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Política y fútbol

Asombra y preocupa el nivel de improvisación de la AFA y la falta de lucidez de sus dirigentes frente a delicados temas de relevancia internacional
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13 de junio de 2018  

Ahora se sabe un poco más sobre los actores que se movilizaron en Barcelona con amenazas brutales a los jugadores argentinos para que desistieran de jugar contra el seleccionado nacional de fútbol de Israel en Jerusalén. Ahora se sabe que seguidores de "la juventud maravillosa" que cometió entre los años sesenta y setenta algunos de los crímenes más atroces de la historia argentina han figurado a la cabeza de quienes se manifestaron en Barcelona portando camisetas albicelestes teñidas de sangre.

El principal destinatario de la intimidación fue Lionel Messi. Amenazas como las que se hicieron a él y al resto del equipo argentino mal podrían haber sido ignoradas después de los continuados actos de terrorismo cometidos por el fundamentalismo musulmán en los últimos años. De modo que las autoridades del fútbol argentino decidieron cancelar el partido, haciendo oídos a los reclamos del plantel nacional.

Resulta clarísima la falta de reflexión de parte de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) sobre disputar un partido en Jerusalén días antes de la inauguración del mundial. Sería inadmisible aceptar, en principio, que por una potencial presión de factores ajenos a la decisión autónoma de una institución argentina nuestros jugadores tuvieran vedado el escenario de Jerusalén. Es más: en esa ciudad jugó en el pasado nuestro seleccionado. Pero se trataba de una cuestión de oportunidad y nadie debió haber pasado por alto que el nombre de Jerusalén se halla asociado al desarrollo de un violento conflicto que se ha potenciado últimamente con la comunidad árabe desde que Donald Trump trasladó allí, desde Tel Aviv, la embajada de su país.

Tampoco pueden pasarse por alto las inusitadas declaraciones del presidente de la AFA, Claudio Tapia, cuando afirmó que la suspensión de ese encuentro era una "contribución a la paz mundial". Un delirio.

Se trata de otra prueba contundente y lamentable del desmanejo que caracteriza a esa entidad. En cuanto al director técnico de la selección, Jorge Sampaoli, no puede llamar la atención su falta de reacción.

Comprendemos el interés de la política israelí de que los argentinos jugaran en esa ciudad de confluencia histórica de tantas culturas, incluida la del cristianismo, y comprendemos, por lo tanto, las gestiones, infructuosas al final, que realizó ante el presidente Macri para restablecer el compromiso de que la Argentina fuera a Jerusalén. Sabe también el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, lo que el fútbol significa para la Argentina y que un tema que involucraba la integridad de jugadores no dejaba a nuestro presidente otra alternativa que la de velar por ella.

Nadie debe extrañarse de que nombres asociados al terrorismo que asoló la Argentina hace cuarenta años y más, y de quienes los reivindican desde que el kirchnerismo se sacó sus últimas máscaras, hayan aparecido en las imágenes en que sangre mezclada con los colores albicelestes estableció un metáfora legible para el más de los desentendidos de nuestra historia contemporánea. Solo faltó en las calles de Barcelona el retrato de Arafat, el líder desaparecido de la Organización para la Liberación de Palestina, con quien Mario Firmenich, principal cabecilla de Montoneros, se retrató en los setenta mientras aquí caían sus seguidores bajo la metralla del terrorismo de Estado.

Autoridades del gobierno local habían difundido la participación en ese amedrentamiento de ciudadanos argentinos vinculados con el grupo kirchnerista Provincia 25, al que se señaló como convocante de los escraches. Uno de los miembros de ese sector es Facundo Firmenich, hijo del dirigente montonero y quien ayer negó cualquier vinculación con lo ocurrido. Desde el Gobierno respondieron que, a pesar de que hay indicios que lo vinculan, no se lo está investigando personalmente, pero que, en cambio, sí se aplicará la restricción de ingreso a las canchas tanto en nuestro país como durante el Mundial a los otros compatriotas identificados en las amenazas.

El kirchnerismo dejó a la Argentina asociada con lo más nefasto de la región: Maduro, Castro, Ortega, Correa. Y, hacia adentro, en una anarquía pavorosa en las cuentas públicas, que ha terminado por desnudarse en el auxilio que ha debido implorarse a organismos internacionales de crédito; en un desconocimiento patético de los valores de la seguridad jurídica y de la tolerancia en que se funda la libertad de prensa, y en una desaprensión absoluta por la inseguridad física en que dejó sumida a la población con su irresponsable, y no menos hipócrita, "garantismo penal".

En cuanto a los hinchas de fútbol, sobre todo para quienes no tienen memoria ni sentimientos superiores a los que moviliza el malabarismo con una pelota, Barcelona dejó una lección inolvidable: la violencia política puede ser más cruel con el mayor de sus ídolos que la intemperancia adversaria por anularlo en los campos de juego.

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