadas. El protagonista, Adrian Healey, es el mentiroso del título. Miente todo el tiempo, de manera penetrante, artística, casi contestataria, en respuesta al establishment , pero también como modo de afirmar su identidad. Irónicamente, encuentra más tarde su lugar en los servicios de inteligencia -bastante ociosos en los noventa- de Su Majestad la Reina.

Como su preciado Oscar Wilde, Fry es uno de esos autores de personalidad tan desbordante que parece imposible no leerla en sus libros. De hecho, la idiosincrasia de Fry forma parte del juego literario que nos propone. Su segunda novela, The Hippopotamus , quizás pueda tomarse como una excepción, pero es el lugar donde esa personalidad aparece en negativo (al mostrar qué hubiera sido de Fry sin su sentido del humor). El protagonista Ted Wallace, más conocido como "el hipopótamo", es un poeta fracasado, un crítico fracasado, un padre fracasado, un mujeriego y un casi alcohólico. Cuando lo despiden del diario donde trabaja, sufre un derrumbe emocional que, contra todas las expectativas, conduce a un final feliz, paródicamente victoriano. La tercera y quizás más floja novela de Fry, Making History , vuelve al ámbito de las instituciones educativas inglesas, esta vez Cambridge. Desfilan por ella profesores excéntricos, aburridamente románticos y alumnos brillantes como Fry. De repente, la trama vira hacia la ciencia ficción y los temas históricos cuando un profesor descubre un mecanismo para viajar en el tiempo con el que intenta prevenir el nacimiento de Hitler. En ambas novelas y, ni qué decirlo, en sus héroes, están la desmesura, la verbosidad y la inteligencia del autor.

Con todo, es The Liar la más desenfrenadamente autobiográfica, cosa comprensible en una primera obra. Y, como burlando y a la vez confirmando la relación causal entre obra y vida, en Moab is my Washpot , Fry ilumina sucesos de su propia historia. Al narrar su primer amor por un chico al que llama Matthew (Fry se define como gay , aunque desde hace años vive en un voluntario celibato y ha llegado a tildar el sexo de " awful " (horrible), nos recuerda el amor que, en The Liar , Adrian profesa por un tal Hugo. "Si puedo incluir este pasaje de la novela es, obviamente, porque incluí la novela de mi vida". Más aún, las actitudes, las tropelías de Adrian son las mismas que Fry se atribuyó en decenas de entrevistas y después en Moab . No obstante, Adrian es un chico que vive felizmente la adolescencia. Mientras que la adolescencia, para Fry, terminó mal. Muy mal.

Después de ser expulsado de Uppinham y mientras pasaba de una escuela a otra, se entregó a una larga bacanal de cigarrillos, discos, films, flippers , pubs -hasta aquí todo en orden- coronada de latrocinios. En Uppinham había robado pequeñas cantidades de dinero a sus compañeros y al personal, pero durante el verano siguiente a su último año de escuela (Fry ni siquiera se presentó a los exámenes finales) fue bastante más lejos. Se apropió de dos tarjetas de crédito y por un par de meses se dio la gran vida en distintos hoteles de la campiña inglesa. Finalmente, la policía lo alcanzó en Swindon, después de que Stephen, freudianamente, se registró en un hotel que quedaba frente a la comisaría. La historia de su adolescencia terminó, a los dieciocho, en dos meses de reformatorio, mientras esperaba ser juzgado. Fry describe esto como un alivio para su angustiajuvenil. "La estadía en la prisión fue fácil para mí, porque hasta ese momento había pasado la mayor parte de mi vida como pupilo. No quiero sugerir con esto que los internados sean prisiones, sino que las prisiones son como internados. Sabía provocar a la autoridad como para ser popular con los otros presos; sabía cómo mantenerme alegre... Sabía, irónicamente, en vista de mi incapacidad de hacerlo en colegios de pupilos reales, cómo sobrevivir". La sentencia fue benevolente: dos años de probation . Ni bien salió, Stephen empezó a preparar los exámenes finales de inglés, francés e historia del arte y el examen de ingreso a Cambridge. No sólo aprobó todo con A, la nota más alta, sino que además ganó una beca para el Queen´s College.

La historia tiene un final feliz. En Cambridge, Stephen conoció a Hugh Laurie, con quien jugaría muchísimo al ajedrez e iniciaría una larga colaboración en teatro y televisión. Laurie dirigía la compañía de teatro Footlights , a la que pertenecía, entre otros, Emma Thompson. Fry se les sumó y colaboró con el director en gran parte del material vodevilesco que representaban. Thompson ha dicho: "En el momento de conocerse, cada uno vio algo en el otro". Llegaron después los guiones televisivos. Doce años más tarde, Fry espera "colaborar por mucho tiempo más" con Laurie. Juntos interpretaron también una exitosísima adaptación para la BBC de la novela de P.G. Wodehouse, Jeeves and Wooster . Después, showbiz aparte, Fry fue testigo de casamiento de Laurie y padrino de su hija.

Fry escribe desde siempre, como puede comprobarse, pero sus novelas aparecieron sólo cuando, entrado en los treinta, tenía asegurado su éxito como actor. "Los comediantes crean ficciones que pretenden divertir. Una novela es un ejemplo más extenso de lo mismo. Cualquiera puede escribir una novela y casi nadie empieza de cero como novelista profesional, en general antes se es otra cosa. ¿Por qué no comediante?" La mezcla de géneros, obviamente, no le ofrece problemas, más bien se ha convertido en una suerte de potencia expresiva. "Cuando estoy en el papel de actor, pienso que soy sobre todo un escritor. Si estoy escribiendo, pienso que soy principalmente actor".

Hay algo, sin embargo, que Fry nunca deja de hacer. Y es, tanto en la página como en la pantalla o en el escenario, explotar a fondo su enorme talento cómico. "La risa genera una especie de fuerza, un momento de reconocimiento que nos sitúa más cerca de la persona que tenemos al lado. La comedia no tiene un plan para cambiar el mundo: es su propia excusa. La risa es una respuesta física directa, como una erección: toda nuestra fisionomía cambia. Los humanos parecen ser la única especie capaz de hacer esto, y es maravilloso".

Hechos y matices

  • Obras: Stephen Fry escribió la autobiografía Moab is my Washpot , las novelas The Liar , The Hippopotamus y Making History . Fue el guionista y uno de los actores de la serie televisiva A Bit of Fry and Laurie.
  • Paralelos: a menudo se compara a Fry con Oscar Wilde. Fry es un extraordinario actor como lo fue Wilde. Sólo que éste desarrollaba su histrionismo en los salones de la aristocracia victoriana, mientras que Fry lo hace en la televisión, el cine y el teatro. Los tiempos han cambiado y Fry ya no corre peligro de terminar en la cárcel por ultraje a la moral. Es rico, famoso y sin culpas.
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