El momento de ver el mundial en el trabajo

Andrea Churba
Andrea Churba PARA LA NACION
Crédito: Shutterstock
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13 de junio de 2018  • 00:56

Palpitar juntos el Mundial en los lugares de trabajo no es una pavada, no es una moda ni una banalidad. ¡Es lo mejor que nos puede pasar! Cantar, jugar, divertirnos, sufrir y alegrarnos juntos nos acerca, nos cambia el humor, nos da un envión de motivación, pertenencia e identidad que impacta más allá de este mes de adrenalina en el trabajo en equipo, la retención y el reclutamiento.

Lejos quedaron los días en que se intentaba evitar la distracción y seguir trabajando "como si no pasara nada", aduciendo pérdidas en la productividad. La posibilidad de ver los partidos que caen en horario laboral es casi un derecho adquirido. Quienes se arriesgan a cuestionarlo probablemente deban enfrentarse a ausencias y pedidos de licencia por enfermedad, o directamente a la fuga de sus talentos. Esta semana, un hilo de Twitter ilustra la impaciencia de los más jóvenes cuando no se sienten atendidos:

¿Qué pasa en las empresas?

Ya no se trata de "permitir" que las personas vean los partidos que caen en horario laboral, sino que se valora la oportunidad para desarrollar actividades de encuentro e integración. Desde antes del primer partido, en muchas empresas se generaron dinámicas integradoras entre áreas internas, regiones y países distantes. En Headway, una compañía dedicada al marketing basado en tecnología, se premió al equipo que realizó, produjo y actuó el mejor spot del Mundial. " Elegimos tomar una posición proactiva y de entendimiento frente al Mundial. Lo vemos como una oportunidad de fomentar el compromiso y la adhesión a los valores que predicamos. Queremos que nuestros empleados perciban que respondemos a sus preferencias, que para nosotros es importante lo que ellos quieren y valoran", dice Lucía Satinosky, coordinadora de Recursos Humanos para América Latina de Headway.

En otros casos, los equipos compitieron para inventar cantitos de hinchada, realizaron partidos de metegol, mini-fútbol, jueguitos y cabeceadas. "En un país futbolero como el nuestro, y siendo Sponsors de la Selección, priorizamos que el Mundial se sienta puertas adentro y afuera. Como parte del calendario de Relaciones Humanas, diseñamos una experiencia para que nuestros colaboradores lo vivan de una manera especial", afirman Eugenia Patiño y Natalia Ruiz Roque, de Naranja.

En el menú de la fiesta mundialista no faltan concursos predictivos, trivia y Prode a través de la intranet y de apps especializadas como Sumá tu pasión. Fotos y videos de cómo se está viviendo el evento se comparten en posteos en las redes internas y carteleras. Para los partidos de la primera fase que caen entre semana, el 21 y el 26 de junio, en escuelas, oficinas y organizaciones de todo tipo ya se están acondicionando espacios con grandes pantallas y decoración alusiva donde todos juntos, cotillón y algo rico mediante, puedan compartir la adrenalina y las emociones.

Es destacable que varias organizaciones hayan extendido los premios de los ganadores internos de juegos y concursos a diversas campañas y organizaciones sociales. La conciencia de contribuir a un estado de bienestar más inclusivo y abarcador también es un factor importante para brindar orgullo, propósito y motivación a los participantes.

¿Qué hacemos con los otros partidos, donde no juega Argentina? Algunos son clave para el avance de nuestro equipo, y seguramente muchos los van a querer seguir. Además, nunca faltan fanáticos que, por gusto o por cábala, solicitan los días para ver los partidos en su casa o en el club, o piden sus vacaciones durante el torneo para alentar en vivo a la Selección en Rusia. ¿Qué hacer en estas situaciones? ¿Arriesgarse a que renuncien? ¿A que vengan a contagiar su mal humor? ¿Hasta qué punto podemos ser flexibles? Muchos se niegan por temor a sentar un precedente. Pero quizás sea mejor sentar el precedente de que este es un lugar donde vale la pena quedarse.

Ponerse la camiseta. Cantar, jugar, sufrir, hinchar y celebrar juntos. El ambiente relajado y divertido genera un espíritu camaradería que perdura después del Mundial. Las emociones compartidas nos conectan de una manera más horizontal, nos motivan y hacen del trabajo una experiencia más feliz y más humana. Tanto que, si Argentina llega a la final, el domingo 15 de julio tal vez extrañemos no ver el partido en la oficina.

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