Llegó el momento de que sean ellas las que decidan

Carla Carrizo
Carla Carrizo PARA LA NACION
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13 de junio de 2018  

Hoy será un día histórico en la Argentina. Los diputados deberán votar si avanzan o no en la legalización del aborto en el país. El debate, como otros, se transmitirá en vivo desde el Congreso. Y, como ocurrió con la media sanción de la ley de paridad de género en junio de 2016, afuera, en la plaza, mujeres, adolescentes y niñas han decidido hacer "vigilia".

Una palabra muy católica para una ley muy secular. Vigilia: intensidad. Sobre el deseo de estar despierto; en vela y con velas. Las mujeres saben de eso. De un estado que antecede el sueño. ¿Cuál? El de un país democrático al que puedan representar y en el que puedan trabajar, ambicionar, cuidar, sino también "decidir" sobre sus cuerpos y sexualidad.

¿Cuál será la reacción popular si los votos del no triunfan sobre el sí? No lo sabemos. Porque en estos 34 años de democracia desde 1983 nunca hemos retrocedido, sino avanzado en el ejercicio del liberalismo personal de los ciudadanos. Y no hubo en ningún caso apocalipsis. La evidencia enseña que en derechos personales no hay grieta social y ello debería orientar el modo en que hoy los diputados deberían votar. No hacerlo así podría, en cambio, generar una fisura no prevista: acaso la división entre Estado e Iglesia, que, a diferencia que en el resto de las democracias, sí es en la Argentina una grieta escondida.

En Uruguay, país secular, la legalización llevó 20 años. En Portugal, también secular, nueve. La Argentina es un país católico. Es la séptima vez que la Campaña Nacional presenta el proyecto y 13 años lo que demoró su efectivo tratamiento en el Congreso. ¿Cuáles han sido las particularidades de la Argentina en su recorrido hacia el aborto legal? ¿Qué nos mostró este debate de nosotros mismos, política y sociedad incluidos?

A diferencia de otros casos, en la Argentina el proceso no tiene líderes políticos, sino protagonistas. El debate llega tarde, pero en un escenario marcado por tres datos claves. El liderazgo del país en leyes que consagran la práctica liberal de los argentinos en sus derechos personales. La marcha #NiUnaMenos (2015), leading case a nivel internacional. Y su corolario: un feminismo popular, más que intelectual. Juntos, aportan una legitimidad y velocidad que estuvieron ausentes en las democracias en que se trató antes.

En efecto, en estos escasos pero intensos 34 años el país les dio a las mujeres nombre propio, patria potestad compartida, pensión a la concubina, divorcio vincular, ley de cupo, ley contra toda forma de violencia y paridad entre varones y mujeres en política nacional. Y a todos, matrimonio igualitario, identidad de género y adopción para parejas del mismo sexo. Haciendo esto marcó varios hitos. La vanguardia superó divisiones políticas.

Hay cosas que son estables en la Argentina: la innovación social en derechos personales. Y no hubo retrocesos, sino ampliación de derechos nuevos. Los ciudadanos no parecieran pedir permiso en estos temas. Ejercen poder social y construyen agenda institucional. No se trataría de concesiones políticas, sino al revés. De necesidades políticas a tono con una sociedad que marca, en estos temas, enorme autonomía. Esa intensidad configura hoy un blindaje social. Por ello, si triunfa el no, el problema será una legalidad coactiva: desobediencia civil será la respuesta. Porque las democracias enseñan cómo hacer cuando no hay razones para aceptar leyes que producen víctimas.

La Argentina fue líder en equidad de género: ley de cupo, 1991. Pero el número en política sí importa y nadie lidera con un tercio. #NiUnaMenos puso en la escena pública que había mujeres en política, pero que faltaban políticas para las mujeres argentinas. El femicidio, palabra para muchos difícil, fue llevado como protesta a las plazas de todas las provincias. Liderada por periodistas, no por políticas. Fueron la impotencia y la orfandad más que la argumentación lo que le dio al feminismo masividad y nacionalización. Necesidad, no solo palabras. Y lo que se siente es más difícil de olvidar que lo que se explica.

Luego de esa marcha, nada fue igual. Claro que la libertad de prensa democratiza. Esa marcha popularizó el movimiento feminista. Todas las ideas, clases, provincias, mujeres líderes de sí mismas. Sobran referentes porque sobran voluntades. El movimiento no le pertenece a nadie. Las mujeres son el 52% de la población y cada una ese día, sabiendo o no de feminismo, habló por sí misma. Volverán a hablar en forma colectiva si sienten que el no, como el cupo, no las representa en política.

¿Aborto sí o aborto no? ¿Leyes o dogmas? ¿Vida o vidas? ¿Deseo o culpa? ¿Salud o castigo? ¿Adopción o caridad? ¿Ética o moral? ¿Legalización o penalización? ¿Derechos o clandestinidad? ¿Ciencia o mitos? ¿Datos o números? ¿Mujer o madre?

Estas fueron algunas de las preguntas que nos permitieron formularnos los más de 700 expositores que visitaron el Congreso. Médicos, actrices, constitucionalistas, escritoras, asociaciones, curas, monjas, psicólogas, ciudadanos, periodistas, decanos. Referentes internacionales. Pero fueron el azar y los medios los que dieron voz a dos protagonistas, silenciadas por la opacidad de la Iglesia en las provincias. Ellas no conocen el Congreso, pero fue el debate que ocurría adentro lo que permitió a las periodistas difundir y a la sociedad entender cuáles de todas aquellas preguntas eran las que necesitan una respuesta urgente en la Argentina.

Salta: abuso sexual, 10 años. Mendoza: abuso sexual, 11 años. ¿Niñas madres? Ni mujeres ni madres. Víctimas. Embarazo forzado y tortura. No es costumbre ni cultura. No es deseo ni lujuria. Es ausencia del Estado. Ni derechos ni justicia. La legalización del aborto comenzó a entenderse en la Argentina y los costos, sociales y políticos, de seguir con la penalización violenta, también.

El gobernador de Salta derogó el decreto que impide el aborto por violación. Siguió la declaración del senador Miguel Ángel Pichetto, hombre clave del peronismo en transformación, a favor de la legalización. El Senado de la Nación no es hoy invisible a la votación. Siguió la declaración del gobernador de Mendoza: no hace falta un protocolo, hay que cumplir con el Código Penal que rige en todo el territorio nacional y establece la despenalización del aborto en tres causales: cuando hay abuso sexual y cuando está en riesgo la vida o la salud de la mujer gestante. Vida y salud no son sinónimos.

Lo que aprendimos es que necesitamos la tragedia de ambas niñas para entender que la discusión nunca fue "aborto sí o aborto no", aunque así haya sido planteada por quienes lideraron la campaña del no. La discusión siempre fue si dejamos atrás el sistema de despenalización por causales y avanzamos hacia un sistema de legalización por plazos, las primeras 14 semanas y con causales a partir de esa fecha: abuso sexual, vida y salud de la gestante e inviabilidad de la vida extrauterina.

Queda saber si los diputados necesitaremos más tragedias individuales para ponderar si queremos nosotros seguir decidiendo en nombre de ellas: cuándo la salud psíquica de una mujer está o no en riesgo y cuándo un embarazo es o no deseado. Nosotros por ellas, ¿en nombre de Dios?

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